miércoles 22/9/21

Carta abierta a Gallardón de una mujer, madre, feminista y socialista

Vaya por delante que considero que es usted un verdadero hijo de facha porque, como bien dice mi buena amiga María, ¡qué culpa tendrán las putas...

Sr. Gallardón:

Vaya por delante que considero que es usted un verdadero hijo de facha porque, como bien dice mi buena amiga María, ¡qué culpa tendrán las putas para que nada asociarlas con su persona!  No sirven los insultos que tenemos para definirle, por más que sean soeces y malsonantes. Nada de lo que existe es suficientemente duro como para definirle.

Le voy a decir algo: tengo dos hijas porque decidí voluntariamente ser madre. Pero ni usted, ni mil como usted y otros mil con sotanas me podrían obligar a serlo si no deseara.

Ha puesto usted como excusa la Constitución, la ONU, Caperucita Roja y hasta Hansel y Gretel. ¡Hasta qué grado de absurdo habrá llegado que ni los de su partido se quedan para escucharle!

Lo suyo ya pasó de ser desfachatez a hijoputez hace mucho tiempo: ese empeño en “meter mano” a todo lo relativo al sexo femenino pasa de ser necesidad a obsesión. Hay días que tengo tentaciones de pedir una orden de alejamiento de mi cuerpo y de mis derechos porque sobrevuelan sobre ellos cuervos ávidos de posesión. Se ocupa mucho usted de los “nasciturus” y demasiado poco de los natus. Bueno, no, es verdad, se ocupan muy mucho: les quitan becas para que los pobres tengan hijos ignorantes, les quitan ayudas para que pasen hambre y hasta la casa, para que también tengan frío. Y si, además, tienen algún tipo de discapacidad, se los encomienda usted a la “suerte divina” en la ruleta de la triste fortuna de saber cuánto durarán y cuánto sufrimiento padecerán a costa de sus madres.

Habla usted del aborto como si fuera el deporte nacional de este país. Lo hace como si hubiera mujeres que, a falta de una película atractiva en la cartelera, acudiera a una clínica a abortar como el plan alternativo del domingo. Es infame. Usted persigue volver al ostracismo a las mujeres, a la situación del siglo pasado: las ricas que se lo paguen y las pobres, que pongan en su peligro su vida abortando en condiciones infrahumanas. Lo de siempre: señoras versus plebeyas. Usted necesita hacerlo, ¿sabe por qué? Porque sólo degradando a la mujer consigue parecer más fuerte. Como el primate que se golpea el pecho enseñando los dientes orgulloso del harén.

Es tan indigno que lo único que puedo sentir por usted es un profundo asco, el mismo que me daba el ambientador de pino cuando estaba en la fase inicial de mi embarazo.

Y todo por orden divina de Rouco –que debe estar sentado a la derecha del retrato de Franco- que aspira a hacer de mentecatos como usted los “médiums” que le permitan hacer de la política su indigna forma de enriquecimiento. Porque, de toda la vida, los mandamientos son como el refrán ese de “haz lo que yo digo pero no lo que yo hago”.

Pero como usted es insaciable, es un ninfómano de la perversión, ha decidido ir más allá y tomar actitudes de dictador. No sé si es para homenajear a su señor padre o por un complejo de Edipo que se escapa a mi humilde conocimiento de la psique de un perverso.

Y es que usted ha decidido que no sea agravante asesinar a una mujer delante de sus hijos. Porque, en realidad, usted no cree en la Igualdad –la mayúscula no es un error- sino en la Sumisión –así, en mayúscula-. A las personas con un mínimo de sensibilidad y empatía para con nuestros iguales se nos escapa el mecanismo de pensamiento que le ha llevado a considerar que no es un agravante que un hombre mate a una mujer delante de sus hijos, que a éstos no se les pueda borrar esa imagen de por vida, que vivan huérfanos y sabiendo que a la administración les parecía un mal menor que ellos estuvieran delante.

Hoy asisto indignada y con mucho dolor a esta película de terror que dista mucho de ser ciencia ficción: cuatro mujeres muertas en menos de cuarenta y ocho horas. Una de ellas, víctima de malos tratos había sido privada de la protección que todo Estado debe prestar a sus ciudadanos y ciudadanas. Nadie veló por ella. Ni por su hijo. Sin orden de alejamiento fue presa fácil para la mente enferma de muerte de la que otrora fuera su pareja y padre de su hijo. Un niño de cuatro años que vio morir a su madre estrangulada. Cada mujer muerta deja una herida que no cicatriza. Y son tantas que ya no hay trozo de piel que no duela.

Es terrorismo, señor Gallardón. Y esas mujeres tienen el mismo derecho a un acceso a justicia gratuita, a que haya una red de protección, de cuidado y de prevención como la que existía cuando usted y sus compañer@s –y los mí@s- estaban amenazados por ETA.

Ya sé que usted ni lo valorará porque no lo hace con nada que no le suponga pingües beneficios a usted y a los suyos. Es la cualidad de los carroñeros, no tener escrúpulos.

No creo en Dios pero estoy convencida que, si existiera, a muchos compañeros y compañeras de sus gobiernos central y autonómicos les mandarían al infierno por mentar su nombre y ensuciarlo.  Ni Dios soporta tanta ignorancia y mezquindad.

Verá: esta sociedad en la que vivo y a la que usted y los suyos están maltratando les daremos una patada en el culo y esta vez será sin miramientos. No lo dude. Regocíjese el tiempo que pueda de nuestro sufrimiento porque le queda poco.

Carta abierta a Gallardón de una mujer, madre, feminista y socialista