viernes 27/11/20

Candidaturas feministas y presidenciables

En un momento en el que se profundiza el debate sobre una mayor presencia de la mujer en la vida pública vuelven a mi mente las preguntas que tantos años llevo haciéndome: ¿para cuándo una candidata a la presidencia del Gobierno de España?, ¿cuál de los principales partidos será el primero en dar ese paso?, ¿por qué en una democracia -se presume- asentada como la nuestra sigue habiendo una resistencia atávica a que una mujer encabece la candidatura para optar a llevar esa cartera presidencial en la que sigue figurando en letras grabadas ‘Presidente del Gobierno’?

Feminización de la política, de las listas electorales, candidaturas feministas, vienen siendo en los últimos tiempos proclamas con las que las distintas fuerzas políticas pretenden sujetar el voto de ese 50% de la ciudadanía que, a día de hoy, representamos las mujeres españolas. Se reconoce el esfuerzo realizado hasta ahora. El Gobierno de Pedro Sánchez ha sido el primero de la historia con más mujeres que hombres en el Consejo de Ministros. Los principales partidos cumplen la paridad en las listas superando incluso algunos como el PSOE y Unidas Podemos el porcentaje del 40% que fija la ley. Las ‘número dos’ también se están imponiendo, así como ‘número uno’ en distintas candidaturas al Congreso de los Diputados. Hay más diputadas, más senadoras, más mujeres con cargos electos en comunidades autónomas y ayuntamientos. Más presidentas regionales, más alcaldesas, y en la presidencia del Parlamento, y hasta un partido ha feminizado su nombre, el de Unidas Podemos. Pero en más de cuarenta años de democracia, todavía seguimos esperando ver una candidata a La Moncloa.

Me ronda la cabeza la posibilidad de que Pablo Iglesias, desgastado por el fracaso en la negociación para la formación de gobierno, de lo que no exculpo tampoco a Pedro Sánchez, pudiera dar un paso atrás en favor de un paso adelante de Irene Montero

Si dejamos al margen la candidatura de Rosa Díez por UPyD en las elecciones de 2008 y 2011, partido ahora ya desaparecido, así como otras de fuerzas minoritarias como PACMA, Partido Humanista o Recortes Cero, o la presidencia de Geroa Bai por parte de Uxue Barkos, ninguna de las grandes fuerzas políticas con representación parlamentaria han llevado hasta ahora una mujer como candidata a la presidencia del Gobierno.

Intentos ha habido. El más destacado sin duda fue el de Carme Chacón, tristemente fallecida en 2017. La socialista catalana anunció en febrero de 2011 su intención de concurrir a las primarias del PSOE en el proceso que se abrió para suceder a Zapatero. Tres meses después daba un paso atrás, forzada por el aparato del partido que vio en ese momento más oportuno situar a Rubalcaba. Nunca se me olvidará esa comparecencia de Chacón en la sede de Ferraz anunciando su renuncia visiblemente emocionada. Me provocó enfado y rabia. Posteriormente, en el 38º Congreso del PSOE presentó su candidatura a la secretaría general, pero perdió frente a Rubalcaba por solo 22 votos de diferencia.

Destacar también el intento de Susana Díaz de alzarse a la secretaria general del PSOE en las primarias de 2017; o las candidaturas a la presidencia del PP de Soraya Sáenz de Santamaría y María Dolores de Cospedal. La primera fue derrotada por Pedro Sánchez. Las segundas por Pablo Casado, actual presidente del partido y candidato a la presidencia del Gobierno.

En este 2019 electoral de principio a fin, hemos visto cómo crecía el protagonismo de dirigentes políticas como María Jesús Montero (PSOE); Irene Montero (Unidas Podemos); Cayetana Álvarez de Toledo (PP); o Inés Arrimadas (Ciudadanos). Las tres últimas fueron de número dos en las elecciones del 28 de abril acompañando a su jefe de filas. En el PSOE, ese lugar lo ocupó Carmen Calvo, actual vicepresidenta del Gobierno en funciones.

El debate sobre la presencia de una mujer al frente de las principales fuerzas políticas se intensificó después de que Irene Montero se mostrara “convencida”, en una entrevista en TVE el pasado mes de marzo, de que “la próxima persona que ocupe la secretaría general de Podemos va a ser una mujer”. Palabras estas que me rondan ahora por la cabeza después de anunciada la candidatura de Íñigo Errejón para el 10N que tanto daño puede hacer al Podemos de Pablo Iglesias. Un nuevo partido Más País que, por cierto, no ha barajado ni siquiera la posibilidad de que sea Rita Maestre (¿por qué no?) la candidata en lugar de Errejón, y eso que se presentan bajo la bandera de un "proyecto feminista" . Y me ronda la cabeza sí, la posibilidad de que Iglesias, desgastado por el fracaso en la negociación para la formación de gobierno, de lo que no exculpo tampoco a Sánchez, pudiera dar un paso atrás en favor de un paso adelante de Irene Montero. Tiempo hay hasta el 7 de octubre, fecha límite para la presentación de candidaturas, y de ello se habla en las filas del partido morado.  

En este prolongado bloqueo político que sufre España, suscribo más que nunca las palabras de Mónica Oltra de que "sobra testosterona, faltan estrógenos y sobre todo falta mucha oxitocina". Desconozco qué hubiera ocurrido si en lugar de Pedro Sánchez, Pablo Iglesias, Pablo Casado y Albert Rivera hubieran sido mujeres las que liderasen esas conversaciones. Tampoco digo que lo hubieran hecho mejor. No se sabe. Lo que digo, es que ya estamos tardando en situar a mujeres como candidatas a la presidencia del Gobierno. Lo han hecho y lo hacen otros países de nuestro entorno y del mundo entero. Candidatas con solvencia creo que las hay, así que, no hay excusa.

Candidaturas feministas y presidenciables