lunes 26/10/20

Una guerra capitalista cada diez años

En el corto espacio de una semana han coincidido tres acontecimientos internacionales de primer orden que, sin embargo, no han sido convenientemente relacionados...

En el corto espacio de una semana han coincidido tres acontecimientos internacionales de primer orden que, sin embargo, no han sido convenientemente relacionados por ningún medio de persuasión masivo: la cumbre bilateral EEUU-China, la reunión del Club Bilderberg y las revueltas en Turquía.

Hay medios de información digitales que han publicado las intenciones de Occidente para invadir Siria provocando un definitivo golpe de Estado mediante la intoxicación informativa en el interior del país. De esta manera, se salvaría la oposición de China y Rusia a la invasión occidental. En esos planes se contaría con la colaboración de grandes empresas de telecomunicación e informativas para bloquear convenientemente las emisiones en el interior del país y transmitir informaciones y vídeos enlatados que ofrecerían a los sirios una visión confusa o falsa de los acontecimientos reales y, así, desmoralizar y desmovilizar a quienes siguen apoyando al régimen de Al Assad.

Hay también medios digitales que recogen las cada vez más extendidas opiniones de periodistas e investigadores acerca de las verdaderas intenciones de las reuniones anuales del Club Bilderberg, que no serían otras que planificar la agenda anual del “Gobierno del Mundo” que opera en la sombra, al margen de la transparencia política e informativa. La verdad es que el secretismo con el que dicho Club delibera, sin ofrecer públicamente sus conclusiones, conduce a sospechar que algo de cierto hay en esos fundados temores que recogen algunos medios. Los ciudadanos europeos y estadounidenses, que somos contribuyentes y electores, deberíamos exigir que las reuniones del Club Bilderberg fueran “en abierto”, ya que a las mismas acuden representantes políticos que ocupan puestos de responsabilidad ejecutiva o legislativa.

Muchos piensan que el gran capitalismo global, viendo las orejas al lobo, ha terminado por asumir que es más fácil desentenderse de unos cuantos millones de personas que implementar políticas que ayuden al progreso y desarrollo de las naciones. Así, el desmesurado crecimiento de la última década -con el consiguiente deterioro de recursos básicos y medio ambiente- habría llevado a “los amos del mundo” a convencer a los gobiernos de que la mejor solución para salir del atasco financiero y económico -a que nos ha llevado la ambición desmedida de los grandes grupos de inversión- es atemorizar a las poblaciones, primero, y someterlas a políticas restrictivas, después, con las que progresivamente irán saliendo del sistema cientos y cientos de miles de desempleados, jubilados, enfermos, etc. Incluso hay opiniones convencidas acerca de la participación del gran capital en la distribución barata de drogas en los mercados de la exclusión y la pobreza, para facilitar y adelantar la salida del sistema de quienes ya no pueden encontrar otra salida. Así, han salido informaciones al respecto la semana pasada sobre esta cuestión en Grecia y Rusia, por ejemplo.

Ya los primeros o antiguos marxistas, hace más de un siglo, explicaron las “guerras del capital”, cíclicas cada diez años aproximadamente, y que responderían a embotellamientos del crecimiento capitalista que se resolverían con la liquidación de mercados saturados y la exploración de mercados emergentes a través de guerras comerciales, dinerarias e incluso bélicas. Fueron varias las de esta última tipología que asolaron nuestros siglos XIX y XX y, para muchos, detrás de todas ellas asomaba la mecha del capitalismo. Lo cierto es que hace diez años tuvimos una guerra internacional, la de Irak, y diez años después, en 2013, parece que se está preparando otra, la de Siria, que podría incluir a Irán.

¿De qué han hablado esta semana en el rancho californiano los líderes de EEUU y de China? ¿De qué han hablado esta semana en el Club Bilderberg? ¿Son casuales las revueltas desmedidas en Turquía a cuenta de la construcción de un centro comercial, que ha prendido la llama de una revolución? ¿Cuántas veces estuvo la CIA detrás de revueltas similares?

¿No se habrá acordado con China la no intervención de su país en Siria, a cambio de más ventajas comerciales o a cambio de un laissez faire (“dejar hacer”) en África, donde China se alimenta de materias primas necesarias para su expansión económica, tema éste el de África también en la agenda del Club Bilderberg? ¿No se habrá acordado en Hertfordshire, lugar de encuentro de dicho club, la financiación de la guerra occidental contra Siria?

¿No se está preparando en Turquía la excusa perfecta para que su Gobierno facilite las operaciones contra Siria, reprimiendo y sujetando convenientemente a una parte de los turcos que se opondrían a dichas operaciones o acusándolos directamente de estar provocados y financiados por Siria? O bien, si fuese el líder turco, Erdogan, quien se opusiera a que su país fuese el teatro principal de operaciones contra Siria, ¿no se estará buscando con estas revueltas en Turquía –que cogieron a Erdogan fuera del país- la justificación para un golpe de Estado que reprima las libertades civiles y políticas mientras dure la guerra contra Siria? Recordemos los recientes rifirrafes entre los ejércitos turco y sirio, que bien podrían haber sido ensayos para medir las fuerzas de uno y otro, buscando y encontrando el conveniente y necesario casus belli o “motivo de guerra”.

¿Es ésta la realpolitik (“política de la realidad”) que se nos oculta a los ciudadanos occidentales, contribuyentes y electores? Sea como fuere, será difícil demostrar la relación e intencionalidad de estos tres acontecimientos semanales pero, sin duda, cada uno de ellos en conexión con los demás alimenta la teoría de que la política internacional no es más que un juego de intereses ocultos -no de ideales- que coinciden casi siempre con grandes y potentes intereses económicos y comerciales. Los gobiernos, débiles ante el poder del gran capital, no pueden –o no quieren- hacer otra cosa que poner jirones a los desgarros que el capitalismo provoca cada cierto tiempo a la Humanidad. Y explicarlo lo mejor posible, es decir, desviando la atención del foco, con la conveniente colaboración de los grandes medios de persuasión al servicio también del gran capital y de los “intereses de Estado”.

¿O cabe todo dentro de la sempiterna “casualidad”, “tormenta perfecta”, “confluencia de los astros” o “coincidencia de factores causales”? Que cada cual escoja la explicación que más le convenza. Yo ya tengo la mía.

Una guerra capitalista cada diez años