viernes 13.12.2019

Venezuela como objetivo mediático y militar

La alarmante tendenciosidad de los medios masivos de difusión de noticias.

En paz (foto: Iñaki Chaves)
En paz (foto: Iñaki Chaves)

Lo que está sucediendo con Venezuela es un mal ejemplo y un peligro para la democracia

Hay una fijación en ciertos medios y en sus redactores y colaboradores por criticar todo aquello que “huela” a rojo o que no “case” con las propuestas derechistas del país o de su socio mayor en cualquiera de los múltiples TLC. Y criticar no es malo, siempre que se haga con argumentos y al menos de la manera más honestamente subjetiva posible.

El ejemplo paradigmático es el caso de Venezuela. Se le da madera por todo, cualquier excusa, la más mínima sospecha, el bulo menos contrastado o el más tonto de los motivos es causa suficiente para echarle tierra encima buscando enterrarla cada vez más.

Tras la nueva toma de posesión de Maduro como presidente de la República Bolivariana de Venezuela, se han incrementado las declaraciones y las acciones en su contra. Ya no sólo es un objetivo mediático, sino también militar. Las voces contrarias a esa defenestración no son escuchadas, las favorables tienen más eco en los medios y por ello mayor recepción en las poblaciones, sobre todo en los países del continente sudamericano.

Lo que está sucediendo con Venezuela es un mal ejemplo y un peligro para la democracia. Las autoproclamas rayan en lo más absurdo de la pseudopolítica a la que nos tienen acostumbrados quienes nos gobiernan y que para nada muestran talante político democrático en sus planteamientos o en sus maneras de ver la realidad del mundo hoy.

Que cualquier país se meta en la política interna de otro que es soberano, con un régimen democrático, nos guste o no, sancionado por la ciudadanía, con menor o mayor apoyo, es una falta de respeto y de calidad humana y política. Y si eso además se hace con la excusa de defender la democracia, es para preocuparse porque esa “defensa” es una manera de injerencia que lo que busca es mantener la región en continuas luchas sociales que, por desgracia, pueden acabar en derramamiento de sangre. Pero a esos “demócratas” les importa poco la vida de los demás, ahí está su verdadera calidad política.

Hay gobiernos a los que no les importa provocar guerras. Ellos no arriesgan nada. Venden sus armas, colocan sus peones, siembran odios, mueven sus fichas y recogen las “ganancias”. Las pérdidas, vidas humanas y recursos naturales, las ponen los otros. La excusa es “salvar la democracia”, bastante les importa, la realidad es desestabilizar, mangonear y manejar el mapa del mundo como si fuera el tablero del juego del risk. Hay dictaduras, de las de verdad, que continúan “funcionando” con el respaldo de esos que se autodenominan “adalides” de la libertad.

Parece que se nos olvida la historia, que los millones de muertos de las miles de guerras se han perdido en los sótanos de la memoria. Si de verdad fueran demócratas y defensores de las libertades, desbloquearían las relaciones multilaterales, dejarían de oprimir la economía y el comercio y permitirían que fuera el pueblo venezolano, en condiciones de “normalidad”, quien decidiera si quiere a este gobierno o a otro. Pero prefieren extender sus garras “salvadoras” hacedoras de muerte y desolación que arriesgarse a que la ciudadanía participe y elija otra opción.

Y los demás gobiernos, tan “democráticos” como aquel al que siguen, o tan “antidemocráticos” como aquel al que critican, completan el sainete ejerciendo de correveidiles, lameculos y alcahuetas y se pliegan a las órdenes del orate que ejerce de director de escena sin respetar el guion. Se saltan las leyes sin ni siquiera consultar a su población. Esa es su manera de practicar la democracia.

¿Alguien se ha planteado qué ocurriría si la situación fuese al revés? Si Maduro se hubiese autoproclamado presidente en funciones le habrían caído hostias de todos lados. Así está este mundo tan falso, con sus hipócritas dirigentes y sus ciudadanías ignorantes.

Venezuela como objetivo mediático y militar