martes 22.10.2019

Algunas reflexiones sobre la política educativa del PP

Los dirigentes populares han ganado la batalla de la comunicación. Mensajes pocos, cortos y repetidos constantemente, para que vayan calando...

Los dirigentes populares han ganado la batalla de la comunicación. Mensajes pocos, cortos y repetidos constantemente, para que vayan calando. "Dejamos a ZP la mejor herencia que ha recibido nunca un presidente en la democracia española". "Nuestro compromiso con España: empleo, austeridad y transparencia". En el ámbito educativo “la calidad de enseñanza y la libertad de elección de centro por parte de los padres”. Y con la reciente aprobación del proyecto de la LOMCE, “Algo hay que hacer, lo que no se  puede hacer es no hacer nada”. “Esta ley corregirá el fracaso escolar, causa del fuerte desempleo “. “Servirá para  mejorar la empleabilidad”. Todo humo. Vaguedades.

Quiero dedicar unas líneas al ínclito Wert, cuyo nombramiento como ministro de Educación es todo un ejemplo del interés que la derecha ha tenido y sigue teniendo por la educación en este país. ¿Cómo pudo ser ministra de Educación Esperanza Aguirre? Pues lo fue, sin tener el mínimo conocimiento sobre la materia. Igual que Wert, pero este además es provocador, maleducado, prepotente y con actitudes chulescas. ¿Por eso lo han nombrado?

El proyecto de la LOMCE, en cuanto a sus planteamientos generales son los lógicos de su ideología. Siguiendo el artículo El concepto neoliberal de calidad de la enseñanza: su aplicación en España (1996-1999)  del profesor Antonio Viñao, para la ideología neoliberal, la de los populares, la educación en España atraviesa una profunda crisis. No es de cantidad, sino de calidad, de eficiencia, eficacia y productividad. En la LOMCE la palabra calidad se repite continuamente. ¿Cómo puede conseguirse una mejora? Mediante la instauración de un mercado educativo competitivo de los centros que premie, con el éxito en dicho mercado, a los mejores, y que castigue, con la amenaza de su desaparición, a los peores. Desde esta perspectiva la educación es una mercancía más dentro de un mercado supuestamente libre. Las propuestas básicas que se deducen de tales supuestos ideológicos son varias. La desestatalización de la educación, las políticas de privatización y apoyo a las escuelas privadas- la LOMCE se decanta claramente por la escuela privada concertada- y el establecimiento de un clima de competitividad entre los centros para que sean los padres, como usuarios, los que elijan el centro para sus hijos. La evaluación es un instrumento para la asignación de recursos en función de los resultados, y el establecimiento de un ranking público de los centros, a fin de orientar a los padres en sus opciones.

Estas propuestas políticas suponen dos conceptos de calidad distintos. Uno, es el de la calidad como satisfacción de los clientes, un concepto que resalta la importancia del marketing, de la publicidad. Lo único importante es que el cliente se sienta satisfecho con el producto que recibe. Si el cliente está satisfecho la calidad es alta, si no lo está, la calidad es baja. La calidad, por tanto, no es algo que se refiera al producto en sí mismo, sino a una sensación o satisfacción subjetiva de las personas que demandan el producto en cuestión, en este caso la educación. El otro concepto de calidad como rendimiento académico, resultados o nivel de conocimientos. Y es justamente este, de índole supuestamente objetiva, el que sirve, para establecer un ranking de los centros.

La libertad de elección de centro docente por los padres es otro elemento básico de las políticas educativas neoliberales. Tiene una audiencia muy amplia no solo entre quienes ya la ejercen, sino también entre ciertos sectores de la clase media y media-baja a los que no les basta la escolarización generalizada, sino que buscan una enseñanza de calidad que les ofrezca la posibilidad de una movilidad social ascendente para sus hijos, accediendo a determinados centros. Esta libertad, argumentan sus defensores, favorecerá a las clases y grupos sociales inferiores que no tienen más remedio, con el sistema de zonificación, que acudir a centros de baja calidad educativa; les permitirá salir de su entorno y elegir centros de mayor calidad. Ello favorecerá la igualdad social y hará que los centros con menos demanda se esfuercen por mejorar ante el peligro de verse sin alumnos. En la práctica es muy diferente. Estudios diversos  indican que las políticas de libre elección de centro son particularmente beneficiosas para las clases altas, por ser este el grupo social que mejor se entera e informa de las oportunidades que surgen, por lo que propicia las desigualdades sociales.

