Nuevatribuna

Pisaré sus calles nuevamente

La elección del título, Pisaré sus calles nuevamente, supone un guiño a la hermosa canción de Pablo Milanés y una evocación del último mensaje del chileno Salvador Allende, en el mismo momento en el que los tanques pinochetistas arrasaban el Palacio presidencial de La Moneda

Pablo Fernández-Miranda ha dedicado buena parte de su vida profesional a hacer realidad el sueño de muchas personas de contar con una vivienda digna a precios asequibles, como director de la gestora de la cooperativa de viviendas promovida por CCOO en Madrid.

Pocos sabían que otra de las pasiones de Pablo era reconstruir la memoria de su propio padre, Celestino, que fue el primero de aquellos niños de Rusia que volvió a España, en plena II Guerra Mundial, tras ser apresado por un destacamento finlandés, cuando combatía como voluntario en el Ejército Soviético que intentaba contener el avance de los panzer alemanes.

En el Centro Abogados de Atocha, la Fundación Sindical Ateneo 1º de Mayo, ha presentado recientemente el libro que recoge la vida de Celestino desde los inicios de la Guerra Civil española hasta su retorno a España, cuyo título ha terminado siendo Pisaré sus calles nuevamente.

A lo largo del mismo va recorriendo las vicisitudes en la Colonia Escolar de Salinas en la que le sorprendió el golpe de estado, quedando separado de la familia que vivía en Oviedo, las dificultades para embarcar en el puerto de Gijón bloqueado por navíos de guerra franquistas, la acogida en la Unión Soviética, su participación en la Guerra Mundial, la captura y el internamiento en campos de prisioneros, las gestiones del entonces embajador Agustín de Foxá y el retorno a España.

Pablo podría haber optado por un libro de memorias, o un estudio histórico. Ha preferido contarnos una historia, escribir una novela, su primera novela. No es tarea fácil este empeño, pero Pablo ha sabido resolverlo con acierto. Por eso y porque aprecio su esfuerzo y su buen trabajo, tanto profesional como en todo aquello a lo que se enfrenta, no podía negarme a romper mi prevención a participar en actos públicos al servicio de egos diversos. Pablo bien merece esta escapada.

Como toda buena obra narrativa no hay improvisación en este esfuerzo por preservar el recuerdo, la memoria, la vida de Celestino. No es improvisado, sino fruto de la misma modestia que impedía a su padre presumir de sus hazañas bélicas y confesar el número de tanques alemanes que había destruido, el que Pablo haya elegido que la protagonista sea una mujer, una de sus sobrinas, Carolina, que hoy realiza su proyecto fin de carrera en Periodismo, precisamente sobre su abuelo.

Todo el libro me trae a la memoria aquel otro, La Forja de un Rebelde, de Arturo Barea, en la que el niño se transforma en joven y en adulto recorriendo el duro camino de la Forja, la Ruta y la Llama de una Guerra Civil que todo lo devora sin misericordia, ni compasión alguna.

La elección del título, Pisaré sus calles nuevamente, supone un guiño a la hermosa canción de Pablo Milanés y una evocación del último mensaje del chileno Salvador Allende, en el mismo momento en el que los tanques pinochetistas arrasaban el Palacio presidencial de La Moneda, en el golpe de estado del 11 de septiembre de 1973, Sigan sabiendo ustedes, que mucho más temprano que tarde, se abrirán las grandes alamedas por donde pase el hombre libre para construir una sociedad mejor.

Un acierto, también, ir construyendo la historia en torno al trabajo de recuperación de documentación y testimonios personales grabados, que permiten reconstruir en paralelo el exilio del protagonista en Rusia y aquel otro exilio interior de la familia, cuya vida transcurre en los momentos más duros de la Guerra Civil y la represión franquista.

Quiero terminar recuperando dos citas de la novela que recogen estas dos vertientes de la novela. La primera de ellas ocurre en Leningrado, cuando uno de los primeros amores de Tino, Lola, se acerca a él y le dice, ¿Viste el batallón ese de mujeres zaristas? Nuestras milicianas son más guapas. Toda una expresión de la nostalgia de una tierra perdida.

La otra, ocurre cuando las columnas franquistas entran en Oviedo, entre una muchedumbre que les vitorea. Catalina, la madre de Tino, exclama, Muchos de los que aclaman, son los mismos que en el 34 vitoreaban a los mineros. La mayoría apuesta al ganador y lo ensalza; sea quien sea. Toda una evidencia de la España que sobrevivirá, aplastada por las botas militares.

Todo un orgullo que Pablo nos haya regalado esta historia, esta recuperación de memorias personales, que no deben quedar difuminadas en el tiempo, porque son esos recuerdos, esas vivencias y memorias, las que nos permiten entender mejor cuanto hoy somos, mirándonos en cuanto fuimos.

A fin de cuentas, el pueblo probablemente más antiguo de cuantos conviven en España, no puede equivocarse cuando afirma, Izan ginena gara, eta garena izango gara. Somos lo que fuimos y seremos lo que somos.