<---Taboola---> <---Taboola---> #TEMP
jueves. 06.10.2022

Sí, quiero

El décimo aniversario del matrimonio igualitario debe animar a continuar legislando contra la homofobia.

El décimo aniversario del matrimonio igualitario debe animar a continuar legislando contra la homofobia

De la aceptación social y legal del odio a los homosexuales, a la condena casi unánime. Al menos esa ha sido la evolución en parte de Occidente. El matrimonio entre personas del mismo sexo -que en España cumplirá 10 años en julio-, ha contribuido a mejorar la igualdad de las personas homosexuales. Fue un pequeño cambio en la Ley que se tradujo en un gran cambio en la vida de muchísimos ciudadanos. Fuimos capaces de llegar a ser iguales en la Ley.

También se cumplen diez años de la legislación en materia de adopciones para matrimonios entre personas del mismo sexo. Una de las más progresistas del mundo, aunque todavía es necesario terminar de perfeccionarla. En España solo pueden adoptar los matrimonios homosexuales y no las parejas de hecho, algo que nos sigue diferenciando de las parejas de hecho heterosexuales, que sí pueden adoptar. Y por otro lado, necesitamos seguir aumentando los esfuerzos en las relaciones internacionales, para que los Estados continúen legislando a favor de las adopciones por parte de familias homoparentales, puesto que la adopción se rige por el Derecho del país de origen del menor. Si el país de origen no permite la adopción a personas del mismo sexo no se puede llevar a cabo por mucho que en nuestro país sí esté permitido.

Para hacer una valoración sobre el décimo aniversario de estas dos leyes debemos ser capaces de analizar sus éxitos de forma objetiva. Hasta finales de 2013 se casaron 60.918 personas gracias al matrimonio igualitario. España se convirtió en uno de los países con mayor aceptación de la homosexualidad. Según un estudio estadounidense, el 88% de los españoles creen que la homosexualidad debe ser aceptada por la sociedad. Es decir, la apuesta legal de Zapatero por los derechos de los homosexuales se convirtió, sin duda, en un cambio social.

Pero la homofobia todavía no ha pasado a la historia en España. El goteo de odio se ha hecho cada vez más constante en los últimos años. El número de agresiones repunta mes a mes. Las organizaciones sociales denuncian cada semana situaciones inadmisibles en un Estado de Derecho: acoso escolar y laboral, agresiones físicas, incitación al odio,… y demasiadas víctimas.

La conquista de la igualdad solo se podrá conseguir con una legislación antidiscriminación que es imprescindible. Necesitamos una Ley de igualdad de trato y no discriminación que enfoque esta lucha desde la educación, la sanidad, el mundo laboral, el proceso judicial y el calor a las víctimas para que acaben con sus pesadillas.

Una propuesta socialista con el apoyo de los colectivos LGTB bucea por el Congreso de los Diputados desde hace unos años. Pero cada vez que asoma la cabeza, el partido del Gobierno la vuelve a ahogar. Antes directamente votaban en contra pero han cambiado de estrategia. Ahora votan a favor de las iniciativas que luchan contra la discriminación, pero no las ponen en marcha. Son conscientes del daño político que les hizo el recurso al Tribunal Constitucional de la Ley de matrimonio igualitario, pero todavía se resignan a apostar decididamente por la dignidad de un colectivo que ha sido machacado durante siglos.

Buen ejemplo de este cambio en la estrategia de la derecha es el plan para combatir el acoso escolar homofóbico que se aprobó en 2013 por unanimidad, a propuesta del PSOE. Según varios estudios, el 43% de los jóvenes que sufren este tipo de acoso han llegado a plantearse el suicidio. De hecho, hace una semana se celebró el juicio por una joven de 14 años que se suicidó en Asturias por el acoso que recibía en el colegio al divulgarse que había tenido una relación con otra chica.

Este plan contenía ambiciosas propuestas que otros países de la Unión Europea ya han puesto en marcha y les ha permitido tener un conocimiento real de este drama y ofrecer soluciones. El PP finalmente votó a favor en el Congreso, pero desde el Gobierno no lo han llevado a cabo. Ni una sola propuesta se ha materializado.

Consideran que nuestra libertad es una amenaza social. Al menos eso es lo que demuestra su criminal omisión política. Aunque en el “backstage” del PP huele a hipocresía. En todo caso la esperanza brilla por su ausencia: resistimos a una legislatura perdida, también para nuestros derechos. 2016 será otra cosa.

Sí, quiero