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jueves. 30.06.2022

Política y zoología

Observando cómo actúa el PP, se diría que el comportamiento de sus dirigentes está más inspirado en los mandatos de la naturaleza que en las reglas de la política...

Observando cómo actúa el Partido Popular, se diría que el comportamiento de sus dirigentes está más inspirado en los mandatos de la naturaleza que en las reglas de la política democrática moderna.

Con mucha frecuencia sus acciones y reacciones se pueden comparar con las de los animales en estado salvaje, en particular con las de los depredadores, por la cerrada defensa de la manada y del territorio, la continua disputa por el jefatura (la lucha de los alfa, sean machos o hembras), el sentido de la jerarquía, la fiereza ante los adversarios, la incondicional sumisión exigida a los vencidos y el tribal expolio de las presas logradas. Nada parece tener más importancia que la supervivencia de la horda.

En los mandatos de Aznar reaparecieron estos preocupantes rasgos, que fueron muy nítidos durante la dictadura, pero es el gobierno de Rajoy el que, aprovechando la coyuntura para aplicar unas medidas de selección social de tipo darwiniano, está siguiendo de manera más fiel el primer mandato que la naturaleza impone a los seres vivos, que es mantenerse con vida y reproducirse como especie. Lo que, en términos políticos, equivale a asegurar la continuidad de la clase social que el Partido Popular representa.

Así que, por encima de retóricas declamaciones sobre el interés general, este Gobierno actúa como el grupo dirigente de una clase social que aspira a perpetuarse como clase dominante. Como élite que representa a una clase social con un acusado sentido de pertenencia, el Gobierno actúa con una marcada orientación selectiva en todos los ámbitos en los que interviene.

Para el patriótico Gobierno de Rajoy no hay intereses comunes en España (esa palabra que tanto le gusta), intereses del país, necesidades generales de los españoles o aspiraciones de toda la sociedad, sino sólo enfrentados intereses de clase, representados por una derecha neoliberal, dinámica y creativa y una izquierda burocrática y trasnochada, entre los cuales debe optar. De ahí que sus decisiones políticas lleven la marca de ese signo indeleble de selección: el beneficio para unos, los suyos, la minoría mejor situada, y la austeridad (el perjuicio) para otros, la mayoría, puesto que no existen o son muy escasos los intereses compartidos.   

Todas sus actuaciones están orientadas por la previa distinción entre los que son de su clase social y merecen apoyo porque apuestan por el futuro, y los que no lo son, que, aferrados al pasado, se perciben, incluso, como enemigos, a los que hay que someter a la obediencia para arrebatarles lo que todavía conservan.

Por principio, el Gobierno no acepta equilibrios en el reparto del poder y de la riqueza, de ahí su estilo autista pero también autoritario, pues representa a una clase social que se cree amparada por un derecho inmemorial a disponer de todo cuanto desee. Otra cosa es que lo consiga, pero su aspiración está clara, pues, por mucho que nos disguste, la derecha española ha heredado un proyecto de dominación social mantenido sin desmayo a lo largo de siglos, lo cual implica poseer una gran firmeza ideológica y un proyecto estratégico, que es lo que le ha faltado a la izquierda, en particular al partido de la izquierda que ha tenido la posibilidad de cambiar las cosas desde el Gobierno, que ha sido el PSOE. Hay que recordar que un día ya lejano, uno de sus dirigentes afirmó que iban a cambiar tanto a España, que no la iba a reconocer ni la madre que la parió, que es lo que ahora está haciendo la derecha.

Sin embargo, el PSOE carecía de los rasgos ya citados -la necesaria firmeza ideológica y un estratégico proyecto social- para llevar adelante tal empeño. Desde su refundación como PSOE renovado, apareció en la palestra política de la Transición como un partido interclasista, con una confusa identidad política, un programa ambiguo encubierto por un lenguaje izquierdista y el indisimulado propósito de llegar pronto al poder. Luego, alcanzado este, se acomodó al sistema y se corrompió precozmente; su máxima aspiración fue  gestionar el orden existente introduciendo reformas, que, siendo innegables, limaban aristas del capitalismo sin molestar a la clase dominante. Labores en las que ha ido perdiendo los rasgos ya debilitados de su perfil socialdemócrata, hasta hacerse difícil de reconocer por sus votantes.

En términos zoológicos, el Partido Popular representa a una especie vigorosa,  con un claro sentido de la supervivencia y el deseo de dominar, mientras el PSOE es una especie mutante, que incluso se puede llegar a extinguir.

Hay otras izquierdas, claro, pero, a día de hoy, son sólo embriones de una especie aún por determinar. 

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