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viernes. 02.12.2022

Quiero dejar de contar las muertas, para empezar a contar con las vivas

Tras el asesinato de una joven de 30 años en Santander acuchillada por su marido suman ya cuatro las muertes de mujeres a manos de su pareja en lo que va de semana...

Tras el asesinato de una joven de 30 años en Santander acuchillada por su marido suman ya cuatro las muertes de mujeres a manos de su pareja en lo que va de semana. Algo que desata la indignación y la rabia de la autora de este artículo en el que llama a aunar esfuerzos para terminar con esta lacra.

Por fin viernes. A ver si podemos tener un agradable fin de semana y cesa el reguero de asesinatos de mujeres que ha traído esta semana negra. El lunes era asesinada una joven de 19 años en Lorenzana (León) presuntamente asfixiada por su novio. Cuando lo oí no sentí la rabia de otras veces, a la rabia que me provoca un nuevo asesinato a una mujer se sumó la pena de pensar que nadie debería morir antes de los 20 años; que es una crueldad que el destino te prive de una de las etapas más bonitas de la vida. ¿Cómo era posible que un joven de 29 años que debería estar pensando en disfrutar y vivir lo más alegre posible pudiera cometer un asesinato? Y si es triste pensar en él, qué decir si pensamos en una chica que no llegó a los 20 y que no fue un catarro la que segó su vida, sino un brutal asesinato a manos de quien seguro que o quería o quiso alguna vez.

Sentí mucha pena porque ahora los datos que conocía se materializaban en muerte y dolor. Ya en el año 2006 el hoy desaparecido, por obra y gracia de los recortes, Centro Reina Sofía para el Estudio de la Violencia, alertaba de que los feminicidios –mujeres asesinadas por millón- en todo el mundo estaban aumentando y que, además, se estaba produciendo un rejuvenecimiento de las víctimas.

En nuestro país, el informe Igualdad y prevención de la violencia de género en adolescentes, presentado en 2010 por la Universidad Complutense y el Ministerio de Igualdad -realizado a 11.020 alumnos y alumnas de entre 13 y 18 años- ponía de manifiesto la perpetuación de comportamientos violentos en las relaciones de pareja en los adolescentes. Y además, el año pasado comprobé cómo entre las universitarias había situaciones de violencia machista.

Era evidente que ésta no era la primera joven asesinada por violencia machista -el año pasado también murió otra con 16 años y en 2012 una de cada cuatro mujeres asesinadas tenía entre 21 y 30 año-; sin embargo, ésta, quizá, era la gota que colmaba el vaso. Sobre todo cuando el vaso está tan lleno, porque al día siguiente, otra mujer de 51 años fue asesinada supuestamente por su marido en Alcolea, Córdoba. Pero no iba a ser la última ese día. Aunque cuando más de una mujer es asesinada la noticia pasa desapercibida, queremos recordar que Amagoia Elezcano, de 26 años, natural de Orozko (Bizkaia), murió en la localidad alavesa de Llodio al ser acuchillada por su marido.

Era terrible, pero ahí no había acabado la cosa. Esta mañana he sabido que otra joven de 30 años había sido acuchilla en Santander por su marido en presencia del hijo de ambos. Ante esto mi rabia se disparó.

Siento rabia porque no somos capaces de tener relaciones igualitarias, siento rabia porque hay hombres que no nos quieren nada, siento rabia porque algunos deberían pensar primero en desaparecer ellos ante su fracaso antes de quitar la vida a nadie. Siento rabia porque como feminista veo retroceder lo poquito que habíamos conseguido. Siento rabia porque nos están imponiendo normas de hace más de treinta años. Siento rabia porque aún vamos a retroceder más con la Ley de Educación del ministro Wert y con la propuesta de modificación de las administraciones locales. Siento rabia porque tengo que volver a la calle a gritar por el derecho al aborto como cuando era joven. Siento rabia porque mientras la ministra de los payasos y el confeti está cerrando centros de prevención y atención a las víctimas de violencia de género, la violencia sigue aumentando.

Qué quieren que les diga, que hoy, viernes, tengo mucha, mucha rabia; que siento cómo nos están matando y que basta ya. No nos podemos dejar. Juntas somos muy fuertes. Quiero dejar de contar muertas, para empezar a contar con las vivas.

Quiero dejar de contar las muertas, para empezar a contar con las vivas