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miércoles. 28.09.2022

Verdad y bien común

Todo debate político corre el riesgo de dejar a un lado sus pretensiones más esenciales. Desde éste punto de vista, la búsqueda del bien común, está unida a la búsqueda de la verdad. Son las dos caras de la misma moneda, ya que no se puede alcanzar un bien común pleno bajo el manto de la mentira.

Todo debate político corre el riesgo de dejar a un lado sus pretensiones más esenciales. Desde éste punto de vista, la búsqueda del bien común, está unida a la búsqueda de la verdad. Son las dos caras de la misma moneda, ya que no se puede alcanzar un bien común pleno bajo el manto de la mentira. Este es uno de los peligros que acosan a la cultura política occidental, al habernos permitido el lujo de mentirnos particular y socialmente para conseguir el bien. No es de extrañar por tanto, que se hayan pagado tantas veces las consecuencias de un método tan mezquino de regularnos políticamente.

La gran carga del hombre en sociedad, es sin duda erigir un proyecto al que generalmente asociamos con el destino. Si nuestro destino es la paz o la guerra, la prosperidad o la pobreza, la libertad o la esclavitud, ello solo depende de la autenticidad de la acción del hombre. La metafísica, la ideología o la teología no nos empujan realmente a actuar como humanos, lo hace la moral. Probablemente, el fenómeno psicológico del miedo esté detrás de nuestras acciones éticas. Actuar conforme a la verdad, con el objetivo de satisfacer el bien, es en definitiva dejar de tener miedo. Quienes defienden el poder del Estado, tienen miedo a lo privado y viceversa. Quienes defienden la solidaridad tienen miedo al egoísmo, mientras que los que se apropian de bienes y riquezas materiales tienen miedo a la redistribución social de sus propiedades. Todo estos son ejemplos de la confrontación que mantiene vivo el debate político y que por desgracia no permiten un acercamiento de las partes hacia la verdad y el bien común, es decir hacia la solución. Cada cual acepta su rol y cree indiscutibles sus opiniones o las de expertos con los cuales las identifica.

El entramado que se genera es infructuoso y probablemente el mayor freno al progreso (entendido como acercamiento a la verdad y al bien común) de las sociedades. Antropológicamente, el hombre ha permitido que los grandes símbolos se adueñen de su destino: el dinero, el poder, la religión, el Estado, los ejércitos, la codicia mundana, las apariencias, etc.

En resumen, se ha creado una gran autopista por la cual transitan todos éstos símbolos, alejando a las sociedades de la búsqueda de la verdad y del bien común. Aquí en Europa nos quejamos de recortes sociales en nombre de los Derechos Humanos y Constitucionales, pero ¿acaso las prestaciones que recibíamos no eran el producto de las desigualdades a escala mundial? Solo nos acordamos de los derechos que ostenta el ser humano cuando nos son arrebatados personalmente. Eso hay que erradicarlo si queremos llegar a un estado de equilibrio en el que la verdad y el bien coincidan plenamente, que podamos prosperar con decencia y sin balancear el trapecio que sostiene la realidad según le plazca a nuestras opiniones.

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