martes 20/10/20

Sin Quino y con Mafalda

Después de dos días de pensarlo mucho y preguntarme “¿y ahora qué?”, me he respondido “pues habrá que seguir”. Y he querido publicar esto.

A Quino (foto: Iñaki Chaves)

Joaquín Lavado se ha marchado, pero nos ha dejado a su hija rebelde y con ella Quino estará siempre entre nosotras. Mafalda, cual aquel Oscar protagonista de El tambor de hojalata, no creció en los 56 años transcurridos desde su primera aparición “oficial” el 29 de septiembre de 1964. En parte para que, como decía Quino, la dictadura no la desapareciera.

Aunque nunca creció físicamente, se desarrolló intelectualmente como pocos personajes de comic en la historia y con ella nos despabilamos muchas de las personas que creímos que alguna vez el mundo tendría arreglo y otro mejor sería posible. Ella, pese a vivir “en activo” solamente nueve años, lleva acompañándonos con sus tiernas diatribas más de medio siglo.

La labor de Quino y sus personajes a favor de la vida y los valores humanos no tiene, al menos a mi entender, parangón en el arte. Sí, porque el comic es un arte. Dibujar y crear textos que en no más de cuatro cuadrículas de una sola tira cómica nos dieran verdaderas lecciones de humanismo, de ética, de responsabilidad y de crítica social es una habilidad que el autor argentino dominaba como pocos.

Ya no habrá nuevas sopas que tragar ni planetas que arreglar, pero siempre nos quedarán las enseñanzas y sarcasmos de una niña que intentaba, como afirma el propio autor, “resolver el dilema de quiénes son los buenos y quiénes los malos en este mundo”. Un mundo que ella veía de una manera muy particular y al que siempre hizo una crítica constructiva, cítrica y emotiva a partes iguales.

Quino, el tipo que no creía en nada, creó a la niña más creyente en la humanidad pese a su escepticismo. El sujeto que decía no tener ideas políticas diseccionó como nadie la condición humana en trabajos como “Quinoscopio”.

Ya no tendremos a Quino, pero contaremos con Mafalda para que nos siga mostrando, con una sonrisa y música de The Beatles, el largo y tortuoso camino que tantas veces nos llevó hasta su puerta.

Sin Quino y con Mafalda