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viernes. 07.10.2022

Miedo a la democracia

El desGobierno de Rajoy ha dado excesivas muestras ya del temor que anida contra la Democracia. Desde el triunfo del Partido Socialista el 14 de marzo de 2004 el PP fue alimentando un rencor enfermizo que devino en una especie de odio contra Zapatero y todo lo que el Gobierno por él presidido pudiera ir construyendo en pro de la sociedad.

El desGobierno de Rajoy ha dado excesivas muestras ya del temor que anida contra la Democracia. Desde el triunfo del Partido Socialista el 14 de marzo de 2004 el PP fue alimentando un rencor enfermizo que devino en una especie de odio contra Zapatero y todo lo que el Gobierno por él presidido pudiera ir construyendo en pro de la sociedad. Sus propias mentiras (las del PP) intentando confundir a todo un país y a los gobiernos extranjeros acerca de la autoría de la trágica masacre del 11M se volvió contra sí mismos por el hartazgo de un pueblo cansado de las tropelías de un Aznar soberbio y crecido contra la voluntad popular.

Zapatero comenzó bien su mandato, con promulgación de leyes progresistas favorecedoras de la mayoría social. Pero el lastre que el PSOE acarreaba desde la misma Transición fue haciéndose transparente ante la ciudadanía a medida que el Gobierno manifestaba su adhesión a los mandatos neoliberales de una Europa que nos exigía la dictadura de los mercados frente a un pueblo desconocedor de unas deudas que ahora le reclamaban unas entidades financieras ajenas a nosotros


Ahí encontró el PP su enorme filón de descrédito contra el partido gobernante. Sus ataques incesantes, reiterativos, desde todos los frentes, junto a unas ''promesas'' de felicidad absoluta, pleno empleo, riqueza para todos...un futuro fantástico e irreal como Walt Disney no llegó a imaginar, fue convenciendo a una gran masa de población que le dio la gran mayoría absoluta en las elecciones del 20N de 2011.

De entonces acá poco más de un año ha transcurrido. Y sí, el PP de Rajoy y su gran desGobierno han dado a este país una vuelta de calcetín, pero no en el sentido prometido -aquello era imposible e increíble- sino todo lo contrario. La España de hoy ha retrocedido en todo lo avanzado y unos pasitos más. La pobreza se ha instaurado aquí entre la gran masa de población.Las diferencias económicosociales son las mayores habidas en todo el periodo democrático. Se están exiliando, porque los echan, centenares de miles de jóvenes y menos jóvenes en busca de empleo. Aquello que ''recordábamos'', quizá porque nuestros padres nos lo contaban, ha vuelto a producirse.

Nos han robado la Salud, la Educación, las viviendas, los Derechos más básicos que fuimos recuperando tras la muerte del dictador. Procuran que no expresemos nuestra disconformidad en las calles, la policía carga bestialmente contra un pueblo hundido en la desesperación. Urdiendo están para cercenarnos la libertad de expresión incluso. Claramente ya la política ha doblado la rodilla ante los poderes económicos y las órdenes del BCE y del FMI.

Pero si bien todo ello es ya inaguantable, más lo es todavía que aquel partido que mayoritariamente ha gobernado este país desde la Transición, el PSOE, no esté actuando como se le esperaba. Su oposición es tan débil que ni se le escucha ni se le espera. Este es el gran problema. En su afán en mantener un ya demodé bipartidismo, a la espera de que caiga el PP para alzarse hasta el poder, el Partido Socialista ha manifestado su horror a la auténtica democracia que sus bases y el público progresista en general le demandan.

El pueblo no cesa de salir a la calle cada día, manifestando sus protestas por tantos abusos y exigiendo la devolución de todo aquello que nos ha sido estafado. Pero para que estas protestas tengan el éxito merecido hace falta un partido fuerte que sea capaz de abanderar y aglutinar a todos aquellos que ya no podemos más. Ante las justas quejas del pueblo el PSOE escurre el bulto. Aquí el PSOE ha perdido definitivamente la batalla, y quizá la guerra.

No sé bien todavía cómo, pero queda claro que la CIUDADANÍA tiene que autoerigirse en garante de sí misma para llevar a cabo la necesaria transformación.

Este sistema ha demostrado su fracaso total y absoluto. Aquella Transición de hace algo más de treinta y cinco años no fue tan modélica como de ella se dijo. Muchos flecos quedaron sueltos. Y la misma Constitución de 1978 -que este desGobierno del PP se pasa por el forro- debe ser reformada en profundidad, si queremos que sea garante de las libertades, derechos y deberes de todos y cada uno de los ciudadanos de este país.


Miedo a la democracia