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sábado 28/5/22

Recuerdo de Julio Aróstegui: el método y la crítica

El pasado día 28 de enero falleció a los 74 años, el profesor Julio Aróstegui. Fue una muerte inesperada que genera un profundo vacío entre los historiadores.

El pasado día 28 de enero falleció a los 74 años, el profesor Julio Aróstegui. Fue una muerte inesperada que genera un profundo vacío entre los historiadores.

Aróstegui nació en Granada finalizando la Guerra Civil, se forjó como humanista, trabajó como profesor de Secundaria en Salamanca y se convirtió en un gran historiador cuando pudo ingresar en la Universidad. Su labor investigadora está plagada de éxitos y de hallazgos.

Pronto el profesor Aróstegui se interesó por el Carlismo, por la Guerra Civil, por la represión, por el movimiento obrero, también colaboró en varios libros colectivos sobre la Historia de España. Sin embargo, considero que su principal aportación al mundo de la historia está en su permanente esfuerzo por investigar su epistemología. Esa orientación investigadora ha dado los resultados más brillantes de la historiografía española y convierten a Aróstegui en un teórico de talla internacional. Su libro sobre la Historia teoría y método ha sido utilizado por generaciones de investigadores y también de estudiantes y ha forjado grandes historiadores y posibilitado grandes tesis doctorales y obras históricas. Recuerdo al profesor Aróstegui poner el acento permanentemente en la necesidad de reflexionar sobre la teoría de la historia ya que “es la única manera que la disciplina avance”. La reflexión sobre las formas de escribir la historia, la labor de documentación, el valor de las fuentes, su clasificación, el manejo del tiempo histórico y el tiempo universal, convierten ese libro en el clásico de la reflexión historiográfica, una obra fundamental de consulta pero también de reposada lectura para cualquier investigador y estudiante de historia. Consideraba el profesor que las universidades españolas no forman correctamente a los historiadores y aconsejaba a todo aquel que quisiera escucharle – y eran muchos – la lectura de los grandes teóricos de la historia; desde los historicistas, pasando por Annales, los marxistas británicos y terminando por los nuevos enfoques. Había que conocer qué se había hecho para conseguir tu propia personalidad como historiador. Él lo hizo y por este motivo, escribió uno de los más importantes libros sobre la historiografía del presente: La historia vivida. Allí Aróstegui reflexiona sobre el valor de la memoria como forjadora de experiencia en nuestro tiempo. Una labor que brillantemente desarrolló en la cátedra de memoria histórica de la Universidad Complutense y a través de la interesante revista digital Historia Nova. Los conceptos de generación, conciencia, coetaniedad, historizar (convertir al presente), suponen que ese libro sea un gran avance de la disciplina. Aróstegui no se cansó de incidir en la importancia de la conexión entre tiempos y espacios. A este respecto, el presente suponía la interacción acelerada de generaciones de personas que adquirían significaciones y socializaciones distintas a la hora de explicar su tiempo. Todo aquel esfuerzo, la memoria o la experiencia vivida, habría que tenerla en cuenta como material histórico si queríamos entender la realidad. Aróstegui, también profundizó en la relación que mantenía la historia con otras disciplinas, especialmente con la sociología y la ciencia política. Así, destacó que la historia tenía que articular una proyección y la sociología y la politología podían aportar un fotograma de esa película. La relación resultaba evidente. El buen historiador no desechaba el trabajo de sociólogos y politólogos sino que lo sabía integrar adecuadamente para construir una historia en dosis adecuadas de explicación y descripción narrativa, que es de lo que se compone el discurso histórico. Este libro de Aróstegui tiene en mi opinión la virtud de inaugurar un camino que habrá de profundizarse: el presentismo. Y todo ello tiene su importancia en un país como España que no es impulsor de ninguna escuela historiográfica propia y que no ha sabido trazar una forma de narrar o de hacer historia tan marcada como la Francia de Annales, la Microhistoria italiana, el historicismo alemán, o el marxismo británico. El presentismo pues, inaugura una vía sobre la que habrá de profundizarse, no solo, como advertía Julio Aróstegui a través de la adecuación de los planes de estudio, algo que, por lo demás no se está haciendo, sino en la formación de profesionales que insistan en esa conexión de experiencias que sean capaces de buscar propiedades históricas en objetos que no tienen nada en común como elementos ideológicos contrapuestos en un partido, relaciones de género en distintos grupos sociales, o socializaciones políticas en diversos espacios geográficos…

El profesor Aróstegui también supo crear vínculos con la historiografía americana a través de un manual de historia contemporánea que aborda de manera novedosa la historia contemporánea universal, El mundo contemporáneo: historia y problemas, al plantear un espacio de reflexión al lector con las cuestiones debatidas de la historiografía y la contemporaneidad.

Su última obra que no pudo presentar, es una monumental biografía sobre Largo Caballero sobre la que llevaba trabajando varios años y que redactó al disponer de una serie de fuentes inéditas especialmente de la etapa del exilio del líder socialista. Largo Caballero: el tesón y la quimera pretende, además de un exhaustivo recorrido por la vida de Largo, explicar a través de líder obrero, los principales acontecimientos de historia política de los últimos 30 años del siglo XIX y los primeros 50 del XX. Además, el autor propone reivindicar al líder obrero con una formulación sobre su obra que huye de los planteamientos maximalistas que hasta entonces, una historiografía no tan documentada, había presentado. Largo fue el muñidor de pactos en su juventud, también el agitador revolucionario en la época de reivindicación, una persona que entendía la acción del gobierno en función de los intereses de clase y sobre ella pivotó sus posiciones y estrategias. Y fue, al final de sus días, tal vez traumatizado por la experiencia del campo de concentración, el protagonista de un consenso con Prieto al que le unió en esos años una estrecha amistad forjada a través de innumerables cartas de conciliación y fraternidad que marcará la trayectoria del socialismo español en el exilio en lo que respecta a la salida que habría de producirse tras la dictadura de Franco. Largo llegó a la conclusión que lo prioritario era la devolución de la libertad a los españoles y, en ese marco, negociar las instituciones políticas que habrían de forjarse.

En definitiva, con Aróstegui muere un auténtico impulsor y renovador de la historia como disciplina. Desde luego uno de los más importantes historiadores que ha dado España. Su legado, sin embargo permanece y a nosotros como investigadores, como personas dedicadas al conocimiento del pasado, solo nos queda seguir su ejemplo y profundizar en su legado con la independencia que él siempre manifestó. Y, así, nuestro esfuerzo debe fundamentarse en aquello que para Julio Aróstegui comprendía una buena historia: el método y la crítica.

Recuerdo de Julio Aróstegui: el método y la crítica