Nuevatribuna

Una transición peligrosa

En Navarra en poco tiempo hemos pasado de una situación amable y económicamente solvente a otra de crispación política permanente...

En Navarra en poco tiempo hemos pasado de una situación amable y económicamente solvente a otra de crispación política permanente.

Es evidente que la crisis por la que estamos atravesando en Navarra, en España y en la propia Unión Europea, tiene mucho que ver con la actual situación; pero ni mucho menos lo explica todo ni es el principal factor de la parálisis política y de ideas que se observa en nuestra Comunidad.

Un día sí y otro también, la crispación política y el desencuentro de los “otrora” socios de gobierno, está haciendo que Navarra se convierta en un territorio ingobernable. Y si a ello le añadimos que aquí el nacionalismo juega al permanente “cuanto peor mejor”, obtendremos una precisa fotografía de la situación en que nos encontramos.

No, creo que no estoy exagerando; y que quizás es el momento de tomar las determinaciones necesarias para poner remedio a la situación que padecemos los navarros.

El cómo no me corresponde a mí señalarlo ni es el objeto de ésta reflexión.

En la actualidad Navarra, tenemos por un lado “el circo” de las dietas, y lo que es mucho más grave y sin embargo no se habla de ello, la desaparición de Caja Navarra en el pufo de Banca Cívica. Y por otro, todo lo concerniente al AVE y al maltrato de la Administración Central del Estado, con quien por cierto, nunca han sido fáciles las relaciones gobierne quien gobierne. Y cuya última afrenta la estamos sufriendo ahora con todo el tema de la alta velocidad en la que, una vez más, Navarra puede quedar aislada y bucólica entre montañas, pero alejada de los ejes de desarrollo de la Península con el centro europeo que aglutina la actividad industrial y económica.

Navarra como les decía, y gobernara quien gobernara, siempre hemos obtenido por parte del gobierno central un trato mucho mas cicatero que el deparado hacia la Comunidad Autónoma Vasca. Y esto no es una opinión. Es un hecho constatado a lo largo de los años, tanto en el traspaso de las distintas competencias como en el ritmo de las mismas…

Por todo esto y por el momento económico que atraviesa Navarra, con los datos de paro más graves de los últimos años, y con el creciente malestar en la sanidad pública donde se regatea hasta en la comida de los hospitales; o en todo lo referente a la educación, donde se recortan y precarizan las plantillas con el correspondiente deterioro de la calidad. Algo que sin duda pasará factura más pronto que tarde.

No, no podemos seguir mirando al Sol mientras se produce el deterioro  permanente de los servicios y ante la desidia o la incapacidad, o la falta de ideas y el conformismo, de quienes nos gobiernan.

Tenemos que exigir acuerdos a nuestros representantes institucionales en los grandes temas de interés general de Navarra. Y si no son capaces de acordar, que se vayan y dejen paso a nuevas voluntades menos sectarias y sin soberbias paralizantes que se han acabado convirtiendo en el verdadero problema de ésta Comunidad.

Todas las buenas sensaciones y proyectos (algunos abordados al parecer con mucha voluntad y escaso rigor en los acuerdos) están saltando por los aires; mientras incomprensiblemente desde dentro de Navarra, se dedican páginas y páginas a hablar del cobro de dietas en el Ayuntamiento de Pamplona por parte de los concejales  -no liberados- y que, como máximo pueden llegar a percibir hasta un importe de 19000 euros al año…Y además se sigue haciendo a pesar de que la propia Cámara de Comptos ha señalado que no ve ninguna ilegalidad en el tema.

En Navarra estamos atravesando la situación más complicada de los últimos 25 años, tanto en lo económico como en lo que respecta a la situación política. Y ello coincide además con una absoluta falta de liderazgo político, lo que convierte la situación en realmente peligrosa para la pervivencia de la Navarra como comunidad diferenciada que nos ha traído hasta aquí. Para lo cual, son necesarias dos premisas que ahora mismo están en cuestión: una, un regionalismo moderado y fuerte que no sea, ni se preste a ser, fagocitado por el PP;  y dos, se hace imprescindible (hoy más que nunca) una confluencia amplia y creíble de quienes desde la izquierda progresista defienden esa Navarra diferenciada.

Lo está demandando la sociedad, y es eso o seguir opositando para que la abstención, especialmente desde la izquierda, desborde cualquier expectativa en las siguientes citas electorales.

¡Navarra debiera merecer el esfuerzo!