Domingo 16.06.2019

Bendito el fruto de tu vientre

A los políticos nunca debemos conceptuarlos como la solución exclusiva de los problemas ciudadanos, pero sí como peones avanzados de ese esfuerzo de la totalidad de la ciudadanía para llegar a la cumbre de una democracia donde encontremos la plenitud de la realización de nuestras aspiraciones.

A los políticos nunca debemos conceptuarlos como la solución exclusiva de los problemas ciudadanos, pero sí como peones avanzados de ese esfuerzo de la totalidad de la ciudadanía para llegar a la cumbre de una democracia donde encontremos la plenitud de la realización de nuestras aspiraciones. Todos debemos sentirnos concernidos en la búsqueda porque la democracia no es nunca una delegación de responsabilidades sino una asunción intransferible de ellas.

La irresponsabilidad de nuestros políticos nos ha llevado a un desengaño democrático altamente peligroso. Las generalizaciones siempre han conducido a la hecatombe vivencial de los pueblos. Últimamente se palpa un interés en desacreditar a la totalidad de los representantes legítimamente elegidos, a los sindicatos, incluso por parte de aquellos que debían permanecer vinculados en unidad de esfuerzos. Ni todos son iguales, ni todos son corruptos. Esas generalizaciones benefician a intereses muy concretos y nunca limpios en su intencionalidad.

Surgen entonces ciertas voces sospechosas y espurias, que invocan la urgencia de una regeneración. Son vientres encinta deseosos de parir caminos limpios, puros, virginales que alumbran sin romperse ni mancharse.

Ahí está Esperanza Aguirre. Exige una regeneración y se ofrece a llevarla a cabo. Hay que abrir las listas electorales y devolverle al pueblo el poder que nunca le debió ser sustraído. Enuncia una verdad gritada por el movimiento 15-M, despreciado por ella cuando era presidenta de la comunidad madrileña. Vomitó los adjetivos más barriobajeros y ofensivos cuando los acampados en la Puerta del Sol exigían lo que ahora ella propone. Despreció a los funcionarios, tachó de vagos a los docentes, vendió la sanidad a capitales privados, entregó colegios al Opus a costa de sustraerlos a lo público, regaló tierras para construir Eurovegas traicionando una legislación impositiva, fiscal, saludable (no fumar en locales públicos). Su presidencia nació de una corrupción llamada “tamayazo”, incubó la perversión gürtel entre sus manos, se aprovechó de millones de euros proveniente de un presidiario llamado Díaz Ferrán, colocó en Bankia a los amigos que la llevaron a la ruina…Y ahora, después de treinta años de vida política, y cuando dice haberse retirado de su primera línea, se da cuenta que lleva en su vientre la regeneración necesaria y urgente para purificarla y devolver al pueblo lo ella y otros muchos le arrebataron.

Aguirre quiso disputarle a Rajoy la presidencia del Partido Popular. No lo consintió Valencia. Pero ahora al presidente le han quitado el mundo de sus pies. La corrupción más rampante y burda, seis millones de parados, el desarme del estado de bienestar, el hambre, los desahucios, el abandono de los dependientes, el empujón de jóvenes a la emigración, la sanidad entregada a capitales privados, el desmonte de I+D, las calles llenas de manifestantes de todos los estamentos, desde la marea blanca a las togas, desde los estudiantes a los jubilados, han conseguido el vértigo de un gobierno que no puede sostenerse en pie a base de que Fátima Báñez invoque a la Virgen del Rocío o de la peineta elegante de María Dolores-corpus-toledano.

Han proyectado hacer del país un tercer mundo y lo han conseguido. Y cuando a la ciudadanía le duele el estómago por hambre y las aceras se manchan de sangre desahuciada, surgen la emperatriz de Lavapiés, redentora, salvapatrias, como fuego purificador.

Es verdad que estamos urgidos de transparencia. Es verdad que nos sobran Bárcenas y Correas y Gerardos. Es verdad que hay que dejar atrás el lastre de un empresariado que quiere dominar el circo a base de látigo. Es verdad que hay que desprenderse de “mamandurrias” Son verdad tanta verdad acumulada, sentida, anhelada. Pero confiar en el fruto de su vientre corre el peligro de que nos ahoguemos en una hemorragia pútrida.

El pueblo sí está encinta. Fecundado de libertad, de aspiraciones, de contenido salvífico. Bendito tú, ciudadano y bendito el fruto de tu vientre.

Bendito el fruto de tu vientre