#TEMP
martes 24/5/22

Matar al mensajero

Acontece un nuevo modelo periodístico, en el que el ciudadano está pasando de ser crítico a convertirse en un sujeto arrastrado por el torrente de información que proporcionan los nuevos medios digitales, en el que cada vez es más difícil saber pescar información de calidad.

Acontece un nuevo modelo periodístico, en el que el ciudadano está pasando de ser crítico a convertirse en un sujeto arrastrado por el torrente de información que proporcionan los nuevos medios digitales, en el que cada vez es más difícil saber pescar información de calidad. El resultado del cambio, es que nadie sabe con qué versión de los hechos quedarse ante una misma noticia, lo que sin duda le viene muy bien al poder político y económico.

La reciente difusión de “los papeles de Bárcenas” por El País, está siendo un arma de doble filo para el periodismo, porque aun habiendo permitido sacar a la luz los oscuros entresijos del PP, ha accionado también una estrategia de defensa por parte de la derecha, que saca a relucir el espíritu reaccionario que la caracteriza. En cierto modo, se están inmunizando frente a informaciones que les vinculan directamente, y saben cada vez más cómo vacunarse ante el próximo escándalo.

El efecto Bárcenas está rasgando muchas vestiduras dentro de Génova, pero cómo no, quienes están pagando el precio de todo ello son los ciudadanos y los medios informativos. El PP ha puesto en marcha toda una campaña de cohesión interna que impida cualquier nuevo resbalón de alguno de sus miembros, semejante al de la señora Ana Mato y la trama Gürtel. El objetivo final de toda su estrategia es silenciar su crisis y a quienes las publican, “matando al mensajero”.

En contra de ésta estrategia de marketing político, los periodistas deben seguir distinguiéndose de los panfletarios que quieren ocupar su misma posición y que anhelan convertir el periodismo en un vuelo kamikaze contra la sociedad, tratando de desinformar. Se debe recordar una vez más que todos los ciudadanos tenemos derecho a ser informados (y por tanto no manipulados), según quedó recogido en la Declaración de Derechos Humanos, la Carta de de los Derechos Fundamentales de la Unión Europea y la Constitución Española.

Matar al mensajero