domingo 31.05.2020

Señora Cifuentes: entre la universidad pública y usted hay algo más que personal

Un máster no es, como dio a entender la presidenta de la Comunidad con el descaro, la desvergüenza y la frivolidad que la caracteriza, un pasatiempo cuyas reglas son los favoritismos, el amiguismo, el nepotismo o el clientelismo

El asunto del dichoso máster fantasma que supuestamente ha realizado la presidenta de la Comunidad de Madrid es un auténtico escándalo y un insulto a la inteligencia de todos. Un escándalo porque pone en entredicho el prestigio que debería tener la universidad pública, demostrando el desprecio más absoluto a esta institución por parte de este personaje y de quienes la sustentan en su cargo. Es un insulto a todos los madrileños y a los españoles en su conjunto.

No hace falta ser universitario ni trabajar en la universidad para entender que cualquier estudiante que apenas ha asistido a clase, que no queda claro si se ha examinado, que no aparece por ningún lado copia alguna de su supuesto Trabajo de Fin de Máster (TFM), que hay serias sospechas de que uno de los documentos presentados puedan llevar al menos dos firmas falsificadas y otro tipo de flagrantes irregularidades destapadas por el Diario.es y El Confidencial, difícilmente haya podido obtener la correspondiente titulación de ése o de cualquier curso. Como tampoco cabe deducir que la sra. Cifuentes recibiera el mismo trato que sus compañeros de curso cuando, como ella misma ha afirmado en su comparecencia ante la Asamblea de la Comunidad del pasado 4 de abril, ha sido tratada con especial deferencia por los profesores y por el mismo director del máster. Sus propios compañeros de clase afirman no haberla visto nunca aparecer por las aulas.

Quienes trabajamos en la universidad y hemos cursado másteres o doctorados o tenemos trato directo con estudiantes y con profesores sabemos del esfuerzo que supone recibir, impartir o gestionar este tipo de actividades docentes si se hace con rigor y seriedad. Un máster no es, como dio a entender la presidenta de la Comunidad con el descaro, la desvergüenza y la frivolidad que la caracteriza, un pasatiempo cuyas reglas son los favoritismos, el amiguismo, el nepotismo o el clientelismo. Todas éstas, categorías muy apreciadas por quienes como la sra. Cifuentes y sus predecesores entienden la universidad pública como un cortijo, su cortijo, donde pueden hacer y deshacer a su gusto y maneras. El cortijo en que han convertido esta señora y sus amigos la Universidad Rey Juan Carlos, universidad sobre la que desde su fundación recaen fundadas sospechas de haber sido creada para enchufar a militantes y simpatizantes del Partido Popular. Lo intentaron, y en parte consiguieron, con otras universidades como la misma Complutense. No hay más que ver la composición de los tribunales de las dos oposiciones que aprobó la señora Cifuentes: su amigo Dionisio Ramos, presidente de uno de esos tribunales, a la sazón gerente general de la institución Complutense; u otros de sus amigos en esta universidad, como Reinolfo Ortiz, vinculado a la trama Gurtel, o Francisco Otero, luego nombrado gerente del Boletín Oficial de la Comunidad de Madrid por la misma Cifuentes ya como presidenta. De todo esto informa diario.es y ya se conocía.

Tuvo que llegar un rector honrado como Carlos Berzosa para acabar con esas prácticas denigrantes para la institución pública y denunciar, entre otras, acciones como el famoso Tamayazo, que desde la gerencia del mencionado Dionisio Ramos se contribuyó a financiar con dinero de la propia Complutense, es decir, con fondos públicos. De todo esto y más habla el profesor Berzosa en su artículo de Nueva Tribuna del 4 de abril

Para defender la universidad pública, como para defender los servicios públicos, hay que creer en ellos. Difícilmente lo va a hacer quien los utiliza para su prestigio o para su lucro personal, o para favorecer a amigos, familiares o correligionarios políticos. Y mucho más difícil quien no concibe la universidad pública como institución creadora de conocimiento y de ciencia y como ejemplo de cultura cívica y ética. La señora Cifuentes en su discurso ha mostrado que su concepción de la universidad es justo la contraria, aquello en lo que ella y sus amiguetes han convertido la Universidad Rey Juan Carlos, el ejemplo de lo que nunca debe ser la universidad pública.

Aunque sólo fuera por esta razón, y como principal responsable de las universidades públicas madrileñas, esta señora debe dimitir inmediatamente de su cargo.

Señora Cifuentes: entre la universidad pública y usted hay algo más que personal