<---Taboola---> <---Taboola---> #TEMP
sábado. 01.10.2022

De papas y papanatas

¿A quién le ganamos?, preguntó un viandante que -ajeno a las buenas nuevas- se mezcló con la marabunta que celebraba ayer, frente a la histórica Plaza de Mayo, el papado de Jorge Mario Bergoglio, primer Papa hispanoamericano de la historia.  Los festejos por el nombramiento de quien desde hoy será Francisco I se extendieron hasta altas horas de la noche.

¿A quién le ganamos?, preguntó un viandante que -ajeno a las buenas nuevas- se mezcló con la marabunta que celebraba ayer, frente a la histórica Plaza de Mayo, el papado de Jorge Mario Bergoglio, primer Papa hispanoamericano de la historia. 

Los festejos por el nombramiento de quien desde hoy será Francisco I se extendieron hasta altas horas de la noche. Enfundados en banderas e improvisando diversos cánticos, los fieles de la Iglesia Católica argentina se dieron cita en la misma plaza que suele servir de escenario de todas las celebraciones y protestas que movilizan a la población. Periodistas locales y extranjeros cubrieron la noticia dando voz a quienes allí manifestaban su algarabía. “Esto es increíble; no puedo creer que esté sucediendo. Es como si estuviera soñando”, comentaba con profunda emoción una mujer que aseguraba conocer en persona al flamante papa. “Tomábamos en mismo subte (metro) todos los días”, añadía emocionada, mientras la cámara de CNN intentaba no perder detalle del resto de manifestantes que, cada uno a su manera, expresaba su alegría. “Esto va a ser muy bueno para América Latina. Necesitábamos un Sumo Pontífice que priorizara en los humildes, porque esa es la esencia de nuestra iglesia”; expresaba un joven porteño.

Bergoglio, de 76 años, es el 266° Papa de la Iglesia Católica, el primero de América Latina y el primer jesuita en ocupar el trono de Pedro. El nuevo pontífice había sido el segundo más votado en el cónclave de 2005, en el que finalmente fue elegido Joseph Ratzinger. Tras aceptar el cargo, el cardenal argentino pasó a la sacristía de la capilla Sixtina con el fin de meditar y vestir una de las tres sotanas blancas ya preparadas. Seguidamente se presentó a los fieles en la plaza de San Pedro para conceder la bendición "urbi et orbi". "Hermanos y hermanas, buenas tardes. Sabéis que el deber de un cónclave es dar un obispo a Roma y parece que mis hermanos cardenales han ido a buscarlo al fin del mundo, pero ya estamos aquí". Esas fueron las primeras palabras que pronunció el ahora Francisco I en medio de los aplausos de los presentes. Luego homenajeó a su antecesor Benedicto XVI y encabezó un rezo en su honor. "Auguro que este camino de la Iglesia que hoy comenzamos y en el que me ayudará mi cardenal vicario aquí presente, será fructuoso para la Iglesia y para esta bella ciudad", dijo con marcado acento criollo.

A esa misma hora las iglesias de la capital argentina hacían sonar sus campanas mientras que miles de ciudadanos salían a las calles a celebrar un triunfo inesperado. Banderas papales se fusionaban con la albiceleste, pins con la imagen de Bergoglio se vendían en la Avenida de Mayo por 10 pesos (1.30 Euros), y desde los coches que circundaban la plaza llegaban estruendorosas bocinas que adherían a la celebración. Ningún periodista internacional se atrevió a aguar la fiesta con preguntas incómodas. A ningún enviado especial se le ocurrió preguntar por la relación del nuevo representante de Dios en la tierra con los responsables de la dictadura que entre 1976 y 1983 se cobró la vida de 30 mil argentinos. “Este es un momento histórico y hay que celebrarlo”, comentaba un hombre de unos cincuenta años que manifestaba su alegría agitando una bandera celeste y blanca. Sin embargo la algarabía que ciertos medios internacionales se apresuraron en mostrar, en nada se correspondía con esa otra opinión que gran parte de los argentinos expresaron a través de las redes sociales o de puertas para adentro. Y es que la asunción de Bergoglio a papa llega en un momento en el que aún están frescas sus opiniones respecto de asuntos tales como el matrimonio igualitario. “Es una movida del diablo”, sostuvo el nuevo Santo Padre en pleno debate sobre la ley que impulsaba el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner y que promovía una igualdad de derechos que una porción de la sociedad argentina reclamaba. “Es la pretensión destructiva al plan de Dios”, añadió con visos apocalípticos.

La humildad y la sencillez de la que sí hablaron las cadenas televisivas que se desplegaron en pos de la cobertura de esta jornada histórica, es un hecho del que la mayoría de los festejantes dio testimonio mediante anécdotas que ahondaban en detalles rayanos a lo anecdótico. “Es un hombre muy humilde, viaja siempre en subte”. “Es un hombre sencillo, siempre pide que recemos por él”. “Su preocupación máxima son los pobres. La pobreza es un tema que lo desvela”.

Pues no será éste un pontificado fácil para Francisco I. El número de pobres va en ascenso y hasta el momento la Iglesia Católica poco ha podido hacer para contrarrestar las políticas globales que alimentan esta lacra. Es mucho más que un milagro lo que el nuevo Papa necesitará para luchar contra este error, los suyos propios y los que a diario saltan a las primeras planas de los periódicos no alineados con su ideología y que hasta el momento revelan innumerables casos de corrupción en el seno mismo de la Iglesia Católica. Empezar por pedir perdón sería un gesto apreciable.

De papas y papanatas