domingo 05.04.2020

“El poder no puede hacer nada contra el sentido del humor”

El siglo XX en el humor acabó el 22 de febrero de 2018 con el fallecimiento de Forges, alias “Antonio Fraguas”.
En 2006 durante la entrevista (foto: Julián Rebollo – FSAP-CCOO)
En 2006 durante la entrevista (foto: Julián Rebollo – FSAP-CCOO)

Nació en Madrid el 17 de enero de 1942 y murió en la misma ciudad el 22 de febrero de 2018. Dos años después de su marcha, le dedicamos un recuerdo a partir de aquella entrevista que le hicimos para el número de diciembre de 2006 de Tribuna de la Federación de Servicios y Administraciones Públicas de Comisiones Obreras y que sigue tan vigente como entonces.

Fue, según sus propias palabras, un pésimo estudiante y un avezado futbolista, además de un periodista “vago”. Para su hermano Rafael, era un tipo ingenioso, que no divertido, con un humor tierno y gran sentido común que odiaba el conflicto. A lo largo de su vida publicó ciento ochenta libros, entre propios e ilustrados para otros, y más de ochenta mil viñetas (lo que supone algo más de cuatro al día durante sus más de cincuenta años de actividad).

Su primer dibujo se lo publicaron en el madrileño diario Pueblo en abril de 1964 y estaba dedicado al obrero que tenía la ingente tarea de tapar los baches de las calles de Madrid. Después, fue creando un estilo propio, obediente a los consejos de su padre que le decía que sus dibujos debían tener una personalidad que se pudiera reconocer a quince metros. De ahí salieron, entre otros, personajes como la Concha y el Mariano, matrimonio de toda la vida, típico y desigual; el ujier Romerales, al tanto de todos los runrunes de pasillo y las patrañas de los políticos en el Congreso; los “blasillos”, con la mirada e inteligencia natural del campo a problemas las más de las veces citadinos; los náufragos, nada perdidos y muy certeros, y los tópicos y clásicos funcionarios a los que Forges “daba palo” casi a todas horas. Sería porque él también formaba parte de esa particular clase de trabajadores.

Del periódico vespertino del movimiento pasó al diario Informaciones, en donde su director, Jesús de la Serna, le pidió hacerse cargo del chiste editorial del periódico. Para otro ilustre periodista desaparecido, Jesús Hermida, que fue quien le llevó a los medios, Forges tenía gran facilidad para provocar una sonrisa aparentemente inocente pero detrás de la cual había mucha crítica política, social y humana.

En aquel encuentro en su despacho de la madrileña calle Barquillo nos confesó que nunca se sintió un “Pepito grillo” porque decía que de eso a talibán había un paso, “sobre todo cuando hay audiencias y rotativas de por medio”, pero sí un “blasillo” que iba acompañado de uno de sus amigos de verdad para intentar explicar la inexplicable realidad de cada día. Una de sus enseñanzas en aquella conversación de hace más de trece años, fue sobre las huelgas, de las que decía que “son incomprensibles los sistemas de huelga del s. XIX aplicados en el s. XXI. Hay que hacer huelgas ingeniosas porque el poder no puede hacer nada contra el sentido del humor”. Y aprovechó para pedirle a los sindicatos que hicieran “un concurso de ideas sobre sistemas de reivindicación social distintos a los tradicionales. No es no hacer huelga sino que es mejor no cobrar la gasolina que no servirla”.

Entrevista a Forges publicada en Tribuna FSAP en diciembre 2006

Medalla de Oro al Mérito en el Trabajo en 2007; Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes en 2011. Doctor honoris causa en 2014 por la Universidad Miguel Hernández y en 2016 por la Universidad de Alcalá de Henares. También fue premio a la libertad de expresión de la Unión de Periodistas en 1979. Preguntado por esa libertad, Forges afirmaba que había “un grupo mucho mayor (de personas) que no es que no tengan libertad de expresión, es que no tienen libertad de expresarse”, pidiendo que hiciéramos “un examen de conciencia entre los que nos dedicamos a comunicar para posibilitar que esa gente pueda hablar”. Vigente y cierto.

Su análisis de la situación política de aquel momento podría ser aplicable al actual contexto español. Pedía no dar pábulo a la extrema derecha que solamente busca la provocación, y por eso en sus chistes prefería “hablar de cosas importantes: el paro, la vivienda, el trabajo precario… (…) los fascistas que intentan enfrentar a la sociedad con temas como la inmigración, aumentarán sus audiencias y sus ventas, pero la historia les colocará en el lugar que les corresponde, en las páginas oscuras del devenir de la convivencia”. ¿Les suena?

