jueves 27/1/22

La izquierda y la negación del conflicto social

La razón padece el más absoluto ostracismo. La brutal intervención de la Unión Europea en Chipre, pisoteando la legalidad para confiscar parte de los ahorros de los ciudadanos demuestra la irracionalidad patológica del poder económico.

La razón padece el más absoluto ostracismo. La brutal intervención de la Unión Europea en Chipre, pisoteando la legalidad para confiscar parte de los ahorros de los ciudadanos demuestra la irracionalidad patológica del poder económico. Se preguntaba Mark Weisbrott en The Guardian ¿por qué salirse del euro es extremista y permanecer en él no lo es? ¿O por qué lo sensato es mantener unas políticas radicales de austeridad con resultados tan perniciosos como recesión, paro y empobrecimiento? Su respuesta es que la estructura de poder reacciona definiendo como extremistas a aquellos que tienen la osadía de cuestionar la sabiduría convencional que promueven, mientras consideran razonable y de sentido común las políticas realmente extremistas, que están dañando enormemente a la población, y muy en particular a las clases populares. Son ellos, los talibanes neoliberales, los que se muestran totalmente impermeables a los hechos y a los datos.

La democracia, como indicó Norberto Bobbio, se fundamenta en que el ciudadano tenga opciones reales de elegir y lo cierto es que los denominados “mercados”, las finanzas globalizadas y las carpetovetónicas, han llevado a cabo una agresión sin precedentes a los mandatos ciudadanos dirimidos en las urnas. Como afirma Moisés Naim, “de ahora en adelante, gobernar en Europa significará distribuir reducciones de salarios, recortar programas sociales y eliminar obras públicas". El poder financiero sabe que la imposición de estas medidas de reducción de los déficits públicos en Europa puede suponer lo que Noam Chomski denomina la tendencia de la izquierda a la autodestrucción. Bernard Cassen afirmaba: “cuando las etiquetas políticas de los partidos de gobierno carecen de sentido, cuando los electores no tienen más opción que “más de lo mismo”, cuando se les presenta como única perspectiva hincarse de rodillas ante los mercados financieros, se están socavando los fundamentos mismos de la democracia representativa.”

Es por ello, que para Bauman, la izquierda ha abandonado a los débiles. Los partidos de izquierdas olvidaron, afirma el sociólogo de origen polaco, e incluso rechazaron abiertamente los dos principios axiomáticos en los que se basa la crítica izquierdista del statu quo: primero, que la comunidad tiene el deber de asegurar a cualquiera de sus miembros frente a un infortunio individual, y segundo, que la calidad de la sociedad debería medirse, no en función del bienestar medio de sus miembros, sino del de sus partes más débiles. En su lugar, prosigue Bauman, la izquierda compite con la derecha política por allanar el camino al gobierno de los mercados y de la filosofía que fomentaron con hechos y palabras, a pesar de la creciente injusticia, la desigualdad y el sufrimiento que ello conlleva.

Los trabajadores esforzados que pierden su casa al quedarse abruptamente sin ingresos, a merced de la injusta ley hipotecaria actual y de un sistema de desahucios inmoral e ilegal, tal como acaba de sentenciar el Tribunal de Justicia Europeo. ¿Para quién trabajaban los legisladores, incluidos los de izquierda, que certificaron tales sufrimientos desproporcionados?

Una izquierda sin metafísica y empobrecida ideológicamente sufre una crisis de indiferenciación. Niega el conflicto social para acogerse a un progresismo identitario que no entra en colisión con los poderes económicos y financieros pero que la aleja de las mayorías sociales arrojadas a la pobreza y a la más onerosa desigualdad.

La izquierda y la negación del conflicto social