lunes. 17.06.2024

Partituras y orquesta

No es lo mismo un instrumento, que una orquesta. Tampoco es igual varios instrumentos juntos. Etimológicamente significa lugar para danzar...

No es lo mismo un instrumento, que una orquesta. Tampoco es igual varios instrumentos juntos. Etimológicamente significa lugar para danzar y deriva del siglo V a.C., cuando los teatros al aire libre eran el marco de las representaciones y frente a la parte principal donde los actores representaban, había un espacio reservado para la danza, los cantantes y los instrumentos que les acompañaban. La evolución de la lengua, hace que hoy la orquesta la compongan los instrumentos y los ejecutantes que los tocan. El acuerdo es reunir los instrumentos en torno a cuatro grupos: cuerda, madera, metal y percusión, sobreentendiendo que madera y metal están integradas por instrumentos de viento. Con el tiempo han ido aumentando el número de instrumentos componentes de cada grupo, y se han ido incorporando nuevos instrumentos. Una orquesta sinfónica o filarmónica puede llegar a contar con 80 o 100 integrantes y, en torno a, 15 instrumentos diferentes, algunos presentes de forma imprescindible y otros en función de la partitura, pero típicamente colocados en función de la potencia sonora: los instrumentos de cuerda situados al frente, del más agudo a más grave, detrás de la cuerda los instrumentos de viento, primero madera y luego metal, y al final se colocan los instrumentos de percusión y el piano.

Una figura clave de una orquesta es el director que no sólo marca el tiempo de la pieza y da entrada a los instrumentos con objeto de que la interpretación sea coherente, sino que tiene una componente rigurosa a satisfacer que consiste en que la interpretación debe ejecutarse de forma que se mantenga el espíritu original de la obra, aunque matizada, según su leal saber y entender. No es fácil su cometido, ni puede ser arbitraria su actuación, tiene que conocer la partitura, el sentido de la misma, sintonizar con su alma y transmitir las indicaciones sutiles y oportunas para que los instrumentistas ejecuten la obra en los cánones en que se concibió.

La orquestación (si es orquesta) o la instrumentación musical (si es un conjunto musical)  consiste en trasladar la partitura original a los distintos instrumentos, considerando las características de cada uno de ellos y lograr la combinación de todos. No todos los compositores están ni han estado cualificados para ello. Desde sus orígenes ha ido evolucionando incorporando aspectos, matices, hasta desembocar, en el momento actual en una especial atención por los aspectos tímbricos, que han llegado a superar a la propia melodía o el ritmo que, en otro momento anterior, figuraron como estelares. El timbre sustenta el color. Pensemos en un acorde que interpretan varios instrumentos diferentes en sucesión paulatina o, por el contrario, que cada nota de una partitura la ejecute un instrumento, con timbre diferente, por tanto, el resultado es multicolor y brillante, como si se tratara de una composición pictórica. ¡Qué decir de la combinación de sonidos y silencios, en una especie de hilo conductor intangible!

En suma, que una partitura, como indicación de una composición, orquestada e interpretada por un conjunto de instrumentos, dispuestos adecuadamente, con criterio y bajo la batuta de una persona preparada, que conoce los instrumentos, sus matices, la partitura y su alma, alcanza la categoría evocadora que transmite una composición musical, ingeniada para despertar emociones y transmitirlas de forma audible, sincrónica, articulada en matices para el disfrute de los que de forma pasiva presencian el excelso momento de la gestación de lo que oyen. Porque una orquesta, no consiste, solamente en juntar instrumentos y que produzcan sonidos coherentes entre sí, de forma que no disuenen, sino que los instrumentistas participan de la creación del momento musical al que asisten. Ellos lo generan, lo están creando, bajo la batuta del director que conduce. No sólo son sonidos coherentes, forman parte de un todo que se transmite globalmente, que tiene el color que se le ha impreso en ese momento, que no tiene por qué coincidir con el de ayer. Los instrumentistas participan de la creación. Lo que no sería aceptable es que el Director de orquesta cambiara la orientación de la composición con matices que le alejan de las intenciones del autor. Sería un descrédito de tal naturaleza que le inhabilitarían para interpretarlo de nuevo.

