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lunes. 15.08.2022

Los “unos” de mayo subversivos (festividad de San José Artesano)

Avanzados los años sesenta hasta la muerte física del dictador pasó a ser otra cosa, el primero de Mayo era principalmente una jornada de lucha...

En la película Casablanca, cuando el personaje de Bogart mata de un disparo al coronel nazi, al aproximarse de forma interrogativa un gendarme, el “simpático” hipócrita oficial francés al mando le dice a este “ han matado al coronel x, haga una redada y detenga a los sospechosos habituales“,  esto era un poco así en España entre el 14 de Abril y el 1 de Mayo, unos años con más intensidad que otros, y en unas partes más masivas que en otras, las redadas se realizaban y muchas personas, organizadas o no, según aquellas “listas de sospechosos habituales” (hoy desaparecidas y destruidas como tantos documentos gracias a algunos ex políticos-consejeros en activo que durante y después de la transición, al marchar, dejaron los cajones limpios de memoria), si no habían tomado la precaución de dormir fuera de casa podían ser detenidas, recibir unas cuantas palizas preventivas, todo ello dentro del desorden, ignorancia y arbitrariedad con que actuaba la dictadura franquista, con el tiempo tendemos a endulzarlo todo y un ejemplo de esto es el conocido chiste aquel de “tomen medidas, previsto un fuerte movimiento sísmico, epicentro detectado cerca de su población. Respuesta de la Guardia Civil pasados unos días: “Epicentro y sus camaradas detenidos, no hemos podido reportar antes porque ha habido un terremoto del copón”.

Avanzados los años sesenta hasta la muerte física del dictador pasó a ser otra cosa, el primero de Mayo era principalmente una jornada de lucha, intentábamos hacer coincidir estas fechas con reivindicaciones concretas sobre todo en lo sindical, aparte de las libertades políticas, la amnistía, etc. Realizando asambleas en los centros de trabajo y gran difusión de propaganda en octavillas y pintadas en todo tipo de paredes, actos culturales, etc., y la “guinda” una convocatoria de manifestación no autorizada, en la que sabíamos que íbamos, aparte de a recibir palos, a tener detenciones. En esos años finales de los 60´principio de los 70´ las CC.OO Juveniles y UJCE, junto con unos cuantos jóvenes más o menos organizados en el barrio de Usera formábamos uno de los grupos más activos y combativos de Madrid, llegamos a llamar la atención especial de la Brigada Social, que incluso intento liquidarnos mediante un “topo” introducido sirviéndose del Club Amigos de la Unesco (centro legal de ciudadanos progresistas y de izquierdas en Madrid). No lo logró, pero tuvimos muchas caídas, siempre formábamos parte de los que realizaban los primeros “saltos”, que era la forma de iniciar las manifestaciones prohibidas y vigiladas por la policía, nos vestíamos de Domingo, comprábamos periódicos como el Ya, Marca o ABC para despistar a los ojeadores de la Social, aunque estos a medida que empezaban a ver caras conocidas más rápidamente intuían por dónde iba a ser la cosa, la verdad que daba tranquilidad, al dar aquellas vueltas una y otra vez tratando de no llamar la atención ya fuera por la calle Atocha arriba y abajo o por la Gran Vía, cruzarte con caras conocidas como las de nuestros “tres tenores”  Arcadio, Macario y Tranquilino compañeros de la construcción con aquellas manos como palas de grandes llenas de hilillos abiertos por el yeso, más feos que la madre que los pario los dos primeros, pero con la mirada limpia, decente, de las buenas personas, y en lo político serian la otra cara del político corrupto. Tranqui era el más apuesto, además encofrador, había que verle con su martillo cual colt en la cartuchera de la obra, bueno, tenía tan buena pinta que incluso terminó de jefe en la UGT y en el PSOE, que siempre ha habido clases.

