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Salud, paro y pobreza en Madrid

El estado de salud de una población se encuentra condicionado por una serie de factores como la evolución demográfica, los hábitos saludables de vida, la alimentación, o el medio ambiente. Pero no menos importantes son otras circunstancias de las que se habla menos, como el nivel de rentas, la calidad del empleo, los niveles de paro, las desigualdades sociales, los mayores o menores riesgos de pobreza.

Se acercan en la política nacional todo tipo de elecciones y la protección de la salud debería de ser uno de los elementos esenciales a tomar en cuenta a la hora de decidir nuestro voto. Sin embargo hay muchos intereses confabulados para conseguir que la salud se nos olvide y prestemos atención a otras cuestiones coloridas pero inútiles, como la cantidad de bandas rojas y amarillas que debe tener una bandera y hasta el color de unos lazos.

La situación del empleo y las tasas de paro son, por ejemplo, determinantes para nuestra salud, aunque los políticos tiendan a olvidarlo. Hace diez años en Madrid estábamos muy cerca de los 3´1 millones de personas ocupadas y hoy, tras la dura y larga crisis económica y de la tan aireada recuperación, aún no hemos recuperado esas cifras de ocupación. La situación del paro es aún más dramática. Hace diez años el paro estaba en torno a las 210.000 personas. Dos años después el golpe de la crisis hacía crecer el paro hasta las 542.000 personas y hoy, aunque se ha reducido, aún se encuentra en las 456.000 personas, casi un 13´5% de la población.

Un paro enquistado en altas tasas sí condiciona los niveles de salud, si tomamos en cuenta que la ausencia de ingresos en muchas familias se prolonga durante años, sin esperanza alguna en el horizonte. Al igual que lo hacen los ingresos personales y familiares que determinan el riesgo de pobreza de la población. El paro y la pobreza son factores que influyen en la salud de las personas.

Los ingresos medios de las personas en Madrid son superiores a los 13.000 euros al año y se encuentra 2.000 euros por encima de la media nacional. También las pensiones son más altas que la mayoría de las comunidades autónomas. Por eso  el riesgo de pobreza afecta casi al 17% de la población madrileña, mientras que en España el 21´6% de la población se encuentra por debajo de los ingresos que marcan la frontera de la pobreza.

Pero este dato es engañoso, o al menos oculta una realidad preocupante que podríamos resumir diciendo  que los pobres madrileños son más pobres. Así, por ejemplo, casi el 53% de los parados se encuentra en riesgo de pobreza, mientras que ese porcentaje es del 44´6% en España. O el 39% de quienes tienen niveles de formación inferiores a la educación secundaria obligatoria se encuentra en riesgo de pobreza en Madrid, mientras que en España ese mismo dato es del 27%.

A estos factores habría que añadirles otros como el del número de hogares en los que ninguno de sus miembros aporta ingresos, aquellos que se sostienen exclusivamente con las rentas de un pensionista, los que tienen a más de la mitad de sus miembros en el paro, o los que tienen una o varias personas dependientes. Habría que añadir a estos datos que casi el 57% de las familias madrileñas tiene problemas para llegar a fin de mes, o que una de cada tres no puede afrontar gastos imprevistos.

No negaré que dejar de fumar tiene efectos positivos sobre la salud. Tampoco que hay que hacer ejercicio, cuidar la alimentación, dormir un número razonable de horas. Pero teniendo en cuenta que en una ciudad como Madrid los habitantes de los barrios más ricos pueden acumular hasta diez años más en esperanza de vida que los de los barrios más pobres, pienso que poner en marcha políticas que aseguren un empleo decente y unas rentas dignas que garanticen la suficiencia económica y la autonomía personal, puede hacer mucho bien a nuestra salud personal y ciudadana.

Tomen nota de ello, ahora que estamos en campaña, aquellos políticos a los que tanto les preocupa todo lo anterior a nuestro momento de nacer y que no podamos elegir cuándo morir, mientras olvidan todo cuanto se encuentra en mitad de esos dos momentos. Porque, a fin de cuentas, la salud se dilucida precisamente en todo cuanto rodea y acompaña a ese instante al que llamamos vida.