lunes 01.06.2020

Radicalismos

Los nuevos gobiernos municipales han sido consecuentes con lo que proponían en sus programas electorales.

A pocos días de haberse formalizado la constitución de los Ayuntamientos, los nuevos equipos de gobierno municipales salidos de las urnas del 24 M, han puesto en marcha medidas que han dado un vuelco total a lo que nos tenían acostumbrados los anteriores alcaldes del PP. Han tenido la virtud de ser consecuentes con lo que proponían en sus programas electorales, han tenido la honradez de ser fieles a la gente que les votó, por más que suene extraño que esto se haya producido cuando debería ser así siempre. Lo más relevante de esta actitud es que han dado un cambio espectacular a la imagen que se tenía hasta ahora de los cargos públicos. Veamos los cambios más significativos.

Han frenado los desahucios. Hasta ahora los Ayuntamientos se habían limitado a lamentar la situación que provocaban la crueldad de los bancos, amparados en una ley injusta. Se ha demostrado que cuando la voluntad política, apoyada por el sentir ciudadano, da un paso adelante es posible solucionar problemas que a priori parecían irresolubles, aunque no sean competencia municipal. Y se ha hecho llegando a formalizar acuerdos con las entidades bancarias, hablando y convenciendo, aunque hay algunos banqueros que no se dan por aludidos. Hay que preguntarse, si esto se podía hacer ¿por qué no se había hecho antes? Tal vez porque la afinidad de los gobernantes de la derecha estaba más con los bancos que con las personas.

Se han rebajado el sueldo. Era escandaloso lo que cobraban algunos de los anteriores alcaldes. Su sueldo se fijaba en función de la importancia de la ciudad, cuanto más grande mayor retribución. Aunque algunos ni siquiera eso, más de uno me dijo que tenían que cobrar  más que la nómina más alta del ayuntamiento, como si se tratara de una empresa donde el presidente tiene que ser el mejor remunerado. Ha habido excepciones como el nuevo alcalde del pueblo cordobés de Baena que se lo ha subido, aunque después ha renunciado a ese aumento; en todas las tribus siempre hay alguien que no se entera.

Se desplazan sin utilizar el coche oficial nada más que cuando es estrictamente necesario. El hecho de que un alcalde se desplace por sus propios medios o en transporte público debería ser lo habitual y en mis tiempos lo hacíamos, además es lo que se hace en muchos lugares de Europa.

La reducción drástica del número de asesores es otro gesto importante, simplemente porque no hacen falta. En la inmensa mayoría de los casos sirven para pagar sueldos a militantes  que hacen trabajos para el partido político y no para la institución.

Visten con sencillez, como unos ciudadanos más, no hay trajes, ni corbatas, ni vestidos de marca. Rompen con la idea de que para representar a la ciudad hay que vestir como los ejecutivos.
Son algunas de las medidas que en el corto tiempo que ha transcurrido han sonado a “revolucionarias” y las han criticado duramente los voceros de la derecha y la caverna mediática y, en cierto modo lo han sido  porque han venido a demostrar que existe otra forma de gobernar, es decir, ser auténticos representantes de la ciudadanía.

Rajoy y la cúpula del PP han descalificado al PSOE por pactar con radicales y extremistas. Habría que preguntarles qué consideran radical de lo que han hecho hasta ahora ¿Es radical procurar paliar la pobreza infantil, que ellos han provocado, habilitando los comedores escolares durante el verano? ¿Consideran radical que se intente impedir que los bancos echen a la gente a la calle porque no pueden pagar la hipoteca o el alquiler, por culpa de estar en el paro al que ellos los han arrojado? ¿Han incumplido con sus medidas la legislación vigente, o por el contrario la han respetado aunque no estén de acuerdo con algunos de sus preceptos? ¿O acaso los consideran radicales porque su imagen no concuerda con los cánones que ellos han establecido?  Radicales son las políticas que aplica el Gobierno y que han sumergido a gran parte del país en la pobreza y la desigualdad.

El acuerdo entre las fuerzas políticas progresistas se ha basado en la lógica política porque otra cosa sería muy difícil de explicar a los ciudadanos que han votado precisamente eso, la necesidad de pactar programas y apoyar a la fuerza más votada de la izquierda, en la mayoría de los casos ha sido el PSOE que continúa ejerciendo la hegemonía en la izquierda. Esto es lo que ha puesto nerviosa a la derecha y haradicalizado su discurso. Las soflamas proferidas por los altavoces mediáticos, en seguimiento de la estela trazada, principalmente, por la liberal Esperanza Aguirre, recuerda a las proferidas como preludio de la guerra civil y hasta han provocado la resurrección de los nostálgicos del franquismo. Porque efectivamente, agitar el espantajo del soviet, del marxismo, del comunismo y del bolivarismo, es un discurso extremista que aboga por la confrontación. Eso sí es ser radical y extremista. 
 

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