Visto lo visto, tratemos de establecer una analogía con la gobernanza. La orquesta tiene fácil traslación, por cuanto cada persona toca un instrumento de entre unos cuantos posibles, no demasiados: profesión, capacidad adquisitiva, condiciones sociolaborales, relaciones familiares, edad y pocos más, las usuales para categorizar a las personas. La orquesta, propiamente dicha, como lugar donde se sitúan los instrumentos, coros y danzantes, es el territorio nacional, ya que hablamos de orquesta nacional, podíamos hacerlo de conjuntos musicales, pero nos centramos en la orquesta. Desde el punto de vista de la organización de la orquesta nacional, ocurre que el denominado comunismo, la organizaba de una forma, uniforme, pero todos los elementos, claro está, los ponía en un orden, tenía prevista una secuencia que condicionaba el resultado final, pero su aplicación era global, aunque no satisficiera a nadie, al final, el color que emanaba no convencía. La democracia cristiana, una de las constructoras de la Europa actual, tiene su planteamiento global, su disposición de instrumentos y suena de una determinada forma, que para algunos es exquisita y para otros suena a rayos, porque privilegia a algunos instrumentos, que para otros son detestables. La socialdemocracia afina los instrumentos en la solidaridad y la disposición no entiende más que de libertades y de igualdad y justifica social a toda costa. Suena global, no deja parte o sección de la orquesta fuera de la ejecución. Pero dentro de la derecha actual española, se albergan los que se ha dado en denominar neoliberales, que cuentan con unos directores de orquesta que no es que jueguen con sonido y silencio, o silencien instrumentos, porque no les gustan, sino que actúan con la contundencia del desprecio a un bloque de instrumentos, y lo quitan de en medio, prescinden de ellos. La orquesta pasa a interpretar partituras iguales que las demás, pero con instrumentos de menos, secciones enteras que desaparecen y solamente quedan algunas que disfrutan lo que el resto no puede llevarse a la boca, nunca mejor dicho.

El neoliberalismo es, así visto, una orquesta que ha prescindido de un grupo de instrumentos. Fuera…, no cuenta con ellos. No importa como suene la orquesta ni los deseos de los que la escuchan y quieren disfrutarla. Quedan los que quedan, los que tienen que quedar. ¿quienes son? Los designados, los prescritos como beneficiarios de una sociedad que debe interpretar la partitura para ellos, en exclusividad. Si uno goza del privilegio de formar parte del grupo privilegiado, la orquesta toca para ellos mismos. El que forme parte del grupo de instrumentos que queda fuera, pues eso, le toca ver, oír y callar, que lo bueno lo entiende el que dirige, que para eso está, sabe, entiende y está designado para mandar. No es que la orquesta, así, esté coja, es que la orquesta que tiene que interpretar se diseña a medida, al margen de los cánones establecidos. ¿Qué importancia tiene eso?, cualquier instrumento que suene raro para el director, excluido. ¡Qué va Usted a interpretar y hacer que esta orquesta suene mal a nuestros oídos! ¿Acaso su oído está preparado para escuchar y menos para interpretar?. Probablemente si. Pero no usted no cuenta para deleitarse. Para eso tendría usted que nacer otra vez. La orquesta no importa si está desequilibrada. Todo lo que tiene que hacer es tocar lo que y como le diga el director. El único problema es que aquí, el director lo hemos puesto los componentes de la orquesta. ¿Y ahora qué? Pues eso, va siendo hora de que cantemos, si es que no podemos tocar. Eso, en el fondo es la orquesta. Si no le gusta, procure cambiar, al menos de director, por uno que garantice contar con todos los instrumentos y que interprete una partitura conocida de antemano y exenta de elementos creativos espurios. No es difícil, ponga el oído y escuche, no oiga sólo, escuche.

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