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lunes. 26.09.2022

Esto tiene que reventar

Que estamos inmersos en unos momentos de hegemonía ideológica según la concepción de Gramcsi, de la derecha neoliberal en Europa y en España, no es decir nada nuevo. Esa derecha domina y controla el contenido y la forma de los mensajes políticos.

Que estamos inmersos en unos momentos de hegemonía ideológica según la concepción de Gramcsi, de la derecha neoliberal en Europa y en España, no es decir nada nuevo. Esa derecha domina y controla el contenido y la forma de los mensajes políticos. En cuanto al primer aspecto, ahí están ya asumidos conceptos como: control del déficit público, predominio de la privatización y sacralización del mercado frente a la ineficacia del sector público, desprestigio de los empleados públicos, desregulación de las relaciones laborales, inutilidad de los sindicatos, renuncia al progreso humano. En cuanto a la forma, es muy hábil en el uso de las palabras, plenamente consciente de que para controlar las mentes ajenas, una de las mejores herramientas es el lenguaje. Según Maeder, H. "Todo el que pretenda imponer su dominio, incluido el político, al hombre, ha de apoderarse de su lenguaje". Alguien señaló con muy buen criterio, "ya que no podemos cambiar el mundo, cambiemos al menos de conversación o de lenguaje". Como señala Juan Carlos Monedero en su libro El gobierno de las palabras. Política para tiempos de confusión desde los poderes establecidos las palabras nos han sido hurtadas, los significados han sido violentados, los discursos han sido encanallados, desde determinados Think tanks que además aparecen recubiertos con el disfraz de honorabilidad, debido al prestigio que siempre rodea al saber. Por ello, el capitalismo es un vocablo que ha desaparecido casi por completo, sustituido por economía de mercado. Si se habla de socialismo es casi siempre para mal: obsoleto, caduco, cuando no negador de la libertad. A los empresarios de siempre se les denomina hoy emprendedores. Tal como indica en un artículo Capitalismo Mon Amour: Más allá de Wert Enrique Javier Díez Gutiérrez “La reforma educativa del ministro Wert ha optado por convertir el “emprendimiento” en un programa estrella que se trabajará en todas las áreas en la ESO. Elimina los contenidos referidos a los derechos humanos y la igualdad de la asignatura Educación para la Ciudadanía y los Derechos Humanos, sustituyéndolos por la defensa de la iniciativa económica privada en la generación de riqueza y el fomento del espíritu emprendedor con su nueva asignatura Educación Cívica. Hemos pasado así de aquellas transversales de “educación para la igualdad”, “educación para la convivencia”, etc., a estas nuevas transversales de “educación para el beneficio” y “educación para la especulación”. A los recortes brutales en servicios básicos fundamentales en educación, sanidad y asistencia social en Castilla la Mancha, su Presidenta la de “no me consta” los llamó "Plan de Garantía de los Servicios Sociales Básicos". Al copago sanitario se le llama ticket moderador. La Reforma Laboral contribuirá a la creación de empleo cuando la economía se recupere, aumentará la flexibilidad interna para evitar despidos, y actuará contra la precariedad laboral. La vergonzosa amnistía fiscal del ínclito Cristóbal Montoro para una banda de chorizos y que además alardean de patriotas, se denomina "proceso de regularización de activos ocultos". El ejercicio de un derecho constitucional, como es de la huelga es calificado como antiespañol. Todos estos mensajes edulcorados en el envoltorio acaramelado de Súmate al cambio. En los actos conmemorativos de la Constitución de Cádiz, el Presidente del Gobierno nos obsequió con estas palabras "Los constitucionalistas gaditanos nos enseñaron que en tiempos de crisis no hay que tener miedo a hacer reformas, sino que hay que tener la decisión y la valentía de hacerlas. Fue así como el espíritu reformista se alzó frente al inmovilismo y a la resignación en estas tierras andaluzas. Gracias a su decisión e iniciativa, la reforma trajo el cambio. Y hoy, como entonces, el cambio es la reforma." ¡Qué manera de tergiversar y retorcer la historia con fines espurios! ¡Qué cinismo! Quienes no nos sumamos al cambio corremos el riesgo de ser equiparables al Fernando VII que dinamitó todas las reformas de los diputados gaditanos.