Tras su fallecimiento, algunas destacadas figuras de los medios, organizaciones sociales y compañeras y compañeros en diversas lides escribieron:

“Era un filósofo de la vida cotidiana, un debelador de entuertos, un defensor de causas pendientes o un juez implacable, dotado de un envidiable sentido crítico” (Antonio Caño).

“Era el humor de la vida cotidiana, inundado de nostalgias, pero siempre amable, incapaz de hacer daño, el humor de la añoranza y la decepción, pero nunca de la tristeza” (J.L. Cebrián).

“En un país de malhumorados, el buen humor de Forges ha supuesto durante 50 años la demostración de que se puede criticar la realidad sin hacer daño a sus protagonistas” (Julio Llamazares).

“Siempre con ese tono amable que calaba más que un grito. Fue uno de los primeros en detectar el nivel de hartura de la sociedad, siempre estuvo con los pies en el suelo y los ojos abiertos” (Rosa María Artal).

“Era un sociólogo de la España vacía, un creador de palabras, un visitante asiduo e inteligente de la soledad por la que, como él en este medio siglo, transitaron en su día los personajes de Cervantes” (Juan Cruz).

“Una vez me dijo que es importante que la vida sea larga pero más importante es que la vida sea ancha. Creo sinceramente que él ha conseguido una vida ancha y lo más meritorio es que ha logrado ensanchar la nuestra” (Pepa Fernández).

“Gracias por tu compromiso, por tu imaginación, por tu pluma siempre dispuesta a la denuncia, la solidaridad y la compasión” (Amnistía Internacional España).

Alex Grijelmo ha dicho de él que “conocía con profundidad su lengua, y gracias a eso fue capaz de gastarle al genio del idioma unas bromas que, lejos de incomodarle por atentar contra sus viejos criterios, le habrán hecho reír a carcajadas”.

Además, fue un apasionado de Cervantes y del Quijote, con quienes dialogaba y a los que dedicó muchas de sus viñetas y con los que fue protagonista en varias exposiciones como en el Museo Casa Natal de Cervantes en Alcalá de Henares, en la Casa de Medrano de Argamasilla de Alba, en la Biblioteca Marqués de Valdecilla de la Universidad Complutense de Madrid o en la Casa Revilla de Valladolid.

Viñeta de Forges publicada en El País el 14 de noviembre de 2009

Como homenaje a un dibujante simpar, que afirmaba que seguía teniendo 11 años y que no sabía dibujar, se publicó en 2019 Forges inédito, un libro que recoge una selección de trescientas viñetas recopiladas por su familia. Mañana, 23-F, ¡qué casualidad!, se clausura en la Biblioteca Nacional en Madrid la exposición “La Constitución por Forges”, en la que se recogen las ilustraciones que el artista dedicó a la Carta Magna para hacerla cercana y comprensible a todas y a todos.

En la página de dedicatorias del libro que Forges ilustró y Juan José Millás escribió, Números pares, impares e idiotas (Barco de Vapor, 2003), uno de los alter ego del dibujante, Blasillo, dice “Estoy con los que suman y multiplican la solidaridad y no con los que la restan y la dividen”. Esa era la postura frente a la vida de este personaje entrañable, crítico y solidario, un humorista gráfico de “buena leche”, casi filósofo y cuasi científico, por las reflexiones expresadas por sus personajes, de los que pensaban que no es que los humoristas fueran buenas personas, sino que hacer humor une a mucha gente y les hace parecerlo.

El 30 de enero de 2013, la serie “Imprescindibles” de RTVE estrenó en el centro cultural Matadero de Madrid el documental “Antonio, el forgesporáneo” dedicado a Forges, alias Antonio Fraguas, un dibujante hecho a sí mismo que nunca quiso ser un referente de nada, pero lo era. Al menos, para una parte importante de la ciudadanía, ente la que me encuentro, de aquella España que despertaba a la democracia y se ilustraba con sus viñetas. Su deseo era que no le dedicaran follones, ni calles, ni líos, ni homenajes, ni nada, pero le dedicamos un “No te olvidamos…” como aquellos que él incluía en sus viñetas para recordar y denunciar temas como la situación de las personas refugiadas o de las mujeres, el hambre, las fronteras y otras injusticias mundiales.

Hoy, quisiera darle de nuevo las gracias, como en 2006, y seguramente él me respondería de la misma manera: “De nada, son mil quinientas”.

“El poder no puede hacer nada contra el sentido del humor”