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jueves. 30.06.2022

La investigación es de quien la paga

El despoblamiento científico-tecnológico que este país está propiciando está enajenando la producción científica, además de a nuestros 'cerebros'...

Con cierta frecuencia nos enorgullecemos de  los colegas españoles que han sido distinguidos con algún galardón. Naturalmente, los investigadores españoles, aún cuando residan en el exterior, siguen siendo españoles, ¡claro que si! Qué decir del orgullo con que nos referimos a Ochoa. Algo parecido ocurre con Saramago, portugués de origen, pero con lazos familiares y estancia prolongada en tierras españolas, y un carisma muy del gusto de los españoles. La nacionalidad no se ve afectada por los desplazamientos o emigraciones, en su caso. Pueden llegar a ampliarla, pero la original se mantiene. Así lo sentimos, por mucho tiempo que lleven fuera y mucho que haya podido cambiarlo el país de recepción.

Otra cosa diferente es la nacionalidad del trabajo que llevan a cabo. Si, como en el caso de la creación literaria, como la de Saramago, dado que, normalmente, se trata de actuaciones privadas, por cuanto quienes están implicadas son las editoras privadas que publican sus obras y las divulgan por el mundo entero, normalmente, no viene al caso la consideración de la nacionalidad de sus producciones. “Las intermitencias de la muerte”, como cualquier otra novela del genio portugués, o “La caverna” o cualquier otro ensayo, en los que anticipaba muchas de las cosas que ahora vivimos, son universales, no tienen fronteras y la nacionalidad del trabajo de este insigne y llorado genio, es el Universo. Pilar del Rio compartió buena parte de su vida, y el resto del mundo compartimos su obra.

El caso de la nacionalidad de los trabajos de investigación científica y/o tecnológica es diferente, por cuanto, aquí la financiación es clave. A ver, se investiga, porque se tiene cabeza para ello, es decir capacidad, conocimientos y audacia para emprender un camino que, el financiador exige, en mayor o menor grado, que no sea fallido, sino que conduzca a resultados de éxito. Que no se piense nadie que la investigación científica consiste en “paridas” que se les puede ocurrir al primero que pasa por la esquina. Si el nivel de acierto no es ostensible, resultará imposible que la petición de ayuda progrese. Hay muy poco margen para el ensayo que termina en error, eso es un procedimiento propio del trabajo, pero que no es aplicable a proyectos en su totalidad. Bueno, lo puedes hacer una vez, pero no tendrás más oportunidades. Esta cuestión es un tópico como el famoso riesgo de los empresarios. Si tropiezas con alguno sincero, te confesará que lo último que hace un empresario es tomar riesgo, ya que los que lo hicieron, dejaron de ser empresarios. Otra cosa es el mito que perdura y seguimos, torpemente, hablando del riesgo empresarial. Si un empresario no mide y asegura, deja de ser empresario, es cuestión de horas. Con la investigación, otro tanto, si se arriesga, deja de ser investigador el que lo intenta. Todo investigador cubre sus  espaldas y solamente emprende, cuando sabe que triunfa. Créanme, las opciones son escasas para otras alternativas. De hecho, los mecanismos de informe, por pares, exigencia de garantías, a priori, antes de conceder los recursos para llevar a cabo una investigación, hacen imposible las aventuras. Si de algo nos quejamos los investigadores es del escaso margen a la creatividad, al pensamiento lateral, al recorrido por itinerarios de riesgo que, como mucho, está reservado a los que empiezan su carrera investigadora y disfrutan de algo de holgura.

En este contexto, el que financia es a quien corresponde la paternidad de los resultados. ¿Bajo qué licitud, un país como España, puede reclamar los resultados obtenidos por un investigador español contratado en Francia o Estados Unidos, pongamos por caso? ¿A nombre de quién puede figurar una patente registrada en estas circunstancias? ¿Quién se puede beneficiar además del investigador? ¿España?

Recientemente, ha habido un encontronazo que han protagonizado, por un lado Purificación López García directora de investigación del CNRS (Centre National de la Recherche Scientifique) en Francia, que dirige un grupo de investigación sobre diversidad y evolución microbiana en el instituto de Ecologia, sistemática y evolución y por otro lado a la FECYT, que le  había dirigido un mensaje pretendiendo “poner en valor la ciencia española que se hace más allá de nuestras fronteras y reconocer así vuestros resultados científicos, en tu caso concreto, en Francia”. En el diario el País del  24 de los corrientes, se publicó la contestación de la investigadora, que se resume en un “Los cerebros fugados ya no pertenecen a España”. ¿Cómo es posible que la FECYT pueda pretender apropiarse de lo que no es capaz de hacer? ¿Cómo puede olvidar que la gente que se fue,  en cierto momento, lo hizo, o lo hace, porque aquí no tiene quien le ayude? ¿Cómo puede pretender que esto se olvide? Pero es que, además no tiene ningún derecho objetivo para apropiarse de la Ciencia que otros financian y a quienes se deben los españoles que tuvieron que alejarse de aquí para seguir trabajando.

Esto no es más que una llamada de atención a una especie de ciegos, sordos y disminuidos intelectuales que pueblan desde los niveles directivos a los políticos en un Ministerio que no sabe lo que maneja. El despoblamiento científico-tecnológico que este país está propiciando con su ideología neoliberal, que impregna todos los movimientos que el Ministerio de Economía está llevando a cabo, está enajenando la producción científica, además de a nuestros cerebros. El desatino no es solo económico, es científico y tecnológico. Las consecuencias son imprevisibles y de alcance. La ingenuidad de algunos de la FECYT y del Ministerio que quieren tratar a los emigrados científicos como si no pasara nada, ha tenido la respuesta contundente que merece tal ingenuidad, sino maldad. Desgraciadamente, es  una cuestión para llorar, que de no ser así, provocaría hilaridad en cualquiera. Esta gente que nos dirige no tiene ni idea. ¿Por qué no se van a su casa y salvamos los muebles? Si permanecen, acaban con todo y seremos todos, tan inútiles como ellos, por no  impedirlo. 

La investigación es de quien la paga