jueves 21/1/21

Contadores inteligentes

La mitad de los consumidores de energía eléctrica en nuestro país confiesa no entender el recibo de la luz, pero es probable que la otra mitad ni siquiera lo intente.

La mitad de los consumidores de energía eléctrica en nuestro país confiesa no entender el recibo de la luz, pero es probable que la otra mitad ni siquiera lo intente. Bromas aparte, una encuesta difundida por UNESA realizada el pasado mes de abril entre más de 2.000 personas en todo el país, revela datos ciertamente preocupantes en relación con el conocimiento que tenemos respecto a uno de los bienes de consumo que mayor interés suscita entre la ciudadanía, y que más desvelos provoca entre las familias especialmente vulnerables a los efectos excluyentes de la crisis.

Vengo defendiendo desde hace tiempo que el singular desarrollo del mercado eléctrico español, ha dado lugar a una de las consecuencias más perniciosas que cabría esperar respecto a un bien de interés que es objeto de especial regulación y control, como es el hecho de que se haya asentado la idea de que el verdadero negocio energético no está en la luz que es objeto de compraventa, sino en la oscuridad con que se produce la cadena de transacciones comerciales que median entre su origen y la llave de la luz de nuestra casa. Así las cosas, no es de extrañar que un fenómeno relativamente reciente en su identificación social como es el de la pobreza energética, esté trayendo de cabeza tanto a las empresas eléctricas como a las administraciones públicas, en busca de posibles respuestas eficaces encaminadas a su erradicación.

En un tiempo en el cual buena parte de los avances que las sociedades experimentan en relación con la evolución de su calidad de vida vienen de la mano de la innovación tecnológica, es razonable concluir que también la tecnología ha de ser un puente hacia una realidad energética mucho más permeable a las necesidades de los consumidores. Así germina la idea de dejar atrás los viejos contadores de la luz anclados en modelos del Siglo XX, para dar paso a una nueva generación de sistemas de medida acordes con el nuevo siglo que transitamos. Los llamados contadores inteligentes.

Coincido al 100% en el planteamiento de acomodar los protocolos de gestión de la información en pro de nuevos objetivos de eficiencia, de forma tal que sea posible reequilibrar el peso de las políticas de oferta y demanda, otorgando una mayor relevancia a esta última. Es fundamental que el comprador conozca en tiempo real los precios que se marcan en el mercado, a fin de que pueda tomar sus decisiones de compra con datos objetivos, pero me temo que ello no va a ser posible con los mecanismos de implantación de los nuevos contadores, ya que quienes recibirán en primera instancia la información que éstos computan serán las empresas eléctricas, y no el abonado cuyos consumos están sujetos a su control.

Ahora bien, supongamos que algo de inteligencia anida también en las cabezas responsables de la cosa energética, y que sean capaces de prever que, al igual que recibimos en nuestro teléfono móvil en tiempo real el aviso de cualquier operación realizada en nuestra cuenta bancaria, podamos tener acceso también a los datos de nuestros consumos de electricidad, de gas o de agua, tal que si nuestra vivienda fuese dotada de sistemas inteligentes de control para facilitarnos el día a día.

Llegados a este punto podríamos encontrarnos con la paradoja de que no habríamos resuelto el problema de partida, este es el de la dificultad para entender el recibo de la luz, ahora multiplicado por el de la complicación de las lecturas del contador.

Conclusión: antes de dar el salto a los contadores inteligentes, demos el paso de hacer inteligibles los recibos.

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