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jueves. 01.12.2022

¿Merece la pena intentarlo no?

Hace un rato he tenido la posibilidad de terminar una cena en Madrid donde se planteaban cosas tan necesarias como la regeneración democrática, la apertura de la sociedad, la superación de viejos planteamientos o la aplicación de nuevas formas de hacer política.

Hace un rato he tenido la posibilidad de terminar una cena en Madrid donde se planteaban cosas tan necesarias como la regeneración democrática, la apertura de la sociedad, la superación de viejos planteamientos o la aplicación de nuevas formas de hacer política. En resumen, la búsqueda del mínimo común múltiplo que permita converger en el presente y de cara al futuro al conjunto de las izquierdas y/o fuerzas progresistas en todas sus vertientes, la social, la política y la sindical.

Poner encima de la mesa una proceso de primarias ciudadanas, donde los partidos, sindicatos y la sociedad civil tejan nuevas redes y nuevas formas de participar en las instituciones, es una apuesta complicada. Pero no por ello menos necesaria.

En esta cena, nos encontrábamos representantes de la izquierda denominada institucional, de la que aún no lo es pero busca serlo, de los movimientos sociales, la universidad, el sindicalismo o la cultura, con un objetivo inicial: buscar puntos de encuentro para tejer esas redes. Y se logró, es verdad que no en todo caso, porque siempre existen de manera inevitable tendencias a poner en marcha el izquierdómetro y abortar la posibilidad, ni tan siquiera, de explorar la convergencia con los que representan electoralmente a una parte fundamental de la izquierda.

Negar la evidencia de que ha llegado la hora de no sólo buscar nuevas respuestas sino también aplicar nuevas formas de entender la representación política, es no querer asumir que se ha culminado un ciclo -y por tanto arriesgarse a dejarse arrastrar a un pozo sin fondo- y toca ser ambiciosos y valientes para empezar uno nuevo. Intentar hacer esto sin contar con los actores políticos, sociales y sindicales, que siguen representando y no van a dejar de hacerlo, a las sensibilidades mayoritarias de la ciudadanía progresista, no sólo es un error de bulto infantil sino un planteamiento sectario que inhabilita a quien lo hace para arrogarse la bandera del cambio.

PSOE, IU, Equo, sindicatos, movimientos sociales, individuos indignados..., nadie sobra en el intento de aplicar a nuestro modo procesos ilusionantes que ya han funcionado en otros sitios (Italia sobre todo) y que han permitido que millones de ciudadanos recuperaran no sólo la ilusión de volver a sentirse parte de la acción política de la izquierda sino con esperanza de poder ganar a la derecha e impedir que se siga avanzando en la destrucción de nuestro mínimo estado del bienestar.

Yo creo que la tarea merece la pena. Al menos intentarlo.

¿Merece la pena intentarlo no?