Esta política educativa de los populares, tal como expone Manuel de Puelles en su extraordinario libro Modernidad, Republicanismo y Democracia. Una historia de la educación en España (1898-2008), ha sido y es un plagio milimétrico de la puesta en marcha por la Nueva Derecha inglesa de tiempos de Margaret Thatcher, en la que confluyen dos corrientes ideológicas contrapuestas: el neoliberalismo que propugna la libertad de los mercados a toda costa y el neoconservadurismo que ante los problemas actuales apela a la tradición y a los viejos valores. En educación, el neoliberalismo apuesta por la libertad de elección de centro, el cheque escolar y la privatización de la educación como hemos comentado anteriormente, "adelgazando" para ello al Estado; el neoconservadurismo considera, sin embargo, que la educación es demasiado importante para dejarla en manos del mercado, reclamando, por tanto, un Estado fuerte capaz de restaurar los viejos valores de la religión, familia, patria, etc., considerados desde la óptica más tradicional. Siguiendo con Manuel de Puelles, en la primera legislatura de Aznar, siendo la titular de Educación Esperanza Aguirre, predominó el neoliberalismo al introducir el mercado en la educación y con una tendencia a la privatización, que al no poderse llevar a cabo completamente se implantó le gestión privada en el ámbito de lo público, aunque también hubo un conato neoconservador con el fracasado Decreto de Humanidades, que pretendía una visión españolista de la historia. En la segunda la del neoconservadurismo, siguiendo el modelo de la ley de educación inglesa de 1988 se aprobó sin consenso la LOCE de 2002, en la que la educación preescolar era asistencial, la primaria era preparación de la ESO, en esta unos itinerarios discriminatorios; la obsesión por el rendimiento escolar, considerado exclusivamente por los conocimientos, y una prueba general al final del bachillerato, recordaban una concepción tradicional de la enseñanza; y la inserción obligatoria de la religión confesional, junto con una versión no confesional desde la primaria hasta el bachillerato. Las semejanzas con la LOMCE son claras. Antonio Viñao calificó la política educativa de estos 8 años como "neoliberalismo a la española", un neoliberalismo con un doble componente confesional-católico y nacional-españolista.

Otro aspecto claro de la LOMCE es que se hacen extraordinarias concesiones a la Conferencia Episcopal, con el  papel destacado de la asignatura de la Religión cuya nota sirve para becas, y repetición de curso, como el resto de materias. Nada nuevo bajo el sol. La derecha española ha apoyado siempre a la escuela privada confesional porque también ha recibido y recibe el apoyo ideológico de esta, donde se adoctrinan a los alumnos de acuerdo con una visión tradicional de la religión, familia, patria, etc.

El hacer estas concesiones a la CE es altamente peligroso, además de cuestionable constitucionalmente, para el buen funcionamiento de nuestra democracia, porque la iglesia católica ha sido y es una institución reñida con un régimen de libertades.  Conviene recordar que ha sido una constante histórica en España la intransigencia de la jerarquía católica, que ha imposibilitado el equipararnos a un país moderno, como es un Estado laico e impedido hasta fechas no muy lejanas la presencia entre nosotros de otras confesiones religiosas. Por ello, ha llegado a calar en amplios sectores de la sociedad española, acríticos y desconocedores de nuestra historia, que una de nuestras características esenciales es la catolicidad. Al respecto, cabe mencionar que otras opciones religiosas, como la musulmana, judía o protestante fueron arrancadas de cuajo. Obviamente, así, claro que España ha sido católica, no cabía otra opción. Y en base a tal circunstancia, las jerarquías católicas se han creído y lo creen todavía el tener derecho a imponer determinadas opciones, no solo religiosas, sino también políticas, morales, sociales y culturales a toda la sociedad española, cuando en ella amplios sectores tienen otras creencias religiosas, e incluso prescinden de ellas. Esta costumbre es multisecular. Y sigue vigente. No cambian. Viene bien recordar la historia, para entender mejor el presente.

