martes 21/9/21

El gesto de Griñán y la crisis permanente del PSOE

No caben apaños ni disimulos. El PSOE está en crisis de identidad desde mayo del año 2010, cuando su secretario general y  presidente del gobierno...

No caben apaños ni disimulos. El PSOE está en crisis de identidad desde mayo del año 2010, cuando su secretario general y presidente del gobierno por más señas, abrazara acríticamente los planteamientos ultra liberales de salida de la crisis que impuso la Canciller Merkel en la ya famosa reunión del ECOFIN.

Y sigue en crisis permanente porque no se ha visualizado ninguna autocrítica seria al respecto y porque la ciudadanía, con cientos de miles de votantes y simpatizantes de la izquierda y del PSOE, ven que siguen tomando las decisiones casi las mismas personas de aquel Comité Federal que respaldaba por unanimidad las ocurrencias y giros de Zapatero en el último periodo: La jubilación a los 67 años; congelación de las pensiones; reforma laboral; bajada de sueldos a los funcionarios; y el no abordar una reforma tributaria que hiciera contribuir más, de verdad, a quienes más tienen.

Los procesos electorales que se han ido sucediendo hasta aquí, han sido solo avisos del desencanto de la ciudadanía progresista hacia el Partido Socialista.

Así pues el gesto de Griñán (haya sido buscado o no) de anunciar ya, a dos años vista, que no será candidato, va a hacer que se hable y mucho de la necesaria renovación en el socialismo. De un PSOE que tres años después del “petardazo” de mayo del 2010, sigue hundido y sin levantar el vuelo. Y no lo hace porque han perdido la credibilidad.

Nada de lo que dicen, y algunas de las cosas que ahora están discutiendo son interesantes, y suenen como suenen, tienen credibilidad escuchadas de boca de quienes todavía piensan que Zapatero fue un valiente… ¡Si supieran como escuece todavía ese tipo de afirmaciones entre la gente de izquierda se abstendrían de realizarlas!

Por eso, y para esa renovación imprescindible en el PSOE, no vale cualquiera. La unanimidad de aquella dirección socialista para con las incongruencias planteadas por Zapatero después de caerse del caballo y abrazar la causa de la señora Canciller, invalidan a todas aquellas personas que no solo no han hecho ninguna autocrítica de aquello sino que siguen pensando que fue obra de un valiente, como les oíamos decir en un reciente acto socialista con premio incluido. 

Estamos ante el mayor error cometido por el PSOE y por aquel gobierno socialista, cuando traicionando todo lo que habían prometido hacer, pasaron a defender todo lo que habían dicho que nunca harían. Del “no nos falles” y ser la esperanza de la gente progresista y de izquierdas, se pasó a ser el brazo ejecutor de las políticas de recortes dictadas por la derecha neoliberal europea.

Por eso, y lo haya querido hacer o no, tengo la impresión de que Griñán abre el proceso de un debate que llega, por cierto, bastante tarde. Debía haber estado en plena ebullición desde el mismo momento del giro copernicano dado por Zapatero (por muy presidente que fuera) a su política en el último año y medio de gobierno. Si aquello no abrió debate y se cerró como se cerró…, poniendo a un “fontanero de la casa” a tratar de reparar el previsible desastre, no hay ahora tampoco demasiados motivos para la esperanza de que vaya a abrirse un debate sereno de ideas y propuestas con las que volver a ilusionar a la sociedad. Harían falta cambios profundos y escuchar el sentir de la sociedad de izquierdas que desde el “zapaterazo” permanece no ya alejada de los partidos, sino enfrentada a los mismos.

El debate debiera ser con la sociedad y no con las camarillas (con todos mis respetos) de los afines. Porque si se sigue haciendo desde la estructura cerrada partidaria…, entonces no hay ninguna esperanza de que puedan abrirse camino los cambios necesarios para una renovación en los compromisos, en las ideas y en las personas que deban pilotar el verdadero cambio necesario.

Todo hace pensar que no es por este camino precisamente por donde se vayan a orientar los debates. Más bien parece que se está en la idea de un cierto “agiornamiento” y de esperar a que se vaya enfriando la indignación de tanta gente de izquierda…, y de paso a que la patita del PP ayude a la “comprensión” de elegir el mal menor, de entre dos males, cuando haya de irse de nuevo a votar.

¡Si lo hacen se van a volver a equivocar! Ningunear a la gente es siempre un grave error, y en política más todavía. Decir que se escucha a la gente y seguir ignorando su sentir es (siempre lo ha sido) mucho más grave para la izquierda que para la derecha. Ocurre lo mismo que con la corrupción y con la ética o la falta de ética. Por eso mismo, cuando se produce la desafección, y ahora estamos en medio de ese proceso, el no hacer nada y dejar pasar el tiempo (en lo que se llevan tres años) es una pésima decisión especialmente para la izquierda.

El gesto de Griñán y la crisis permanente del PSOE