A medida que se acercaba la hora del “salto” el dolor de estómago de los nervios y el miedo se hacían insoportables, acordarse de qué calles eran buenas para huir, no caer en la tentación de meterte en el primer portal abierto, correr, correr…y volver para intentarlo de nuevo, las pancartas y las banderas solían llevarlas personas mayores sobre todo mujeres que corrían menos riesgo de que las registraran al salir del metro o al bajar del autobús, nos las pasaban justo antes, más o menos siempre se actuaba igual, el primer semáforo que se abra  a las doce cuarenta en el cruce de la calle tal con cual, algunas veces fallaba la cosa y saltaban en dos sitios diferentes, y si además, siendo pocos, no gritábamos la misma consigna el desastre podía terminar hasta en atropello, como era lógico costaba trabajo que la gente se decidiera a dejar la acera y saltar entre los coches para unirse a los primeros, pocas veces cuajaba a la primera y la manifestación era una serie de saltos o corear consignas y disolverse, aunque lo normal es que te disolvieran inmediatamente, había que echarle muchos “güevos”, no los recuerdo como días especialmente gratos (supongo que Mayor Oreja ,sí), si además hacia mal tiempo y llovía, el andar todo el día mojado y muerto frío después acudir a la cita de seguridad para contar las posibles bajas. Era frustrante, ni el Diario Hablado de RNE (el parte), ni la tele solían decir nada; a veces un: “se han producido intentos de alterar el orden público por parte de minúsculos grupos de alborotadores que una vez más instigados por intereses extranjeros quieren ensuciar ante el mundo la paz social en que vivimos, la buena imagen y la marcha imparable de nuestra economía (os suena a actual) que se encamina hacia las más altas cotas gracias a la mano firme de nuestro Caudillo, a quien no le temblará como no le tembló durante los gloriosos años de nuestra cruzada, para castigar con el máximo rigor a quien intente resquebrajar la unidad de España”. Te quedabas planchado.

Al atardecer, el Bernabéu se llenaba con una gran demostración sindical fascista, Radio España Independiente informaba de los millones (de corazón y con el pensamiento) de españoles que habían participado tomando las calles en los cientos de actos que anticipaban la inminente caída del franquismo, mediante la unión de las fuerza del trabajo y la cultura en un gran pacto por la libertad, lo que nos dejaba perplejos como tontos que no nos enteramos de nada, pero con la jodida tarea, dada la hora de la noche, de ir a informar a los padres de los detenidos y, si nos dejaban, limpiar la casa de todo lo que oliera a “Rojo” para cuando viniera la social a registrar.

La verdad es que iba escribir sobre lo Bien que va la Economía y lo Mal que le va a Podemos, pero hoy Primero de Mayo y con el ánimo que cunde he preferido recordar a todos los que formamos parte de aquella España “en marcha” que titulaba el poeta y a la que aportamos nuestro granito de arena, recordar en especial a los compañeros del barrio de Usera/Carabanchel Kiko, El Bola, El Negro, Pocholo, Esperancita y sus hermanos de artes gráficas, Susi, Juan Pedro, etc. A Vicente y Pablo sacerdotes de la iglesia de la Fuensanta por aguantar a tanto ateo “cagarse en dios” en las reuniones en su Iglesia (sin mala intención) a los Pepitos, el de embajadores y al de Isodel, los compañeros de Carabanchel (Marcelino, Horacio F. Iguanzo, etc.) A los compañeros del metal, la construcción del sindicato de banca de CC.OO (Juanjo A., J. Luis G., etc.)…Y faltas Tú (como en la canción de Jaume Sisa), cuando vemos con el descaro que la Iglesia (las religiones) se acomodan a fechas importantes de la historia de la Humanidad e incluso los grandes almacenes fagocitan lo que pueden, termino con el recuerdo de dos valientes que en aquellos años  donde el 1 de Mayo del mes de las flores y colores podía terminar en el blanco y negro franquista, me llevaban de la mano siendo un crio a la manifestación, mi tía Elena y mi Madre, menuditas pero grandes luchadoras, gracias a todos.

Los “unos” de mayo subversivos (festividad de San José Artesano)