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domingo. 03.07.2022

Un presupuesto sin ambición

El lunes 18 de febrero el Presidente del Consejo Europeo H. Van Rompuy presenta en el Parlamento Europeo el proyecto de presupuesto plurianual de la UE para el periodo 2014-2020 (las perspectivas financieras en la jerga bruselense), aprobado por el Consejo con fórceps y de madrugada (como siempre).

El lunes 18 de febrero el Presidente del Consejo Europeo H. Van Rompuy presenta en el Parlamento Europeo el proyecto de presupuesto plurianual de la UE para el periodo 2014-2020 (las perspectivas financieras en la jerga bruselense), aprobado por el Consejo con fórceps y de madrugada (como siempre).

Aunque haya sido aprobado por unanimidad por los 27 Estados (no hay otra forma de hacerlo, el Tratado de Lisboa sigue exigiendo la unanimidad para esa clase de acuerdos) se trata solo de un proyecto. Para entrar en vigor tiene también que ser aprobado por el Parlamento Europeo (PE) y sin su acuerdo no habría otro remedio que prorrogar los presupuestos plurianuales del periodo 2007-2014.

El PE tiene pues ante sí una gran ocasión para demostrar que tiene algo que decir en las grandes decisiones que conforman el futuro de Europa y que no es la cámara de ratificación de lo que deciden los gobiernos en el Consejo.

Van Rompuy no lo va a tener fácil. Los presidentes de los cuatro grandes grupos políticos del Parlamento Europeo, PP incluido, han calificado ese presupuesto de la forma más severa. Consideran que no defiende los intereses de los ciudadanos europeos. Que carece de ambición europea. Y que no ayudara a Europa a salir de la crisis ni aumentara su competitividad. Más bien lo contrario. Y creo que tienen razón.

Van Rompuy dirá que más vale un acuerdo que no guste del todo que un desacuerdo que bloquee el normal funcionamiento del proceso político y que siembre desconfianza sobre la capacidad de los europeos de resolver sus propios asuntos. Reconocerá que disminuyen los recursos, pero poco y en todo caso algo inevitable y coherente con la austeridad que se exige en cada presupuesto nacional. Y lo defenderá diciendo que las partidas destinadas a la lucha contra el paro, las inversiones y la investigación aumentan.

Todo eso es cierto, pero no basta para dotar al acuerdo del Consejo de la ambición pro-europea que el momento requiere. Lo cierto es que con este proyecto de Presupuesto, dictado por la crisis, los gobiernos reafirman la austeridad y aceptan una Europa más débil, menos solidaria y financieramente más pequeña. Por primera vez desde que los presupuestos plurianuales se inventaron en 1988, su monto total disminuye. Y disminuye más de lo que parece, porque no solo hay que fijarse en los 960.000 millones de euros de créditos de compromiso (lo que se puede decidir gastar) en los que Van Rompuy centrara su defensa. También es importante lo que se puede pagar, y los créditos de pago están aun más limitados, solo 908.000 millones que representan apenas el 1 % del PIB europeo. Son 33.000 millones menos que en periodo anterior 2007-2013. Desde el punto de vista de los recursos que se le asignan, tendremos menos Europa.

No todos están descontentos. El premier británico D. Cameron considera que “ha sido un buen acuerdo para el Reino Unido y para Europa”. Sabiendo la concepción de Europa que tiene el señor Cameron, sus declaraciones no hacen sino aumentar mi preocupación y supongo que la de los eurodiputados. Ciertamente, los acuerdos del Consejo satisfacen muchas de las pretensiones británicas y seguirá siendo así mientras siga en vigor la regla de la unanimidad que conduce inevitablemente al mínimo común denominador y a las concesiones necesarias parta levantar los vetos de los más intransigentes.

Pero Cameron solo no hubiera conseguido ese recorte. La alianza con Merkel ha conducido a este resultado, lo que reafirma la tesis de que 50 años después del Tratado del Eliseo la pareja Berlín-Paris tiene hoy menos afinidad que la Berlín-Londres.

Francia ha intentado limitar el daño y ha conseguido mantener las ayudas a sus agricultores. Pero Holande al menos reconoce que Europa no gana con este presupuesto y que las cosas hubieran debido ser de otra manera. España se contenta con seguir siendo receptor neto y unas migajas del recién creado fondo para hacer frente al paro juvenil dotado con la irrisoria cantidad de 3.000 millones ¡para los próximos siete años! ¿Donde vamos con menos de 500 millones anuales?.Es una pura decoración presupuestaria para que todos puedan decir que han conseguido algo en la defensa de sus intereses nacionales.

El que ha sido especialmente bien tratado ha sido Mario Monti, a los que todos han querido ayudar a que gane a Berlusconi en las próximas elecciones. En Bruselas están horrorizados de pensar que Berlusconi pueda volver a regentar la política italiana con las consecuencias que eso tendría sobre las dificultades de financiación del segundo país, después de Grecia, más endeudado de la UE. Pero los escándalos de corrupción que sacuden a España y a Italia no les hace acreedores de la mayor confianza necesaria para seguir subvencionando sus economías.

La negociación en el seno del Consejo ha tenido características diferentes de las anteriores. Esta vez se ha hablado poco de temas tradicionalmente polémicos como la política agrícola común (la PAC), considerada excesivamente dotada y poco eficiente. La propuesta realista de la Comisión sobre la PAC, que la reduce al 30 % del presupuesto en el año 2020 ha sido mantenida. Tampoco se ha discutido mucho de las contribuciones consideradas excesivas de algunos países, como las del Reino Unido y su famoso “cheque” conquistado por la señora Thacher desde que pidió que “me devuelvan mi dinero”. Del cheque británico apenas se ha hablado y se han oído pocas exigencias de “justo retorno” por parte de los países contribuyentes netos. Estos han preferido no discutir entre ellos y unir fuerzas para comprimir a la baja el presupuesto y así minimizar su aportación y no recargar más sus presupuestos nacionales para los cuales, a fin de cuentas, la contribución a la UE es un gasto más.

Así, el Consejo acabó aceptando lo que ya había sido decidido con anterioridad por unos cuantos países contribuyentes netos, cinco de los cuales (Alemania, Francia, Reino Unido, Holanda y Finlandia) aportan el 55 % del presupuesto. Y en particular Alemania que aporta el 20 %. Al final, frente al casi 7 % de aumento que pedía la Comisión, el Consejo ha generosamente acordado una rebaja del 3 %.

La cifra del acuerdo final coincide casi exactamente con la que esos cinco países habían anunciado, ya en diciembre del 2010, como el límite que estaban dispuestos a financiar. Y aunque Cameron ha hecho mucho ruido ideológico, la verdadera intransigencia ha sido la de Alemania

¿Que harán pues los eurodiputados después de escuchar a Van Rompuy? Teóricamente pueden vetar el presupuesto y provocar la prórroga automática del anterior por un año en doceavas partes. Obtendrían más dinero pero repartido de peor forma. Sería una solución que solo podría ser transitoria, pero que permitiría demostrar que los eurodiputados son independientes de sus gobiernos y representan el interés general europeo por encima del de sus países. Está por ver que lo hagan. Dudo mucho que los diputados alemanes y británicos, y en general, los de la derecha que gobierna en la casi totalidad de los países de la UE se desmarquen de sus gobiernos. Quizá si votaran en urna secreta y no arriesgaran su puesto en las próximas listas, en los países que tienen este sistema de elección, a lo mejor se atreverían. Pero ya solo queda el PE para conseguir que el Presupuesto no refleje los pasos importantes que se han dado en la integración europea desde que empezó la crisis.

Un presupuesto sin ambición