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miércoles. 28.09.2022

Querido Alfredo Pérez Rubalcaba

Estimado compañero Alfredo: Permíteme estas líneas en las que quiero trasladarte muchas cosas con la calma con la que las letras son capaces de transmitir cuando éstas se escriben desde el corazón y no desde la víscera. Hubo un momento en que pensé en tirar la toalla. Fue hace ya unos años. Me podían los anónimos, las amenazas, el intentar ocultárselos a mi marido para que no se asustara y enfadara.

Estimado compañero Alfredo:

Permíteme estas líneas en las que quiero trasladarte muchas cosas con la calma con la que las letras son capaces de transmitir cuando éstas se escriben desde el corazón y no desde la víscera.

Hubo un momento en que pensé en tirar la toalla. Fue hace ya unos años. Me podían los anónimos, las amenazas, el intentar ocultárselos a mi marido para que no se asustara y enfadara. No era Euskadi, era Cantabria. Pero, la verdad, nunca estuve sola; siempre tuve cerca a mis compañeros, a los de entonces y los de ahora, los que hicieron de cimientos para el muro que necesariamente había que construir para poder seguir aguantando. Hubo días que tiré yo y hubo días que me tuvieron que levantar. Aprendí el significado de la palabra “equipo” de la mejor manera que se puede hacer: practicando.

He de decir que tuviste mucho que ver en eso. Siempre pensé que si alguien podía seguir peleando cada día contra ETA y contra una derecha muy alejada del sentido común, yo no tenía derecho a tirar la toalla. Trabajamos mucho, hicimos del sufrimiento alicientes y ¡lo logramos! Hoy podemos decir que el trabajo dio sus frutos, gobernamos y la paz volvió a aquellos valles del Pas. No fue la victoria que me hubiera gustado, porque vino acompañada de esa broma de mal gusto llamada gobierno del PP y, con ella, las mentiras, el hediondo aroma de la estulticia, las malas formas, los insultos.

Siempre fui una militante de base orgullosa de serlo, también soy un cargo público que gobierna un ayuntamiento, una mancomunidad, una agencia de desarrollo y una agencia comarcal orgullosa de representar a las siglas del proyecto en el que creo. Sí, soy de esas que acumulan cargos institucionales porque, por desgracia, somos pocos los compañeros los que salimos elegidos.

Estoy preocupada por la desafección de los ciudadanos de la política. ¡Cómo no!. Lo que está pasando en nuestro país pareciera un thriller cuyo parecido con la realidad debiera ser pura coincidencia. Cada día estoy en la calle, con los ancianos, con los niños, con los y las ganaderas, con parados y paradas. Con mujeres y hombres que trabajaron toda su vida a costa de unos huesos que hoy, cuando gritan de dolor, no encuentran consuelo porque su cura se ha convertido en una especia de artículo de lujo llamado copago.

Se me cayó al alma al suelo cuando vi a Modesta. Sola, alcoholizada y con varios días de ayuno como la peor de las losas vitales. Esos pantalones sujetos por cuerdas y mirada perdida. ¡Cuánto me acordé de nuestra Lola Gorostiaga y de esa Ley de Dependencia que había llevado a Cantabria a ser ejemplo de buenas prácticas! De los derechos a la beneficencia o a la bondad del ser humano. Modesta encontró bondad en quien entiende la Dependencia como un derecho y no un negocio. Hoy duerme guarecida, sana y alimentada. Es probable que ya nunca se acuerde más de la “vasca” –que es como me llamaba- pero me sigue echando esas sonrisas cuando me ve que me reconfortan y me reconcilian con la vida. Con eso jamás podrá el PP.

Yo me siento orgullosa de este partido. Y lo estoy porque hemos reconocido que hicimos muchas cosas mal. Ya sé que en estos tiempos está más de moda pedir cabezas que corregir errores pero he de confesarte que para eso soy una clásica. Tengo ilusión y ganas pese a que hay días en los que creo que el enemigo no está fuera sino dentro. Con los enemigos de fuera no me importa pelear lo que haga falta, con los de dentro me molesta porque siento que me traicionan. No porque sea mejor ni peor, sino porque yo siento este partido en cada decisión que tomo, en cada reunión que tengo. Pongo el alma –y muchos días hasta la salud- por intentar llegar a todo el mundo, porque se nos vea, por sonreír, por solucionar problemas, por explicar. Por ser ese clavo ardiendo de quien me necesite. Yo soy socialista. Ni soy de Juan ni de Pepe –el fenómeno fan se me fue con el acné juvenil-. No necesito ser socialista en contra de nadie.

Y sé que mi partido está volviendo a lo que nunca debió dejar de ser. Lo sentí así el día del Debate del Estado de la Nación. Volví a sentir la misma fuerza que cuando me sentía amenazada. Necesito seguir sintiéndola. Sola no puedo. En equipo, no lo dudes.

Sé que lo que está de moda es pedir que te vayas. Yo no lo voy a hacer. Como bien te he dicho soy muy clásica y lo que la mayoría que un congreso ha decidido me produce un infinito respeto como para despreciarlo. Sin embargo creo que hay muchas cosas que cambiar y tengo puestas ilusiones y esperanzas en la Conferencia. Pero hasta entonces, seguiré trabajando orgullosa de mi partido y haciendo equipo con aquel que quiera hacerlo. Me comprometo a seguir intentando que mis vecinos sigan confiando en mí, a denunciar a aquellos que denostan la política con actitudes que nos avergüenzan, a estar con quien más lo necesite, a velar por la Sanidad, la Educación, la Igualdad y la Dependencia, a que mis hijas vivan en un mundo mucho mejor que éste que destroza el PP, a que mi abuela sienta que su lucha mereció la pena.

Te pido fuerza y contundencia, con los de dentro y con los de fuera. A los de dentro les pido contundencia con los de fuera y equipo con los de dentro.

No creo que sea mucho pedir.

Querido Alfredo Pérez Rubalcaba