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lunes. 05.12.2022

Que viva España

Llamarse Manolo es ostentar un nombre patriotero. Por esos mundos ha ido Manolo Escobar, haciendo patria, paseando esa visión de macho hispano...

Llamarse Manolo es ostentar un nombre patriotero. Por esos mundos ha ido Manolo Escobar, haciendo patria, paseando esa visión de macho hispano que “no quiere que a los toros te lleves la minifalda”. Y en todos los campos de fútbol del mundo ha resonado el bombo de otro Manolo jaleando la camiseta de la selección, haciendo patria, dicen.

¿Se acuerdan cuando Gibraltar era una espina que todo español llevaba clavada en el corazón? No valía una guerra, decía el régimen, aunque el ministro Margallo tiró delpuñal que lleva clavado en la primera ocasión en que saludó a una autoridad británica haciendo gala de una diplomacia de bachillerato.

La derecha siempre ha hecho ostentación de amor patrio, hasta tal punto que se ha dedicado con frecuencia a echar en cara la ausencia de patriotismo a la izquierda. España es un monopolio de su propiedad. Incluso es habitual que se apropien de la conciencia de la totalidad en sus discursos. “Los españoles quieren…” “Los españoles esperan…”  Y se adueñan con la mayor rotundidad de la voluntad o la esperanza de todos.

Fue cuando Felipe y Morán. Manolo Marín dormitaba por los pasillos. Se derrumbaron los Pirineos. Se dilató el alma y llegamos a ser Europa. Mercado Común, se llamaba. Mercantilismo puro, descarnado, sin conservantes ni colorantes. Pero la hipersensibilidad del lenguaje no soportaba la sinceridad de mercaderes. Y en la confirmación se pasó a llamar Unión Europea. Daba más la imagen de cooperación, de libertad, igualdad y fraternidad. La revolución parecía encarnarse de nuevo y lavar una tierra ensangrentada por guerras con millones de muertos. Y como triunfo sobre el dolor, España dejaba atrás definitivamente una dictadura y unas cunetas chorreando muertos al amanecer.

Durante las dos legislaturas de Zapatero, la derecha, erigida farisaicamente en defensora única de las víctimas de ETA, arrojaba la sangre derramada contra el rostro del presidente y lo tachaba de alta traición por entregar España a las garras del terrorismo. ¿Se acuerdan de Alcaraz, Isabel San Sebastián, Mayor Oreja, María San Gil? Cuando ETA arrió la muerte y Rajoy brotó del onanismo de Aznar, se dedicó a gritarle que estaba entregando la patria a Bruselas, al imperialismo de Merkel, a los mandatos de Europa. Y prometió una y otra vez que si llegaba al gobierno se enfrentaría al manoseo obsceno de esa unión que nos expropiaba el sentido de dignidad patrio. Cuando entró en Moncloa, minutos antes de irse a ver jugar a la selección (supongo que para que Manolo el del bombo se sintiera respaldado) nos dijo “que nadie le había presionado, que por el contrario, era él quien presionaba a Europa” y que la Unión Europea había tenido que someterse a sus decisiones de mandatario urbi et orbi.

Desde aquel momento ha habido recortes en sanidad, en enseñanza, en investigación, en dependencia, en ayudas a los parados, se ha promulgado una reforma laboral que deja a los trabajadores a la intemperie, se han subido los impuestos, se han suprimido ayudas a comedores escolares, se han rebajado salarios y aumentado horas de trabajo, se ha despreciado a los funcionarios, a los docentes, a los sanitarios, se han privatizado hospitales, se ha instituido el copago de la medicación, ha aumentado estruendosamente el número de parados, hay miseria, hambre, se busca un mendrugo en los contenedores…Nada es sostenible. España se nos ha derrumbado y estamos masticando escombros.

¿Dónde quedó la altanería que le exigían a Zapatero? ¿Dónde las agallas para pasar revista a una Europa uniformada y desfilando ante la insignia patria? Rajoy, Fátima (la rociera), María Dolores-patrona-de-los-trabajadores, Montoro, el que esperaba ansioso que se despeñara España porque ellos la levantarían, Pons el de los tres millones de puestos de trabajo se esconden en el plasma, en el chiquero de Bruselas y culpan del desplome a la herencia recibida y a una Europa que nos manda cada mañana la labor sangrante de cada día, la cirugía que es urgente aplicar antes de que se nos termine de gangrenar el tejido hermoso de una España en carne viva. Los condicionados exigidos por la troika nos desnudan de nuestro fervor patrio y quienes iban a poner firme a Merkel viven arrodillados y besando el suelo donde pisa la emperatriz teutona.

En las próximas elecciones pienso votar a Manolo Escobar y a Manolo el del bombo. Tal vez así pueda subirme a la Cibeles y colocarle el pañuelo sin lágrimas de una selección orgullosa de sus pies.

Que viva España