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miércoles. 10.08.2022

Las políticas de Trump, sí se pueden parar

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La reacción frente a Trump tiene que basarse en trazar amplias, diversas y sólidas alianzas, que desde luego vayan más allá del estricto ámbito de la izquierda

Ha pasado más de una semana desde la elección de Trump. En estos días han sido frecuentes los artículos de durísimas y merecidas criticas, de incredulidad, de lamentaciones,….etc. Ha llegado el momento de hacernos la pregunta ¿es posible parar a Trump? ¿Frenar sus previsiones de actuación? ¿Obligarle a olvidar su programa y que en todo caso su política afecte lo menos posible a la ciudadanía norteamericana y al conjunto de los pueblos del mundo? 

No es una perspectiva fácil, ni rápida, pero puede llegar a ser real.

Ya las calles de Estados Unidos han protagonizado manifestaciones de protesta y también es alentador que los alcaldes de las más importantes ciudades hayan dicho que ellos no se van a prestar a operaciones contra la inmigración. Hasta equipos deportivos se han negado a alojarse en hoteles de Trump. Es un comienzo. 

Es posible que el Partido Demócrata y las numerosas y diversas instituciones y organizaciones de derechos humanos norteamericanos empiecen a salir del k.o. en el que les ha sumido la victoria de Trump y a trazar una estrategia para bloquear en la calle y en las instituciones las propuestas de Trump, incluyendo la recuperación de la mayoría en el Congreso y en Senado dentro de dos años. Pero por supuesto la respuesta no puede ser solo del pueblo norteamericano, que no olvidemos esta profundamente fracturado. 

La reacción frente a Trump tiene que basarse en trazar amplias, diversas y sólidas alianzas, que desde luego vayan mas allá del estricto ámbito de la izquierda. Es evidente que hay algunos aspectos que no van a hacer fácil ese camino: la escasa presencia activa de la ONU y de sus diversos organismos, la desaparición de hecho de la Internacional Socialista, la fragmentación de los movimientos ecologistas y de izquierdas alternativas, la crisis institucional de la Unión Europea, la caída de importantes gobiernos progresistas como el de Brasil, el ascenso de partidos de extrema derecha, o la tremenda inestabilidad en todo el norte de África y Oriente Medio. Aun y así, es posible ir articulando paulatinamente instrumentos de contención, respuesta y alternativa.

La Unión Europea, su Parlamento y la Comisión, tienen que ser conscientes de que solo una recuperación política y económica del proyecto de construcción de Europa puede hacer frente a las políticas de Trump. Si con la crisis económica, el ascenso de la extrema derecha, el brexit, el terrorismo yihadista y la avalancha de inmigrantes y refugiados, se han puesto de relieve las carencias de la Unión Europea, ahora es el momento de tomar medidas. Trump es un personaje que no atiende a razonamientos lógicos, pero sí a medidas de fuerza políticas y económicas. Y esa fuerza solo será real y efectiva si Europa habla con una sola voz, un solo proyecto y unos intereses comunes. Y la Unión Europea puede lograr apoyos de países democráticos que pueden ser claramente perjudicados por la política de Trump, como India, Brasil, Canadá, Australia, Nueva Zelanda, México, Chile, Argentina o Colombia.

Reconstruir la Unión Europea, en mi opinión, exige un amplio pacto político de la izquierda alternativa, los verdes, la socialdemocracia, los partidos de centro democrático o de raíz democristiana. Con el apoyo desde fuera de los sindicatos, de las ONGs solidarias, de los empresarios no especulativos o corruptos. Basándonos en los elementos que permitieron el desarrollo de una Europa respetuosa de los derechos humanos, de las instituciones democráticas, de la paz, con políticas de bienestar social. Volver, en las nuevas circunstancias y en el ámbito europeo, al pacto entre las clases trabajadoras y el capital nacional, que permitió a partir de 1945 impulsar la mayor época de prosperidad, justicia social, paz y democracia en nuestros países.

Pero siendo imprescindible una reconstrucción de la Unión Europea, no es suficiente para contener a Trump. Es necesario el apoyo de las Iglesias. Hay una ocasión de oro con la presencia de Francisco al frente de la Iglesia Católica, con su apuesta por una moderada pero clara renovación, por una apuesta por los derechos sociales, por la ecología, por la dignidad de los pobres, emigrantes y refugiados. Con los condicionantes que supone su cargo, el Papa no es el Che Guevara ni siquiera un teólogo de la liberación, Francisco puede ser un freno a las políticas de Trump y un estimulo para los católicos norteamericanos. Y en otros planos quizás menos decisivos, pero no despreciables, están los representantes de las Iglesias protestantes, portavoces del islamismo moderado y no fundamentalista e incluso sectores progresistas judíos.

En tercer lugar el movimiento sindical internacional, a pesar de su compleja composición y funcionamiento y en definitiva su limitada capacidad de actuación, sin embargo tiene igualmente que volcarse en frenar las propuestas de agresión a los derechos sociales que propugna Trump y en especial contribuir a un rechazo de la clase trabajadora norteamericana a la demagogia de Trump. Es una gran ocasión para sacar de su relativo letargo a la Confederación Sindical Internacional.

En cuarto lugar ha llegado el momento de que los movimientos ecologistas y medioambientales superen sus divisiones, su a menudo inoperante apoliticismo, relancen los objetivos de conservación del planeta y se movilicen para defender los acuerdos de la Cumbre de Paris, tan duramente amenazados por Trump. 

Las organizaciones feministas y las organizaciones de LGTBI, son conscientes de los retrocesos en derechos y libertades que puede suponer el gobierno de Trump. Pudieron sentirse insatisfechas en Estados Unidos y en el resto del mundo, por la tibieza de las propuestas de Hillary Clinton, pero eso es agua pasada, ahora hay que movilizarse y sumarse a los demás movimientos. Trump y su equipo querría devolvernos al siglo XIX, a la discriminación de la mujer, a la persecución de la población LGTBI y tenemos y podemos impedirlo. 

Por su parte la socialdemocracia debe comprender que esta en juego su supervivencia. Los gobiernos de la Tatcher rompieron por la mitad las mejores tradiciones del laborismo, dieron paso al socialiberalismo de Blair y promovieron la decadencia de los partidos socialistas en Europa. Trump puede ser la puntilla para el socialismo democrático en todo el mundo. La Internacional Socialista tiene un enemigo de referencia, al que sí planta cara con decisión, puede ayudar a que levante cabeza.       

Por ultimo están los que podríamos identificar con el mundo de la ciencia, la cultura e incluso el deporte. Trump representa la vuelta al oscurantismo, a la vulgaridad, a la anticultura, basta con oírle un poco. Desde los estudios cinematográficos de Hollywood a los músicos de hiphop, desde Bruce Springsteen o Madonna, desde The Rolling Stones a Susan Sarandon….la critica inteligente, accesible, popular y el rechazo razonado de Trump debe llegar a las pantallas, a los escenarios, a los estadios, a las librerías y bibliotecas, a las giras y conciertos, a las redes sociales. 

En definitiva somos una inmensa mayoría los que no queremos las políticas de Trump; se trata de ponernos en marcha, de confluir y al igual que hace ocho años se consiguió el SI SE PUEDE que llevo al primer presidente de color a la Casa Blanca, en los próximos tiempos debemos articular una gran alianza política y social que se marque como objetivo que SI SE PUEDEN PARAR LAS POLITICAS DE TRUMP. No es nada fácil, pero no hay otro camino. 

Las políticas de Trump, sí se pueden parar