jueves 17.10.2019

Un acuerdo para un Gobierno progresista

Los militantes socialistas concentrados en las puertas de la sede de Ferraz se lo dijeron muy claro a Pedro Sánchez: “¡Con Rivera, no!” y “Si se puede!”

La movilización de la izquierda ha logrado que en la próxima legislatura no haya un gobierno de la derecha pura y dura y que la posibilidad de un gobierno progresista sea una realidad.

Dicho esto, y recalcando que este triunfo y el importante crecimiento de la participación debe ser un motivo de satisfacción para quienes queremos que España siga avanzando en cohesión social, solidaridad, progreso, modernización y cooperación territorial, pero sin dejarnos llevar por el triunfalismo.

La izquierda de ámbito estatal (más Compromís), solo adelanta a la derecha estatal (más la derecha navarra) en 110.000 votos, si bien en las elecciones del año 2016 la derecha sumaba 555.000 votos más que la izquierda. En otras palabras, la izquierda ha incrementado sus apoyos en 855.000 votos y la derecha tan solo en 193.000 votos. Es decir, la sociedad española políticamente hablando esta partida por la mitad, aunque todos los análisis cualitativos de las encuestas reflejan una mucha menor crispación de la gente que la que existe en los dirigentes políticos de los partidos de la derecha.  

Por otra parte, hay que subrayar el aumento de la participación en el País Vasco y en Cataluña que se ha traducido en tres fenómenos significativos. El incremento de las opciones nacionalistas, pasando de 1.585.00 votos en el año 2016 a 2.165.000 el pasado domingo, 583.000 más, que no es poca cosa.

A su vez los socialistas han crecido 90.000 votos en el País Vasco y nada menos que 401.000 en Cataluña (confirmando que las posiciones de Iceta eran arriesgadas pero acertadas).

En Cataluña, Ciudadanos ha crecido 100.000 votos, mientras el PP ha disminuido 262.000, que no han sido compensados por los 147.000 de Vox. El conjunto de las derechas centralistas pierde en Cataluña 15.000 votos en un contexto de incremento notable de la participación. En el País Vasco las derechas estatales son extraparlamentarias, perdiendo el PP 54.000 votos no compensados por los 27.000 de Vox. Ciudadanos se queda como estaban con unos insignificantes 39.000 votos.

Así pues, los errores cometidos y que se siguen cometiendo en el tratamiento del independentismo, con el paso del tiempo no logran reducir su arraigo electoral, todo lo contrario, y provocan una debacle en la derecha centralista, mientras la moderación dialogante del PSC y del PSE les esta ayudando a salir del hoyo en el que estaban metidos.

Está por ver cómo responde el PP a la hecatombe sufrida. Las limitaciones políticas de Pablo Casado y su equipo, las consecuencias de su derechización radical y el fracaso de los consejos de Aznar, son más que evidentes

Mención aparte merecen los resultados de VOX. Se han valorado como un desastre, dado que se han quedado lejos de las expectativas y espejismos que tenían. Un consuelo peligroso. Casi 2.700.000 votantes y 24 diputados de buenas a primeras, (mucho más de lo que nunca obtuvo el PCE o IU) aunque estén ausentes de varias Comunidades Autónomas, no debería infravalorarse.

Es cierto que no todos sus votantes pueden ser considerados de extrema derecha consciente y que una parte es voto de castigo al PP, hay voto del descontento social, voto antifeminista (el 70% de sus votantes son hombres), incluso puede haber antiguo voto desencantado del 15 M, etc. Pero a todos los efectos son 24 diputados y además con una notable capacidad de influencia ideológica en los otros dos partidos de la derecha. Así que nada de infravalorarlos.

Los resultados de Unidas Podemos eran previsibles y el desastre solo se ha paliado parcialmente por la remontada de Pablo Iglesias en la campaña y en los debates. La ruptura de coaliciones en Galicia y el País Valenciano, el deterioro y los bandazos en Cataluña y las crisis internas en Madrid y en otros lugares, han pasado tremenda factura. Pablo Iglesias y la dirección del partido deberían tomar buena nota y afrontar cambios profundos hacia dentro y hacia fuera.

Por último, está por ver cómo responde el PP a la hecatombe sufrida. Las limitaciones políticas de Pablo Casado y su equipo, las consecuencias de su derechización radical y el fracaso de los consejos de Aznar, son más que evidentes. Ya veremos lo que aguantan los barones del PP en esa carrera al precipicio o si optan por torcerle el brazo a Casado.

Todos estos datos nos deben llevar al electorado de izquierdas a ser muy cautos y a no confiarse, especialmente en Madrid (Comunidad Autónoma y Ayuntamiento) con una nefasta división de la izquierda. Las elecciones autonómicas, municipales y europeas tienen otras claves diferentes. Por ello hay que mantener hasta el día 26 de mayo la movilización política y a ser posible incrementarla.

¿Y ahora qué?

Los militantes socialistas concentrados en las puertas de la sede de Ferraz se lo dijeron muy claro a Pedro Sánchez: “¡Con Rivera, no!” y “Si se puede!”. Es cierto que los que allí estaban lógicamente representan a los militantes socialistas más combativos y concienciados, pero en todo caso solo el 30% de los votantes socialistas prefieren la coalición con Ciudadanos, frente a un 70% con Unidas Podemos.

La ambigüedad en la campaña de Pedro Sánchez al respecto y su insistencia en defender un gobierno monocolor con independientes de prestigio, podría ser la clave. Ni con Ciudadanos, ni con Podemos, al menos explícitamente, pero con ministros y altos cargos asumibles unos por Podemos y otros por Ciudadanos (quizás para conseguir su abstención).

Aunque en todo caso parece lógico que hasta después del 26 de mayo no haya decisiones apreciables por parte de nadie, por lo que Ciudadanos seguirá en sus trece de “nada con los socialistas” y Podemos ofreciendo su oferta de gobierno conjunto.

En mi modesta opinión, Pedro Sánchez debería buscar, en la forma que fuera más oportuna, el acuerdo de coalición con Podemos. Esto respondería a los deseos de la ciudadanía progresista, garantizaría la estabilidad de una legislatura que no va a ser nada fácil, con retos inaplazables de gran envergadura y le fortalecería para aguantar los embates de los sectores mas radicales de la derecha y de sus medios de comunicación que empezarán pronto y no serán pequeños.

Un acuerdo para un Gobierno progresista