domingo. 21.04.2024

Los contornos variables de la política

Cuando se escucha decir al presidente del gobierno, 'nosotros sencillamente cumplimos la ley', como corresponde, se sabe a ciencia cierta que lo dice para justificar que están jodiendo a alguien o a muchos.

Cuando se escucha decir al actual presidente del gobierno, nosotros sencillamente cumplimos la ley, como corresponde, se sabe a ciencia cierta que lo dice para justificar que están jodiendo a alguien o a muchos, o que van a joderlo/os de forma inminente. La frase se ha convertido en una tautología para la mayoría de los ciudadanos españoles.

Es más, de un tiempo a esta parte, un tiempo  largo, cualquier declaración de un representante del gobierno del nivel y el ámbito que sea, se considera por esa mayoría una tautología por definición. Repetición de un mismo pensamiento (joder a alguien o a muchos) expresado de distintas maneras. Suele tomarse en mal sentido por repetición inútil y viciosa.

Pero interesa volver sobre el pensamiento inicial del cumplimiento de la ley como el argumento utilizado casi con exclusividad. Cuando cumplir la ley significa joder a muchos, como el Gobierno no puede incumplir la ley por principio, urge cambiar la ley para poder cumplirla y dejar de joder a tanta gente.

Si no se hace de esta manera, es decir, si no se cambia la ley inmediatamente, es que lo que realmente se quiere es joder a mucha gente.

Concurre que esta actitud gubernamental no es un hecho puntual, de serlo, lo lógico sería aguantarse -a quién no le han jodido alguna vez-, el verdadero problema surge cuando aparece el ensañamiento, del mismo modo que la genta corriente no entiende que después de 50 puñaladas para matar a una mujer,  se diga que no ha habido ensañamiento, no se puede entender que durante 18 meses consecutivos el Gobierno se haya dedicado a joder a todo el mundo durante todo el tiempo.

Hasta hace dos días, gobernar consistía en joder a los que no votaban al partido de gobierno o, premiar tanto a los que le votaban, que el resto quedaba seriamente jodido, al menos en España. Es una adicción que arrastramos desde el fin del absolutismo y que como toda adicción histórica, no hemos podido superar totalmente con la breve terapia de desintoxicación que supuso la Transición y parecía que teníamos todos los síntomas de una nueva recaída. Con las consabidas consecuencias que toda recaída en las adicciones tiene.

Pero inesperadamente, la lógica del modo de gobernar en España -¿o ha sido en Europa?- se ha roto y quienes gobiernan hoy lo hacen jodiendo también y por igual a los que les votaron. Desde cualquier punto de vista se está produciendo un desiderátum político de imprevisibles consecuencias. Un gobierno que no gobierna, ni para los que le votaron ni para los que no le votaron.

¿A quién puede extrañarle, que si hasta hoy la forma de defenderse en democracia era mediante el voto y el voto se ha volatilizado literalmente, lo intente por otros medios?

Llegados a este punto aparecen siempre las líneas rojas que suelen poner quienes se erigen en defensores del orden ¿Qué orden?

Cuando la legalidad, la ley, que garantiza el orden no resuelve los problemas de la mayoría, lo deseable es que el orden devenga en desorden, sea cual sea la forma de gobierno, lo contrario sería negar la esencia misma de la democracia.

Así por ejemplo, unos cientos de delegados en 1979, nos concentramos para recibir a la comisión negociadora de la patronal del convenio colectivo y les tiramos una lluvia de pesetas de las de entonces.

Probablemente hoy nos llamarían “escracheros” para criminalizarnos, entonces nos llamaban comunistas, pasa lo mismo.

¿Éramos violentos? Seguro, pero como decía uno de los delegados de entonces: y qué le vamos a hacer

Los contornos variables de la política