sábado 27/2/21

Un héroe descerebrado

hasel protestas

Llevaban un tiempo los radicales independentistas sin salir en los medios de comunicación rompiendo y quemando cosas. La verdad es que eso agota a cualquiera y se tomaron un descanso que siempre viene bien para cargar las pilas. Había también que dedicarse a hacer proselitismo para la causa  en este larguísimo periodo preelectoral y poder conseguir que se quedara patente el abrumador deseo de la ciudadanía de navegar por su cuenta y romper amarras con el centralismo. Pero parece que no han conseguido la movilización que esperaban, la mayoría de la gente no ha ido a votar. Una escasa participación del 52% y los votos  para los partidos independentistas han sido el 51%, es decir, que cuentan con el apoyo del 27% del electorado catalán. No se puede considerar un triunfo por más que, aunque no han sido los primeros,  sumen para formar un gobierno, siempre y cuando no acaben tirándose de los pelos, porque al parecer y por las pruebas que tenemos, lo que se dice llevarse bien, no se llevan. La verdad es que hay razones  para que no estén  muy contentos.

Ahora han encontrado la excusa que andaban buscando. Nada menos que pedir libertad, su tema favorito, dado que España los tiene presos y ha encarcelado a su ídolo, su héroe, un descerebrado impresentable que se dice artista, y que se ha convertido en un ejemplo de cómo los maltratan desde el reino. Y con la colaboración de otros radicales, cabreados, con sus vidas frustradas por tantas pandemias y sin un futuro que normalice sus vidas, se han tirado a la calle para hacer las cosas que suelen hacer y que llevaban un tiempo que no hacían. Una reflexión al hilo de estos acontecimientos, el mobiliario urbano que destrozan y queman lo pagan los ciudadanos, porque es de propiedad pública y los compra el Ayuntamiento con el dinero de todos. Es por aclarar las cosas.

También ha habido lío en otras ciudades fuera de Cataluña, y no es achacable a los indepen. Han sido jóvenes antisistema principalmente, también lo han hecho al grito de libertad para su héroe encarcelado. Una excusa para desahogar la frustración y la carencia de futuro, es decir, un grito contra la injusticia del sistema que le ha robado la ilusión, la esperanza y la posibilidad de normalizar sus vidas, para la que se han preparado como nunca antes lo había hecho la juventud.

El descerebrado rapero es una excusa, no representa nada más que la estulticia de un rácano de familia bien que no pasará fatigas en su vida. Lo triste es que los desfavorecidos  que luchan por sobrevivir lo tengan por héroe. Si pudieran superar su frustración por un momento y se pararan a pensar, caerían en la cuenta de que es una estupidez seguirle el rollo a semejante sujeto.  Pero los tiempos no están para pensar mucho, la rapidez con que corre la información y las consignas por las redes sociales, requiere respuestas rápidas. Movilizan los sentimientos, la razón apenas tiene espacio ni tiempo para usarla. Importa lo instantáneo y si la consigna recibida es la de movilizarse, se acude rápido porque es una ocasión para soltar los demonios que atormentan sus vidas.

La libertad por la que hay que luchar no es para que salga de la cárcel un sujeto que ha sido condenado en varias ocasiones por enaltecimiento del terrorismo, amenazas de muerte y lesionar a un periodista, entre otras lindezas. Hay que luchar por una libertad que nos permita tener un puesto de trabajo fijo que tenga una remuneración digna. Hay que luchar y manifestarse por conseguir una sociedad más igual, menos desequilibrada, más honesta, en la que los pillos no sean los triunfadores, donde la capacitación y el trabajo sean los méritos que se valoren, en la que no se menosprecie al diferente. Una sociedad libre en la que todos y todas tengan cabida por igual.

Muchos nos hemos manifestado pidiendo la libertad para presos que estaban en la cárcel por defender sus ideas de libertad y democracia, cuando no había ni una cosa ni la otra. No se pueden comparar aquellas manifestaciones con los actos violentos que se están produciendo ahora y que se pueden hacer hoy porque precisamente hay libertad, tanta que pueden destrozar una ciudad  impunemente.

No he dicho todavía que estoy radicalmente en contra de que alguien pueda ir a la cárcel por expresar sus ideas. Si esto se produce en una sociedad democrática, hay que enmendarlo rápidamente.  

Un héroe descerebrado