jueves 09.04.2020

Una nueva etapa

La derecha ha votado masívamente, sus abstencionistas se han movilizado esta vez porque la oferta era más variada que otras veces y cubría mejor los deseos de su electorado mientras que los votantes socialistas se han quedado en su casa porque no se les ha motivado

Esta semana empieza una etapa en la política andaluza totalmente desconocida hasta ahora. La formación de un gobierno de la derecha, apoyado por un partido neofranquista.

Qué ha podido pasar para que en la Andalucía roja por excelencia, hayan hecho su aparición los herederos de la Dictadura, apoyados por 400.000 andaluces, nada menos.

Ha pasado que los partidos de la izquierda no han hecho los deberes. A estas alturas ya deberíamos saber que en política es necesario tener un proyecto, hacer que sea conocido y, lo más importante, que ilusione, que despierte esperanzas, que ofrezca retos nuevos que alcanzar y sobre todo, convencer al electorado. Si esto no se hace, la gente buscará en otros caladeros quién se lo ofrezca aunque sea con mentiras, pero al menos ofrecen algo que parece nuevo, por más que sea la recuperación de los principios que sufrimos con la Dictadura.

Cuando se buscan explicaciones para justificar los 36 años ininterrumpidos de gobierno socialista, se olvida la más importante, la capacidad de renovar el proyecto político con nuevas propuestas. Eso significa tener la iniciativa política y la hegemonía en el debate. El PSOE  en Andalucía lo venía haciendo, en cada convocatoria electoral proponía nuevos proyectos, el  más potente fue la Segunda Modernización de Andalucía que desembocó en un nuevo Estatuto de Autonomía. Eso significaba que había que estar movilizado permanentemente, debatiendo con la sociedad, escuchando sus propuestas y confrontándolas con las propias. Todo un trabajo. El abandono de esa estrategia, junto con la confianza en que aquí se ganaba con la gorra, han sido los principales responsables del fracaso. Eso es la democracia, la culpa no es de VOX ni de los andaluces que los han votado,  es de quién ha sido incapaz de ofrecer nada atractivo para que se le vote, como antes sí se había hecho.

La derecha ha votado masívamente, sus abstencionistas se han movilizado esta vez porque la oferta era más variada que otras veces y cubría mejor los deseos de su electorado mientras que los votantes socialistas se han quedado en su casa porque no se les ha motivado.

La otra izquierda continúa en la búsqueda de sus identidades perdidas, que no ha sabido reflejar en la suma de Adelante Andalucía y también ha provocado la desmovilización de los suyos, porque tampoco han sabido motivarlos. La complejidad de sus estructuras organizativas requiere un trabajo más elaborado para movilizar a su electorado. Debería analizarse en profundidad por qué cuando se unen consiguen menos votos que cuando van separados. La razón no debe estar en la matemáticas, sino en la capacidad de formular una propuesta común en la que todos se sientan representados y en el respeto que merecen todas las opciones políticas que participan. Para conseguirlo, tal vez no sea el método asambleario el mejor procedimiento.

Lo ocurrido en Andalucía debe servir para aprender de los errores cometidos. Si no se toman medidas, asusta lo que está por venir en un futuro inmediato. Queda poco tiempo para la próxima cita electoral, pero debe ser suficiente para conseguir armar una estrategia que frene los intentos involucionistas de una derecha echada al monte y envalentonada, que ha encontrado en los valores retro un filón para desmontar los avances conseguidos en la democracia. 

Mientras tanto nosotros pagaremos el pato, y tendremos que volver a la calle cuando intenten hacer retroceder, cuando no desaparecer,  los logros alcanzados con tanta lucha y los avances sociales en materia de igualdad y bienestar. Intentarán que vuelva la figura del señorito con escopeta y perro. La reconquista.

Una nueva etapa