En 1788 el Santo Oficio incautó todos los ejemplares de la Encyclopédie Methodique, donde apareció el artículo Espagne, de Masson de Morvilliers en el que se decía "El español tiene aptitud para las ciencias, existen muchos libros, y, sin embargo, quizá sea la nación más ignorante de Europa. ¿Qué se puede esperar de un pueblo que necesita permiso de un fraile para leer y pensar?"

Siglo y medio después, el 8 de octubre de 1931, en las Cortes de la II República en el debate sobre la "cuestión religiosa" y la enseñanza, Fernando de los Ríos, el entonces ministro de Justicia con un profundo dolor terminó su impresionante discurso, cuya lectura a cualquier cristiano, otra cosa es si es católico, le debería estremecer "Y ahora perdonadme, señores Diputados, que me dirija a los católicos de la cámara. Llegamos a esta hora, profunda para la historia española, nosotros los heterodoxos españoles, con el alma lacerada y llena de desgarrones y de cicatrices profundas, porque viene así desde las honduras del siglo XVI; somos los hijos de los erasmistas, somos los hijos espirituales de aquellos cuya conciencia disidente individual fue estrangulada durante siglos. Venimos aquí con una flecha clavada en el fondo del alma, y esa flecha es el rencor que ha suscitado la Iglesia por haber vivido durante siglos confundida con la Monarquía y haciéndonos constantemente objeto de las más hondas vejaciones: no ha respetado ni nuestras personas ni nuestro honor; nada, absolutamente nada ha respetado; incluso en la hora suprema de dolor, en el momento de la muerte, nos ha separado de nuestros padres".

Durante la dictadura franquista se implantó el nacionalcatolicismo. La religión católica fue obligatoria en primaria, en el bachillerato y hasta en la Universidad. Una vez instaurada la "democracia", la jerarquía católica ha defendido siempre que la religión católica se impartiera en los centros educativos públicos. Ella nombra los profesores de religión, aunque los paga el Estado, y si por alguna razón, como el haberse divorciado, pierden la confianza de la autoridades eclesiásticas, estas los cesan. El despedido reclama lógicamente, la Magistratura de Trabajo le da la razón al ser un despido improcedente, y la correspondiente indemnización la asume el Estado. Alucinante. Mas no tienen bastante. Además exigen para que la enseñanza de la religión católica no pierda su carácter de disciplina fundamental que los alumnos que no deseen recibirla tengan una opción alternativa, prescriptiva, evaluable y computable, que tiene que impartirla el profesorado público, con su correspondiente costo económico. Y la Conferencia episcopal acaba de conseguir sus aspiraciones, sin necesidad de manifestarse en las calles. El ministerio sin negociar con los sindicatos representantes del profesorado ni con las organizaciones de padres, se ha reunido con los obispos para satisfacer sus deseos, ya que a los alumnos que no quieran religión se les impone en la LOMCE Valores culturales y sociales en Primaria y Valores éticos en la ESO. Alucinante. Esta imposición ya viene de lejos. Fue Otero Novas, en 1980, bajo el gobierno de UCD el ministro que introdujo el régimen de alternativa obligatoria: la asignatura de Ética, que sería evaluable, como la de religión, al igual que las demás disciplinas fundamentales. Según Gómez Llorente "Se rechazaba así, por vez primera, el régimen de pura voluntariedad --aceptar o rechazar esta enseñanza-- y se afirmaba un estatuto de derechos y deberes realmente singular que "pasaba a consistir en optar entre ir a la clase de religión o purgar la heterodoxia cursando otra asignatura, de la que estaría exento si fuese a la clase de religión". En el año 2000, con el PP se retornó a la "solución Otero": la religión católica tendría una alternativa, evaluable y computable. La de --"sociedad, cultura y religión"--.

También al diktat de la Conferencia Episcopal el Ministerio elimina Educación para la Ciudadanía, que no vendría mal en estos momentos. Y reafirma los conciertos a aquellos colegios, especialmente del Opus, que segregan a los alumnos por sexo. La Historia se repite, ya que unas jerarquías religiosas siguen imponiendo sus opciones a toda la ciudadanía. No han aprendido nada. 

Algunas reflexiones sobre la política educativa del PP