viernes 7/8/20

Reforma judicial en Argentina para salvar a Cristina Kirchner

En medio de la pandemia y del default, el gobierno da prioridad a una reforma hecha a medida

@jgonzalezok / Argentina sigue sufriendo el embate furioso de la pandemia, con medidas de confinamiento relajadas en los últimos días, pero tras la cuarentena más larga del mundo; el país está al borde del default o suspensión de pagos, asomándose al abismo económico y social; el presidente, Alberto Fernández, dice al diario Financial Times, que no cree en los planes económicos (sic). Pero la principal medida de gobierno, después de casi ocho meses en el poder, es una reforma judicial.

Fue presentada con un discurso lleno de buenas intenciones: “Estamos proponiendo una Justicia independiente que desarrolle los procesos con celeridad y eficiencia. Estamos construyendo una Justicia proba sobre las que no influyan los poderes mediáticos, fácticos y políticos. Si lo logramos habremos fortalecido esta democracia que tantas deudas tiene con los argentinos y las argentinas. Y también habremos saldado una de esas deudas que la democracia tiene con la sociedad”.

Pero es una reforma hecha a medida y con el inocultable fin de liberar a la ahora vicepresidente, Cristina Kirchner, de los numerosos y complicados casos de corrupción que arrastra desde que ejerció la primera magistratura (2007-2015). Es el método para conseguir una autoamnistía, que la libere de las causas que le afectan a ella y sus dos hijos, además de socios y ex funcionarios.

El profesor de derecho constitucional Roberto Gargarella, escribió en Clarín: “El Poder Judicial, al que la sociedad considera, con razón, desprestigiado, poderoso, corrupto, millonario y poco democrático, fue utilizado una y otra vez como excusa para insistir sobre lo mismo, impunidad para los amigos, venganza para los enemigos”. Es famosa la frase de Perón, que se puede buscar en YouTube de que “para los amigos todo, para los enemigos ni justicia”.

La novedad de más calado de lo que anunció el presidente argentino es que una comisión de 11 miembros analizará las posibilidades de ampliación de la Corte Suprema de Justicia. De ellos, 8 son oficialistas y no hay duda de lo que van a recomendar. Y llama la atención que uno de ellos sea Carlos Beraldi, el abogado personal de Cristina Kirchner en las causas de corrupción. La presencia de Beraldi en la misma “es una provocación”, dijo un dirigente opositor, aunque el presidente lo trató de justificar diciendo que lo había elegido porque eran amigos desde hace 40 años. Para el opositor Mario Negri, la presencia de Beraldi en la comisión hace que ésta nazca muerta, “porque es el abogado de Cristina y necesita sacarle las causas que tiene”. También forma parte de esta comisión Enrique Bacigalupo, exiliado en España desde 1973 -era perseguido por la Triple A-, que integró el Tribunal Supremo español entre 1987 y 2011.

Históricamente, en Argentina se ha utilizado políticamente a los jueces del máximo tribunal. Desde 1947, hubo diez modificaciones, siempre tratando de conseguir una corte adicta. Durante el gobierno de Carlos Menem, se aumentó el número de integrantes de 5 a 9, que le permitió tener una mayoría automática. Uno de los méritos del primer kirchnerismo fue lograr renovar el tribunal con jueces intachables y volver al número histórico de 5. Incluso fue una iniciativa de la entonces senadora Cristina Kirchner, cuando su marido era presidente. Aunque pronto el matrimonio presidencial también quiso manipular al nuevo tribunal.  

La oposición de Juntos por el Cambio ya expresó su oposición a la ampliación de la Corte, señalando que “debe ser una institución estable en el tiempo. La estabilidad del máximo tribunal es un valor en sí mismo, que resguarda la independencia del Poder Judicial, la seguridad jurídica y, en definitiva, la calidad democrática y de las instituciones de nuestra república”. 

En junio de 2016, Alberto Fernández, todavía enemistado con Cristina Kirchner, estaba totalmente en contra de modificar la composición de la Corte Suprema: “La Corte es una institución del país y nació con cinco miembros. Cristina tuvo el mérito de volver a cinco miembros para que no se juegue con el número de jueces”. Y achacaba a una fantasía del ex juez del supremo, Eugenio Zaffaroni -jurista de cabecera del kirchnerismo- la idea de dividir la Corte en Salas. En campaña electoral, Alberto Fernández prometió que ni la Constitución ni la Corte iban a ser modificados durante su mandato.

Después de presentar este programa de reformas en la Justicia, el presidente ha tratado de matizar algunas cuestiones, llegando a afirmar que no necesariamente se trata de ampliar la Corte Suprema, sino de mejorar su funcionamiento.

La movida judicial, en todo caso, no tiene el éxito asegurado. La modificación del número de jueces se puede aprobar por mayoría simple, pero para designar nuevos integrantes se precisa de una mayoría especial en el senado, consistente en dos tercios de los miembros presentes en el momento de la votación. Una mayoría que el gobierno no tiene.  

Y tampoco parece haber una mayoría social. Después del discurso presidencial en el que presentó la reforma, hubo un gran cacerolazo de protesta, ante la convicción de que el fin último es lograr salvar a Cristina Kirchner. Y se está organizando para el 17 de agosto una gran manifestación con el mismo fin.

A principios de diciembre pasado, días antes de asumir el nuevo gobierno, ante los magistrados que la juzgan en una de las causas de corrupción, el relativo a la obra pública, la hoy vicepresidente hizo un furioso discurso en el que emuló al Fidel Castro juzgado por el asalto al cuartel de Moncada, al afirmar: “La historia me absolvió y me absolverá. A ustedes (se refería a los jueces), la historia los condenará”. Y ante la formalidad de si respondería preguntas, les dijo: “¿Preguntas? Preguntas tienen que contestar ustedes, no yo”.

Hoy, Cristina Kirchner, después de haber tejido todo un esquema para paralizar las causas en su contra, le exige a su socio en el gobierno, Alberto Fernández, que cumpla con el pacto que lo llevó a la Casa Rosada y acabe con los jueces que le complicaron la existencia con las denuncias de corrupción. Es más, muchos sostienen que sus aspiraciones van más allá, quiere venganza.

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