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jueves. 30.06.2022

La violencia del hambre

La mayor violencia, y no es una afirmación retórica, es el hambre. Alguna de las otras violencias podrían ser resistencias éticas de la ciudadanía...

Recientemente, unas declaraciones del portavoz de IU en el Ayuntamiento de Madrid, Ángel Pérez, en las que defendía la violencia, si de asegurar la comida de un niño se trataba, causaron todo tipo de reacciones en los foros de debate político e informativo y en las redes sociales. Hubo, obviamente, rechazo, comprensión y apoyo entre las personas que, en los distintos ámbitos, expresaron su opinión.  Adelantaré mi coincidencia esencial con sus palabras, aunque no comparta cierta alegría verbal a propósito de “asaltos a supermercados planificados colectivamente”.

En una carta remitida el pasado 22 de junio al presidente de la CM, Ignacio González, el coordinador general de IUCM, Eddy Sánchez, pedía acciones urgentes para salir al paso este verano de la malnutrición infantil que se vive en numerosas familias madrileñas, y concretar en septiembre las oportunas partidas presupuestarias para garantizar que este problema es atendido por los poderes públicos a lo largo de todo el año. Partiendo de similar diagnóstico, el Grupo Municipal de IUCM en la corporación de la capital, que llevaba trabajando algún tiempo en el análisis de la situación, presentó una iniciativa municipal, emplazando, en el ámbito de sus competencias, al equipo de gobierno que encabeza Ana Botella, a intervenir con decisión y prontitud.

La reflexión de Pérez era y es pertinente: los límites de la democracia se pueden ir al garete si las herramientas de acción política que operan en la sociedad no son capaces de solucionar el hambre de un niño. Esta sí que es razón suficiente para que un gobernante, que administra los presupuestos de la ciudadanía y establece las prioridades de las políticas públicas, se vaya a su casa y no vuelva. Nadie ha podido en cuantas tertulias y conversaciones de red han abordado el problema, rebatir la iniciativa de Pérez, quizás porque racionalmente no es posible.

El pie descalzo

Si ha habido una persona que ha denunciado el hambre y las injusticias, ese ha sido el periodista y escritor uruguayo, Eduardo Galeano. En cierta ocasión, apuntó que “La justicia es como las serpientes, solo muerde a los descalzos”. Resulta insultante que la barrera del hambre se la salten con tanta facilidad quienes en disposición de combatirla estructuralmente, prefieren socorrerla con acciones de caridad. No es caridad, precisamente, lo que necesitan las personas que pasan hambre, especialmente la población infantil. Es radicalmente exigible a los poderes públicos que antes que nada y que nadie, den de comer a un niño o una niña que pasa hambre. Si no lo hace, habría que ponerle a disposición de la Justicia, a ver si con suerte, interviene su patrimonio y lo reparte entre los “pies descalzos”, en lugar de morderlos.

Parece claro que las palabras de Ángel Pérez respondían a esta emergencia y advertían de la gravedad del problema con toda crudeza. El foco, pues, hay que ponerlo en la solución del hambre y la malnutrición infantil y en la responsabilidad que asumen los representantes públicos. En sus aledaños figuran las alusiones a la violencia y “el asalto a los supermercados”, porque constituyen un sugerente aditivo para la conversación y el debate, muchas veces ocioso, de tertulias y tribunas virtuales. La mayor violencia, y no es una afirmación retórica, es el hambre. Alguna de las otras violencias podrían ser resistencias éticas de la ciudadanía.

De ahí, la necesidad de valorar la justa y rápida iniciativa del grupo municipal de IUCM en el Ayuntamiento de Madrid, y la propuesta del coordinador regional,  para sacar a la luz un drama que afecta a miles de familias madrileñas, sin recursos y sin ingresos, en cuyo seno malviven pequeñas criaturas sin nada que llevarse a la boca, y/o víctimas de la malnutrición y el abandono, lo que podría dejar secuelas irreversibles en el futuro.

La violencia del hambre