jueves 21/1/21

Palabra de Brufau

Dice Brufau que desconfía de los adjetivos “verde” y “limpia” aplicados a la energía y que él prefiere hablar de “energía justa y responsable”.

Resulta siempre interesante, y muy instructivo, conocer las opiniones de los directivos que están al frente de las grandes empresas petroleras de referencia, a fin de tener una perspectiva lo más amplia posible de las dificultades políticas, económicas y sociales, que habrán de arrostrarse en la transición hacia un nuevo patrón energético global, en un plazo de tiempo razonable y mediante mecanismos justos. No cabe duda de que han de ser quienes defienden sus propios intereses económicos, quienes ofrezcan un mayor grado de resistencia a un cambio de paradigma que implicará, en buena medida, un progresivo desalojo del mercado entre el medio y el largo plazo de gran parte de sus líneas de negocio más rentables. Y este es el caso de un empresario español de referencia a nivel mundial, Antonio Brufau, a la sazón presidente de Repsol, de quien acabo de leer un conjunto de reflexiones al hilo de las convulsiones que han acompañado en los últimos meses a los precios del crudo, sobre algunas de las cuales quizás merezca la pena detenerse aunque sea brevemente.

Dice Brufau que desconfía de los adjetivos “verde” y “limpia” aplicados a la energía, en tanto que considera que son palabras vacías de contenido, al tiempo que afirma que él prefiere hablar de “energía justa y responsable”. No me parece a mí que verde y limpia sean conceptos abstractos, pero como sobre gustos no hay nada escrito, aceptaré los que propone como alternativos. Deberíamos hacer uso únicamente de una energía responsable, esto es de aquella que no ponga en riesgo la sostenibilidad del Planeta, porque de no hacerlo así estaríamos cometiendo una tremenda injusticia con quienes ya están sufriendo hoy en primera persona las consecuencias de un acelerado cambio climático consecuencia de las emisiones desbocadas por el uso de los combustibles fósiles, y perpetrando la mayor de las injusticias con el conjunto de la humanidad en las generaciones futuras, que pagarán muy cara en el futuro nuestra irresponsable dieta energética del presente.

A continuación afirma que “la energía ha de costar lo que la gente pueda pagar”. Y también en esto acepto su tesis. No podemos seguir asumiendo sin más que las personas paguen la energía proveniente de combustibles fósiles con el precio inasumible que implica el creciente deterioro de la salud y la reducción de las expectativas de vida, como consecuencia de unos niveles de polución atmosférica que, de acuerdo con las últimas estimaciones de la OMS, provocan del orden de unos siete millones de muertes al año, constituyendo en la actualidad, por si solos, el riesgo ambiental para la salud más importante del mundo.

Lo que ya no me parece aceptable es el pronóstico que, con indisimulada satisfacción, desliza a continuación: “el mix energético no cambiará mucho en los próximos años”.

Muy al contrario, ese mix debe ser sustituido radicalmente en el menor plazo de tiempo posible, porque de no ser así, estaríamos consolidando un sistema tan injusto como irresponsable que está obligando a la humanidad a pagar el precio más alto que uno se pueda imaginar.

Palabra de Brufau