domingo 29.03.2020

Podemos e IU: un pacto necesario

Los pactos electorales suelen ser de conveniencia, pero además casi siempre son convenientes. Ya lo dice ese viejo refrán de que la unión hace la fuerza.

Para alguien que entró en el PCE en 1970, es duro reconocer que a IU ya hace tiempo que se le había pasado la oportunidad de influir en la política de nuestro país

Los pactos electorales suelen ser de conveniencia, pero además casi siempre son convenientes. Ya lo dice ese viejo refrán de que la unión hace la fuerza.

Aun desconociendo la letra pequeña del pacto, el acuerdo alcanzado por PODEMOS e IU me parece una buena noticia (como en su momento me lo pareció el acuerdo PSOE-Ciudadanos, siendo por supuesto de características muy distintas).

Para alguien que entró en el PCE en 1970, es duro reconocer que a IU ya hace tiempo que se le había pasado la oportunidad de influir en la política de nuestro país. Con muy decreciente influencia en el sindicalismo de clase, sin apenas presencia en las ONGs de solidaridad, desbordada, salvo contadas excepciones, por la innovación de las mareas, sin interlocución con el cristianismo progresista, sin lograr conectar con los jóvenes y encima cuarteados entre varias “familias”…, IU hoy es una historia cargada de luchas, de buen trabajo institucional, de cuadros valiosísimos, pero pasado al fin y al cabo.

No podemos seguir mirando hacia atrás pensando en lo que fuimos, lo que peleamos y lo injusta que ha sido la sociedad española por no reconocer nuestro importante dedicación. El riesgo de convertirnos en estatuas de sal, como la mujer de Lot, es una realidad. Si por algo dejé las organizaciones izquierdistas de mi juventud universitaria y me hice comunista, fue porque aprendí de Carrillo y también de Marcelino Camacho, que había que estar donde estaban las clases populares y hoy no están con nosotros o lo están en una medida ínfima.

Se nos pasó la oportunidad porque no supimos ver los cambios que se estaban produciendo a nuestro alrededor y sería demencial perder el último tren que ha aparecido. Sinceramente yo hubiera sido partidario de haber pactado una confluencia organizativa de IU en PODEMOS, ordenada, digna y con consecuencias políticas de fondo y no solo repartos de presencia en los órganos de dirección, pero esta vía levantaba demasiadas suspicacias entre buena parte de la militancia de IU y lo respeto y por ello no he dado el paso individual.

En todo caso, si pudiera votar en el referéndum interno, (y no lo puedo hacer porque Garzón y la actual dirección de IU cometió el error y el desafuero de echar a toda la organización de Madrid, pensáramos lo que pensáramos), votaría afirmativamente al acuerdo. No comparto muchas posiciones de Garzón y en bastantes temas estoy mucho más cerca de Teresa Aranguren, Gaspar Llamazares o Paloma López, pero en esta cuestión creo que [email protected] compañ[email protected], a quienes respeto muchísimo, se equivocan.

Es cierto que la gestión de este pacto no va a ser nada fácil, ni durante la campaña ni después de las elecciones, pero en definitiva creo que este acuerdo electoral es positivo para la izquierda alternativa, puede contribuir a consolidar las posiciones de izquierda en PODEMOS y puede tener positiva influencia para cambiar la correlación de fuerzas parlamentaria y para evitar la abstención progresista el 26 de junio. No hay más que ver como están reaccionando el resto de las fuerzas políticas.

Y lo están haciendo de la forma mas rancia y trasnochada que uno imaginarse pueda, agitando el fantasma del comunismo. Que lo haga el PP, esta dentro de la lógica de la vieja guardia corrupta que domina ese partido. Menos comprensible es que también lo hagan los dirigentes de Ciudadanos, que quieren convertirse en un centro derecha moderno, algo muy necesario y que yo he defendido y defenderé. Y desde luego resulta insoportable e indignante escuchárselo a dirigentes socialistas.

Hay una persistente tendencia en sectores socialistas de agitar el anticomunismo en cuanto ven problemas a su izquierda. Olvidan varias cosas al respecto. En primer término que los comunistas en España, que es de lo que se trata, a pesar de nuestros errores, hemos contribuido de manera muy destacada a la lucha por la libertad y a consolidar el estado democrático. Yo no juzgo al PSOE por las malas amistades de Felipe González (de las que nos acaba de dar una buena prueba), ni por políticos con adscripción socialista como Boyer, Solchaga, Corcuera o Roldan y nunca haré antisocialismo, todo lo contrario, considero y consideraré que sin el PSOE no hay posibilidades de progreso en España.

En segundo lugar, me parece cínico atacar con el burdo anticomunismo a una coalición electoral con la que inevitablemente el PSOE va a tener que contar si quieren llegar a gobernar. Y en tercer lugar, esos dirigentes socialistas deslenguados deberían recordar que en sus filas están miles de antiguos comunistas, algunos en puestos de responsabilidad, que habrán roto políticamente con las políticas del PCE o de IU, pero que en su inmensísima mayoría no han abjurado de su pasado comunista. Por supuesto que los socialistas tienen plena legitimidad para criticar los contenidos programáticos del acuerdo y también el propio hecho del pacto, pero es exigible otro tipo de argumentos. 

En este mes y medio vamos a asistir a numerosos y muy variados ataques a la nueva coalición electoral, que habrá que aguantar, evitando el “y tú más” y generando ilusión y movilización electoral.

Podemos e IU: un pacto necesario