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martes 24/5/22

Más paciencia y más austeridad

La última Encuesta de Población Activa ha ofrecido unas cifras apabullantes: 6,2 millones de parados; el desempleo que afecta al 27% de la población activa y al 57% de los jóvenes...

La última Encuesta de Población Activa ha ofrecido unas cifras apabullantes: 6,2 millones de parados; el desempleo que afecta al 27% de la población activa y al 57% de los jóvenes. 

Ante el silencio de la piadosa ministra del ramo, que debía estar rezando a la Virgen del Rocío, de la Secretaria General y experta en finiquitos, señora De Cospedal, y del presidente del Gobierno, que estaba buscando una idea intrascendente en su catálogo de frases manidas, Carlos Floriano, experto en contratos laborales, se ha visto obligado a aportar algo de su florida cosecha y ha dicho: ”Hemos tenido un dato malo de paro, pero no puede cegarnos que este es el camino”.  Y ha acertado. El Jefe, de modo tardío, como es usual, ha ratificado el aserto: el Gobierno sabe lo que hace.

A pesar de que el desempleo ha aumentado en 237.000 personas en el primer trimestre del año, Rajoy dice que su política de austeridad (selectiva: sólo hacia abajo) está dando buen resultado y recalca la confianza en todos sus ministros. ¡Vaya!, menos mal. Resulta que, a pesar de las apariencias, saben lo que hacen. Habíamos creído lo contrario; así que no sólo son mediocres, también son sádicos, porque recomendar, a estas alturas y con lo que queda, “un poquito de paciencia” es un acto de burla y sadismo hacia los 3,4 millones de personas que llevan en paro más de un año, hacia ese millón novecientos mil hogares donde no entra un salario y hacia esos miles de jóvenes que ya han desistido de buscar empleo, porque están seguros de no encontrarlo.

Desde el Fondo Monetario Internacional, que no está dirigido por rojos, han recomendado combinar las medidas de austeridad con estímulos para crecer, pero en el Gobierno español, como buenos fieles de la dama de plomo que dirige con mano de hierro la Unión Europea, son partidarios de las medidas recias, por lo que Rajoy, un hombre valiente según la prensa de la derecha, recomienda más de lo mismo: más paciencia y más austeridad.

“Parece que a algunos no les gusta la austeridad; a mí, sí”, ha dicho nuestro canciller en una de sus regañinas al PSOE, como si la austeridad fuera una dieta saludable y el propio Rajoy, el Gobierno y todo su partido la hubieran asumido como una práctica virtuosa. Podría creerse que Rajoy está pensando en que la austeridad bien entendida empieza por uno mismo, pero no es así (¡Señor, Señor, aparta de mí este cáliz!). La austeridad, como la honestidad, la responsabilidad, el patriotismo o la transparencia, es sólo una palabra destinada a la propaganda; un concepto vacío, un recurso en la huera retórica de un mal gobernante.

Mientras menguan los salarios, se reducen los subsidios de los parados y las pensiones de los jubilados, Rajoy tiene dos sueldos oficiales: como presidente del Gobierno gana 78.000 euros anuales y como presidente del partido 149.000 euros. Los miembros de su gabinete en no pocos casos unen el sueldo de ministros -unos 65.000 euros al año- al de diputados, de unos 60.000 euros anuales de promedio, sin contar pluses y extras, así que no tienen que apretarse el cinturón ni el cilicio. Y sin preocuparse por la pensión, que la tienen asegurada. Otros dirigentes del PP tampoco parecen seguidores de la austeridad, al menos obligada: Cospedal suma tres sueldos, como presidenta de la Junta de Castilla La Mancha, como senadora y como Secretaria General, lo cual debe superar los 200.000 euros anuales. No ha de faltar la sopa en casa de Ana Botella, que se levanta, o le caen, unos 100.000 euros al año por su cargo de alcaldesa, más los 200.000 euros que se levanta su marido como consejero de Endesa, y los 198.000 euros que recibe de Casa Murdoch. Para Acebes, el año pasado no fue austero precisamente, pues percibió de Bankia 163.000 euros por siete meses de “trabajo” como presidente de la Comisión de Auditoría (¡ahí es nada!) y seguidamente fichó, o fue fichado (hoy por ti, mañana por mí) por Iberdrola, con una remuneración de 216.000 euros al año. Tampoco en casa de Rato se han visto obligados a modificar la dieta, porque su paso por Bankia fue provechoso para él -ganó 2,34 millones de euros en 2011-, no tanto para los empleados y los clientes, y por la módica cantidad de 200.000 euros al año ha  fichado por Telefónica, la compañía que él privatizó siendo ministro de Aznar, donde le esperaban Zaplana, Iván de la Rosa, marido de Soraya Sáenz de Santamaría, y Elvira Fernández, la mujer de Rajoy, entre otros altos cargos del Partido Popular.  Todo eso sin contar con las presuntas dádivas de Bárcenas -los sobres-, que, como el caso está subjudice, no podemos contabilizar. Como muestra bastan esos botones, pero la lista sigue, basta con buscar quién ocupa los altos cargos en las instituciones del Estado y sumar sueldos, dietas, pluses, etc. para darse cuenta cabal de que la crisis es cosa de pobres, y la austeridad, también. ¿Cómo van a ser austeros unos tíos que llevan trajes de Armani o unas tías que visten de Prada? ¡Qué ocurrencia! ¡Qué ordinariez! La austeridad está bien para la gente corriente, para los currantes y los pobretones, porque ya están acostumbrados; la austeridad está en consonancia con su naturaleza de perdedores, de gente que suda para pagar los impuestos. Así que, hasta que vengan tiempos mejores, un poquito de paciencia y ajo; a joderse, como recomienda la niña de Fabra

Más paciencia y más austeridad