lunes 26/10/20

Los George Floyd de América latina

La violencia policial es también moneda común en países como Brasil y Argentina

Argentina apenas tiene población negra, pero no desconoce la violencia policial, que causa también víctimas, como en los Estados Unidos. Los muertos, en este caso, los ponen los pobres y los indígenas, y sorprende doblemente en un país con un gobierno que se considera progresista. Luis Espinoza, Franco Maranguello, Florencia Magalí Morales y Hugo Coronel, son algunos de los argentinos ejecutados por la policía en los últimos días. Una característica que une estos hechos es que se produjeron en provincias gobernadas por el peronismo, como Chaco, Tucumán y San Luis, que forman la Argentina donde hay gobernadores de tipo feudal.

Luis Espinoza era un peón rural de la provincia de Tucumán, y fue asesinado en el curso de un operativo por una supuesta carrera de caballos clandestina. En la provincia de San Luis, Florencia Magalí Morales, que había sido detenida por circular sin autorización durante la cuarentena, apareció ahorcada en el calabozo de una comisaría y la autopsia estableció que tenía signos compatibles con autodefensa. Poco después, en esa misma provincia, también apareció muerto en una celda el adolescente Franco Maranguello, que también había sido detenido por violar la cuarentena.

Luis Espinoza, Florencia Magali, Franco Maranguello.

En una localidad de la provincia de Chaco, cuatro jóvenes de la comunidad indígena qom fueron sometidos a una cruel paliza, con torturas y abusos en el caso de las dos chicas detenidas. Ninguno falleció, pero fueron amenazados con ser quemados vivos.

Ante el escándalo que provocaron estos casos, el presidente, Alberto Fernández, reaccionó con un mensaje en el que dice: “Las imágenes de violencia institucional que hemos visto en las últimas horas en el Chaco son inaceptables. Celebro que el ejecutivo provincial haya apartado a los efectivos, pero debemos trabajar más profundamente en una problemática que es una deuda de la democracia”. Específicamente se refería a la violencia contra miembros de la comunidad qom en dicha provincia.

El presidente del bloque de diputados de la coalición opositora Juntos por el Cambio, Mario Negri, pidió la dimisión del secretario de Derechos Humanos, Horacio Pietragalla, así como de la ministra de Seguridad, Sabina Frederick. “Pietragalla se presentó como amigos curie para conseguir la libertad de Jaime (Ricardo, ex secretario de Transporte en el primer gobierno kirchnerista, condenado por corrupción), pero no hace nada ante estos hechos gravísimos”. Y añadió que Argentina no puede tener un secretario de Derechos Humanos que solo actúa cuando están en juego los derechos de los amigos del poder de turno o miembros de su partido político, como Ricardo Jaime”.

Pietragalla respondió: “Bienvenida la preocupación de aquellos sectores que ayer festejaban las ejecuciones por la espalda. Nos van a encontrar siempre acá, luchando para construir fuerzas de seguridad realmente democráticas”. Y cuestionó a Negri por no haber dicho nada cuando mataron a Rafael Nahuel, un indígena mapuche muerto el 25 de noviembre de 2017, cuando fuerzas de la Prefectura Naval desalojaron un terreno tomado.

En Brasil, uno de los símbolos de la brutalidad policial es el adolescente João Pedro, de 14 años, que murió dentro de su casa en una favela de Río, alcanzado por granadas y tiros durante una operación de la policía el pasado 18 de mayo. Su cuerpo tenía 70 impactos de bala, varios de ellos  en la espalda. La imagen de João Pedro estuvo presente en muchas de las protestas que estos días se han celebrado en todo el país contra el presidente, Jair Bolsonaro.

Joao Pedro

La muerte de este adolescente negro es una más en un país en el que los ciudadanos de origen africano tienen 2,7 más posibilidades de morir por acción de la policía que uno blanco. En el 2019, murieron en el país 5.804 personas por esta causa, seis veces más que en los Estados Unidos, y de ellos el 75 % eran negros, mientras que en el país del norte esta proporción era del 24 %.

Brasil tiene 19,3 millones de personas que se declaran negras, lo que representa un 9,3 % de la población total del país, pero entre negros y pardos llegan al 55,8 %. En ambos casos componen el sector de la población más desfavorecido. En 2018, la renta media de un negro brasileño era de 934 Reales (unos 188 dólares al cambio de estos días), frente a los 1.846 Reales de los blancos (unos 371 dólares). La tasa de desempleo era del 14 % en caso de los negros, 15,2 % entre los pardos y 9,8 % en caso de los blancos.

Según la lista del World Population Review, Brasil encabeza la lista con mayores índices de brutalidad del mundo. Le siguen Venezuela, Filipinas, Siria, Estados Unidos, Nigeria, El Salvador, Afganistán, Pakistán y Bangladesh. Este inventario hace referencia a los números absolutos, que cambian cuando se compara con la población del país. Cuando se calcula en relación a los habitantes, Venezuela ocupa el primer lugar y Brasil el octavo.

Los George Floyd de América latina