jueves 21/1/21

Se coarta el derecho...

...de la ciudadanía a formarse un criterio propio, cuando se le hurta información, se le tergiversan los hechos, o se le miente sin más.

...de la ciudadanía a formarse un criterio propio, cuando se le hurta información, se le tergiversan los hechos, o se le miente sin más.

Más allá de que los mismos medios que la tachan de populismo inconsistente, no deberían ocultar que se trata de impuestos recomendados por organismos tan poco sospechosos de radicalismo de izquierdas como el FMI

En estos días asistimos a una auténtica ceremonia de la confusión, en torno a la propuesta que el PSOE ha hecho pública para resolver el déficit del sistema de pensiones y asegurar su estabilidad, y en buena medida esa confusión viene generada por algunos medios de comunicación que, o bien han optado por escribir sobre la propuesta sin habérsela leído o, habiéndosela leído, no han sido capaces de explicarla o sencillamente no han querido hacerlo.

El Gobierno anticipa un desequilibrio entre ingresos y gastos de la Seguridad Social para este año del orden de los siete mil millones de euros.

¿Y qué propone el PSOE para cubrir ese déficit?:

1.- Reducir los gastos del sistema de pensiones, liberándolo de cargas que no le corresponden, como son los gastos de gestión de la Seguridad Social, o los costes de medidas políticas de fomento del empleo. (4.347,83 millones de euros).
2.- Aumentar los ingresos intensificando la lucha contra el empleo irregular y el fraude.
3.- Mejorar las bases de cotización mediante una política de empleo basada en salarios decentes
4.- Complementar la financiación del sistema con un nuevo impuesto extraordinario a la banca (800 millones de euros) y otro a las transacciones financieras (800 millones de euros).

Pero sorprendentemente se ha atizado todo un revuelo mediático de descalificación de la propuesta en su conjunto, omitiendo cualquier valoración sobre los tres primeros pilares que constituyen el eje estructural del modelo, por la vía de considerar demagógica la mención a los nuevos impuestos a la banca y a las transacciones financieras, lo cual se revela bien como una muestra de escaso rigor analítico, o bien como un injustificable ejercicio de manipulación.

Más allá de que los mismos medios que la tachan de populismo inconsistente, no deberían ocultar que se trata de impuestos recomendados por organismos tan poco sospechosos de radicalismo de izquierdas como el FMI, o vigentes en países de acrisolada ortodoxia económica como puedan ser Francia o el Reino Unido. Me inquieta este empeño que ponen en defender los intereses de la banca y de los mercados financieros, frente al desdén que demuestran hacia la vulnerabilidad de millones de personas cuyo futuro depende de la sostenibilidad del sistema de pensiones.

Se coarta el derecho...