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viernes. 03.02.2023

Políticas de mentira y mentiras políticas

Entre continuas promesas de que todo va a mejorar no se sabe cuándo, que nuestro sacrificio está valiendo la pena y que pronto llegaremos a la tierra prometida de la recuperación, entre discursos huecos sobre el aumento de las exportaciones, la confianza de los mercados que ahora sí, compran a mejor precio nuestra deuda, ante declaraciones que ponen el acento en las virtudes de la sociedad española, en las predicciones de la Troika, etc, nos hemos

Entre continuas promesas de que todo va a mejorar no se sabe cuándo, que nuestro sacrificio está valiendo la pena y que pronto llegaremos a la tierra prometida de la recuperación, entre discursos huecos sobre el aumento de las exportaciones, la confianza de los mercados que ahora sí, compran a mejor precio nuestra deuda, ante declaraciones que ponen el acento en las virtudes de la sociedad española, en las predicciones de la Troika, etc, nos hemos acostumbrando a la indolencia del Gobierno y a las indeterminaciones.

Todo esto sería soportable si solo fuera una cuestión de indefinición; porque la indefinición no esconde la ausencia de programa: el PP tiene un programa muy claro y lo está ejecutando. El problema está en que mientras el tiempo pasa y ninguna cosa de lo que se anuncia sucede, nos hemos resignado al costumbrista discurso de la clase política del Partido Popular sobre las políticas de mentira y, en los últimos tiempos, nos vemos sometidos a soportar mentiras políticas.

El PP miente pero le importa poco. La mentira se convierte así en un recurso político, en la propia acción política, bien enunciando proyectos que no se cumplen (véase el programa electoral), o ejecutando medidas que no van a servir para los objetivos que se anuncian sino para otros mucho más pedestres como son atender a los intereses corporativos a los que obedece el Partido Popular. Veamos. Se anuncia una reforma laboral para – según ellos – volver a crear empleo pero la realidad es que desde que se ha aprobado la reforma y el empleo que se ha destruido es mayor y para lo único que ha servido es probablemente para el único objetivo no declarado que se pretendía: contentar a la gran patronal, especialmente los sectores vinculados a la patronal madrileña abaratando los costes laborales. Se anuncia una amnistía fiscal para recaudar más dinero y Hacienda no recauda más que una mínima parte de aquellos que se acogen a ella. Se propone una reforma de la educación para mejorarla y liquidan la asignatura Educación para la ciudadanía e imponen la religión complaciendo a los sectores más reaccionarios de la Iglesia católica. Lo mismo podríamos decir sobre el aborto, o el cambio en la forma de elegir al director de RTVE. Son políticas de la mentira, se anuncian para un supuesto objetivo que resulta ser falso o no se declara.

Con todo, lo más sangrante para el ciudadano por resultar una práctica que borra la ideología, que carece de ética y que roza la estulticia, son las mentiras políticas: Declaraciones falaces del vicepresidente de la patronal sobre los pagos en negro a sus trabajadores afirmando que tiene que reflexionar sobre la vida un tiempo determinado, dependiendo, comunicaciones que terminan siendo falsas sobre la vinculación al Partido Popular de políticos como Sepúlveda que han cometido delitos y lo más asombroso, comparecer repetidas veces para decir que a Bárcenas le pagaban la Seguridad Social a pesar de no estar contratado en el PP, cuando pocos meses después se descubre que el ex tesorero estuvo contratado en el partido conservador hasta diciembre de 2012; son lisa y llanamente mentiras políticas inaceptables en cualquier sistema democrático que tendrían que tener un castigo político. No son nuevas estas mentiras políticas en el PP: ya se produjeron por ejemplo, durante la guerra de Irak cuando Aznar aseguró que allí había armas de destrucción masiva durante el hundimiento del Prestige, cuando Rajoy declaró que solo salían unos pocos hilillos de plastilina mientras se estaba contaminando toda la Costa de la muerte, o durante los atentados terroristas del 11-M en Madrid, cuando Aznar afirmó que los autores no estaban en montañas y desiertos lejanos. Todo tiene un objetivo: ocultar una realidad que no se quiere mostrar. ¿Por qué se empeña el PP en ocultar la realidad de Bárcenas hoy? Probablemente porque detrás de los 22 millones de euros se esconda la financiación ilegal del partido. Un hecho que afectaría a gran parte de los militantes. Por eso la mentira política por más que parezca absurda en Floriano, Cospedal o el propio Rajoy, resulta tan útil como necesaria.

Políticas de mentira y mentiras políticas tienen un mismo objetivo: atender al verdadero objetivo del partido que no es otro que los intereses corporativos de los grandes grupos de interés pero para conseguirlo diríase que la realidad debe ser ocultada o al menos modificada. Y así, la mentira se convierte en el principal instrumento de acción política que tiene el partido que hoy está gobernando en la maltrecha democracia española.

Políticas de mentira y mentiras políticas