miércoles. 24.07.2024

Mandela y el fin de los liderazgos

Mandela se está muriendo. Y corremos el riesgo de que su legado sea empaquetado, etiquetado y despachado para su consumo fugaz por la llamada sociedad global...

Mandela se está muriendo. Y corremos el riesgo de que su legado sea empaquetado, etiquetado y despachado para su consumo fugaz por la llamada sociedad global. Mandela se muere, Mandela ha muerto, qué gran pérdida, vendamos cuatro titulares estereotipados, explotemos la marca mientras sea rentable, y a otra cosa sin perder más tiempo.

Pero Mandela es mucho más que otro personaje para el consumo cotidiano de noticias de impacto y de tertulias superficiales. Probablemente estamos ante el último de los grandes liderazgos que han inspirado a la Humanidad en la definición de sus valores y en la organización de sus relaciones sociales y políticas. 

Mandela perfeccionó la resistencia activa y no violenta de Gandhi ante las grandes injusticias y, sobre todo, ofreció a todo el mundo una gran lección sobre cómo supeditar los intereses particulares a los grandes propósitos colectivos. Porque si fue encomiable su lucha contra el apartheid, lo fue aún más su éxito en la reconciliación nacional de los surafricanos negros y blancos.

Hoy se echan de menos esos grandes liderazgos inspiradores y ejemplificadores. Los dirigentes políticos parecen más interesados en los mensajes inmediatamente rentables que en los grandes conceptos para la posteridad. Los amos del dinero solo piensan en acumular más dinero. Y las referencias culturales e intelectuales se refugian lejos de los focos incómodos y de los compromisos arriesgados.

Norteamérica no ofrece ya las referencias universales de los Kennedy o los Luther King, porque la estrella efímera de Obama ha preferido jugar a asegurar la supervivencia pactando con los detentadores de la realpolitik. Con todo, le agradecemos que librara al mundo de los Bush… En Europa pasó el tiempo de los Brandt, los Palme o los Delors. Ya solo quedan los mercaderes y sus administradores en las instituciones. Y los llamados emergentes piensan antes en la balanza de pagos que en las ideas.

Así que, por favor, cuando se nos muera Mandela no le despachemos con el habitual obituario enlatado, y esforcémonos en analizar con algo de profundidad su pensamiento, su biografía y su ejemplo. Porque puede que pase mucho tiempo hasta que la Humanidad no disfrute nuevamentede un legado que no sea susceptible de resumirse en un simple eslogan para consumo global.

Sí. Necesitamos las ideas, los compromisos y la valentía de quienes no se asustan por caminar a contracorriente cuando creen en algo. De hecho, necesitamos dirigentes que crean en algo. Necesitamos nuevos liderazgos. Pero puede que pidamos demasiado…

Mandela y el fin de los liderazgos