sábado. 20.04.2024

¿No me consta? O… ¡Me consta que no!

Las situaciones comprometidas logran sacar las más íntimas contradicciones, inseguridades y falsedades al provocar que aflore, bien lo que el inconsciente adelanta, bien lo que de forma minuciosamente calculada aconseja, con tal de intentar pasar el amargo cáliz, con el que la cruda realidad enfrenta a algunos, y algunas, nunca mejor puntualizado. Así que, en estas circunstancias, el lenguaje suele traicionar, al menos en lo que de revelación supone.

Las situaciones comprometidas logran sacar las más íntimas contradicciones, inseguridades y falsedades al provocar que aflore, bien lo que el inconsciente adelanta, bien lo que de forma minuciosamente calculada aconseja, con tal de intentar pasar el amargo cáliz, con el que la cruda realidad enfrenta a algunos, y algunas, nunca mejor puntualizado. Así que, en estas circunstancias, el lenguaje suele traicionar, al menos en lo que de revelación supone.

Tras los espeluznantes episodios de corrupción revelados por algún periodismo y coreado por todos los demás, los implicados o cercanos a los implicados, independientemente de su grado y condición, espetan un NO ME CONSTA, cuando se les inquiere sobre los tremendos hechos conocidos, en los que los euros, procedentes de la ciudadanía, se distribuyen en sobres en una de las escenas más acomodadas al tipo de personajes que forman parte de esta trama indeseable. Merece la pena que nos detengamos en este tipo de valoración. No me consta, significa que una, la Secretaria General del PP, que ha pronunciado tal respuesta, por su mediocridad, incapacidad de enterarse de nada o simplemente por su ineficacia, falta de contacto con la realidad o desprecio a la razón, es capaz de pensar que se puede escabullir de ésta, pese a la responsabilidad contraída en su partido y en todo esto. O ¿me consta solo significa que todavía no se ha enterado?, ¿cómo es posible?, ¿a quién intenta engañar?, ¿cree posible desviar la atención hasta tal extremo? Pero, al tiempo que formula esta contestación abre el interrogante, ¿por qué la Secretaria General del PP no dice que le CONSTA QUE NO se han producido los execrables hechos que se les imputa desde la canallesca? No ha podido ser concluyente empleando la última frase, y ha acudido a otra menos comprometida, anunciando lo que parece inevitable que viene y que se está calentando en estos momentos. En otros casos, declaraciones como ésta, han intentado ocultar, incluso, la propia implicación de quién lo formulaba.

Lo cierto y verdad es que nos encontramos, posiblemente, ante el mayor caso de corrupción muy generalizada y empleada con el mayor de los descaros por un Partido Político, probablemente a escala continental, sino mundial. ¡No es posible que nos pase esto a nosotros! Por si fuera poco lo que tenemos, ¡ahora esto!. En las actuales circunstancias, la ciudadanía no está en condiciones de recibir este mazazo. Es que hasta hay que poner en duda cual fue la razón de la implantación de la Amnistía Fiscal, nunca comprendida por nadie con dos dedos de frente. ¿Es posible que estuviera diseñada con fines de exculpación del propio PP o de algunos de sus miembros? ¿Quién puede creer, en estos momentos, que las medidas que toma un partido político, capaz de hacer estas cosas, pueda ser el interés general?

La Sociedad española sufre, en este caso, un tremendo revés del que veremos cómo se puede recuperar. Los dirigentes del PP, que llegaron al poder prometiendo una salida a los problemas de la ciudadanía, que aseguraron que sabían cómo hacerlo, que desbancaron a otro partido político, el PSOE, atacando, increpando sin piedad, descalificando con saña, ahora resulta que una vez tomado el poder nos somete a cualquier tipo de desmanes, en especial el ideológico, vapuleando cuerpos y mentes, arrasando presente y futuro, sanidad y educación, bienestar e investigación, convivencia y creencias y no se detiene en meternos la mano en la cartera, sino que presuntamente dilapida nuestro dinero apropiándoselo, para que todo nos cueste más, no disfrutemos de algunas cosas y muchas ni siquiera podamos tenerlas. Eso es lo que significa toda esta trama, que nunca obró por nuestro interés, y a la que no les importamos los ciudadanos, que su única política es la eficacia con la que los recursos públicos caen en manos privadas.

La cuestión relevante es la opacidad de los gobiernos actuales, tanto nacional como los regionales, algunos campeones europeos de esta contravirtud que es la falta de transparencia. No es posible que un sistema democrático no sea capaz de airear la inmundicia salvo cuando estalla algún episodio. La falta de decencia política y el descaro con el que actúan estos que niegan rotundamente o absolutamente alguna cosa, para ocultar conductas desviadas, solamente se descubre cuando el sistema se hace añicos, como consecuencia de un derribo derivado de alguna causa, la más de las veces, lateral, como ocurriera con Elliot Ness en la selva de la América en sus inicios. Es que nos estamos enterando de todo lo que ocurre, afortunadamente, pero demasiado tarde. Este pastel ha engordado durante demasiado tiempo. Son demasiados los que presuntamente han participado, obtenido beneficio o consentido el desmán. Hay que mejorar este sistema democrático para que no se pueda apelar al Tribunal de Cuentas, que visto lo visto, poco o nada garantiza. Si de algún dirigente del PP no se puede afirmar con rotundidad que ME CONSTA QUE NO, simplemente el no me consta oculta su potencial participación. No importa que sean muchos. No importa que sean muy altas sus posiciones, actuales o pasadas. No importa que dejen o abandonen sus puestos. No importa, incluso si lo hacen de forma colectiva. No importa a dónde se les pueda llevar, donde corresponda. Pero lo que sí importa es limpiar esto de indeseables. Sí importa que todos los que metieron o tendieron la mano o consintieron, sufran las consecuencias que se derivan de lo cometido. Sí importa que quieran lavar su inmundicia salpicando a todos, para hacer creer que todo el mundo es igual. A quién piense de este modo, decirle que examine uno a uno a los políticos que mete en el mismo saco, que compare el nivel de su agresión, que calibre bien el alcance, que medite sobre la forma en la que lo llevó a cabo. Solo después de un análisis meditado, se puede concluir de forma cabal en quién depositar la confianza. Porque es necesario salir de esta y hay que confiar en los que la merecen. Y visto lo visto, nuestra mejor palabra como ciudadanos radica en nuestro voto. Cuando se vota, se decide con quién formar parte y puede ser con la solución, del mismo modo que ahora, muchos optaron con estar por parte del problema. La pena es que lo sufrimos todos. ME CONSTA QUE SÍ.

¿No me consta? O… ¡Me consta que no!