En definitiva, relatos al servicio de modelos que sirven para la reproducción del marco existente, para la creación de una actitud conformista, herramienta de intereses particulares presentados como intereses generales e "instrumento de la mentira de Estado y del control de las opiniones". Ese es el principal estigma de nuestra época. Nunca fue tan eficiente el gobierno de las palabras. En definitiva, un increíble atraco al imaginario. Tampoco es nada nuevo, ya lo dijo Carlos Marx en La Ideología alemana: "En efecto, cada nueva clase dominante se ve obligada, para poder sacar adelante los fines que persigue, a presentar su propio interés como el interés común de todos los miembros de la sociedad, es decir, a presentar estas ideas como las únicas racionales y dotadas de vigencia absoluta".

Estas ideas con determinadas palabras las repiten una y otra vez. La mejor forma de inculcar una idea en las mentes ajenas es repetirla hasta la saciedad. Lo repetido aburre, hace bajar la guardia y diluye el sentido crítico. Por otro lado, lo repetido se memoriza fácilmente y se vuelve familiar, y lo familiar, aunque sea perverso, siempre proporciona la sensación de seguridad. Lo cierto es que han conseguido su objetivo. ¿Cómo? La respuesta es clara. Hoy la derecha, tal como señala Boaventura de Sousa Santos "Tiene a su disposición a todos los intelectuales orgánicos del capital financiero, de las asociaciones empresariales, de las instituciones multilaterales, de los think tanks y de los grupos de presión, que le proporcionan a diario datos e interpretaciones que no son siempre faltos de rigor y siempre interpretan la realidad llevando el agua a su molino". Hoy en día, circula por el mundo una ola de informaciones y análisis que podrían tener una importancia decisiva para repensar y refundar las izquierdas tras el doble colapso de la socialdemocracia y el socialismo real. El desequilibrio entre las izquierdas y la derecha en relación con el conocimiento estratégico del mundo es hoy mayor que nunca. Así ha pasado lo que tenía que pasar. José Saramago, escribió unas breves líneas y contundentes, y que para todos aquellos que sean, además de llamarse, de izquierdas, deberían servir de profunda reflexión: Otras veces me he preguntado dónde está la izquierda, y hoy tengo la respuesta: por ahí, humillada, contando los míseros votos recogidos y buscando explicaciones al hecho de ser tan pocos. Lo que llegó a ser, en el pasado, una de las mayores esperanzas de la humanidad…, asemejándose más y más a los adversarios y a los enemigos, como si esa fuese la única manera de hacerse aceptar….Al deslizarse progresivamente hacia el centro, movimiento proclamado por sus promotores como demostración de una genialidad táctica y de una modernidad imparable, la izquierda parece no haber comprendido que se estaba aproximando a la derecha. Si, pese a todo, fuera todavía capaz de aprender una lección, ésta que acaba de recibir viendo a la derecha pasarle por delante en toda Europa, tendrá que interrogarse acerca de las causas profundas del distanciamiento indiferente de sus fuentes naturales de influencia, los pobres, los necesitados, y también los soñadores, que siguen confiando en lo que resta de sus propuestas. No es posible votar a la izquierda si la izquierda ha dejado de existir…

Esta crisis que está generando tanto daño en tantas personas, mientras que unas pocas amasan grandes beneficios, debería ser una adecuada oportunidad para empezar a cambiar las cosas. Según Josep Ramoneda "La impunidad de los que han provocado esta crisis es tan vergonzosa que es difícil de entender la ausencia de reacción salvo que el virus de la indiferencia se haya impuesto definitivamente y nos haya narcotizado para siempre". Desde el pensamiento, contra el totalitarismo de la indiferencia no queda otra opción que recuperar la razón crítica, aunque siempre ha resultado incómoda para el poder, por lo que la clase política tiene especial cuidado en fomentar la ignorancia. En la misma línea me parece de gran actualidad el texto de Antonio Gramsci de 1917 Odio a los indiferentes, que supone un aldabonazo a las conciencias dormidas:

“Odio a los indiferentes. Vivir quiere decir tomar partido. Quien verdaderamente vive, no puede dejar de ser ciudadano. La indiferencia y la abulia son parasitismo, son bellaquería, no vida. La indiferencia es el peso muerto de la historia. Tuerce programas, y arruina los planes mejor concebidos. Algunos lloriquean piadosamente, otros blasfeman obscenamente, pero nadie o muy pocos se preguntan: ¿si hubiera tratado de hacer valer mi voluntad, habría pasado lo que ha pasado? Odio a los indiferentes porque me fastidia su lloriqueo de eternos inocentes. Pido cuentas a cada uno de ellos: cómo han acometido la tarea que la vida les ha puesto y les pone diariamente, qué han hecho, y especialmente, qué no han hecho.”

Para superar la indeferencia el mejor antídoto es la cultura, propiciada entre otros factores por el hábito de lectura, lo que permite fomentar esa capacidad crítica, cada vez menos presente en esta sociedad. Groucho Marx lo expresa muy bien: "Encuentro la televisión muy educativa. Cada vez que alguien la enciende, me retiro a otra habitación y leo un libro". No conviene, en cualquier caso, perder la esperanza. Como alguien dijo alguna vez: es posible engañar a algunos durante mucho tiempo, a todos durante un tiempo, pero no se puede engañar a todos todo el tiempo.

Afortunadamente la indiferencia de la que hablaba hace poco Ramoneda se está quebrando, tal como acabamos de contemplar con las mareas multicolores que se han desplegado este fin de semana por las calles y las plazas de muchas ciudades españolas. Me parece muy oportuna y grave la siguiente reflexión de Boaventura de Sousa Santos “Estas nuevas movilizaciones y militancias políticas por causas históricamente pertenecientes a las izquierdas se están realizando sin ninguna referencia a ellas (con excepción, tal vez, de la tradición anarquista) e incluso, muchas veces, en oposición a ellas. Esto no puede dejar de suscitar una profunda reflexión. ¿Se está haciendo esta reflexión? Tengo razones para creer que no y la prueba de ello está en los intentos de captar, educar, minimizar o ignorar a la nueva militancia”. ¿Qué más tiene que ocurrir para que las izquierdas políticas y sindicales se unan de una puñetera vez? Mas a pesar de estas izquierdas, algo está cambiando. Mas no es suficiente. Según Paco Roda, profesor de la Universidad Pública de Navarra, en un extraordinario artículo Aguanta o Revienta, sí, hay manifestaciones, protestas varias, cabreos generalizados, encierros, caceroladas y convocatorias de todos los colores. Incluso la conciencia social ha despertado del letargo posmodernista. Cierto. Todo se sabe, todo está dicho sobre la desdicha de este presente inmundo: millones de parados, recortes crueles, sueldos, pensiones y subsidios de saldo; muertes, EREs y suicidios por desahucios... Sabemos lo que pasa y por qué nos pasa. Sabemos la verdad más íntima de este escandaloso funcionamiento del mundo. Y sin embargo algo, en lo más profundo de nuestra luminosidad, nos impide hallar la luz. Y ustedes se preguntarán cuándo despertaremos, hasta cuándo, hasta dónde vamos a aguantar tantas líneas rojas sobresaltadas. Rajoy, la Merkel parecen estar muy seguros de que todo está bajo control. Salvo que un día, una chispa, provoque un gran incendio, algo no descartable y muy previsible, ya que material potencialmente inflamable hay suficiente acumulado. La historia es incontrolable y quizás entonces el rumbo gire bruscamente.

Esto tiene que reventar