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viernes. 09.12.2022

¿Qué pasa en Podemos?

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No podemos pedir ni esperar que un proyecto político tan nuevo, tan complejo y diverso se consolide y funcione como un reloj en 2 o 3 años. Seria irreal. PODEMOS necesita tiempo para ir fraguando esa amalgama y cuando digo tiempo, digo años

En las ultimas semanas los medios de comunicación han prestado mucho más atención a los conflictos internos de PODEMOS que a sus iniciativas y posicionamientos políticos, motivos no han faltado. En algún momento pudiera parecer que este partido esta abocado a una crisis general con resultados imprevisibles.

¿Qué pasa en PODEMOS?

Lo primero que hay que tener en cuenta para hacer un análisis riguroso de su situación, es que estamos ante un proyecto político sin  ningún antecedente en la historia de nuestro país y pocos en la historia de las democracias. Los partidos que podríamos denominar tradicionales experimentaron un proceso de conformación a partir de una identidad ideológica común muy definida, que marcaba sus contornos y daba una cierta solidez a su funcionamiento: los socialistas, los comunistas, las diversas expresiones de la derecha, los nacionalistas, etc. Nada de eso ha ocurrido en el nacimiento de PODEMOS.

Este jovencísimo partido se ha ido gestando a partir de un núcleo reducido de politólogos, activistas sociales y antiguos militantes de la izquierda alternativa; estimulados por la experiencia del 15-M y las mareas de los años 2012 y 2013 y con una única, aunque importante argamasa política: su nítida oposición al actual stablishment político (la casta) y su identificación genérica con los derechos sociales de la ciudadanía.

Como es conocido rápidamente se fueron sumando muchísimas personas, unas desencantadas con la izquierda tradicional, incluida IU, y otras ilusionadas ante un movimiento joven e innovador. Entre los miles y miles de hombres y mujeres que se unieron a PODEMOS, con diversos niveles de compromiso y actividad, había exmilitantes de IU y del PCE, del PSOE, de Equo, del nacionalismo de izquierdas, anarquistas, trotskistas, ecologistas, izquierdistas de diversa procedencia, activistas sociales sin clara adscripción ideológica y otra muchísima gente sin previa militancia política o social, incluso personas que podríamos considerar situadas en el centro del espectro político, hartas de la corrupción de los partidos de la derecha.

Con una base de afiliados o simpatizantes tan plural, es prácticamente imposible en un breve espacio de 2-3 años lograr una cierta cohesión política y menos aun ideológica. En las reuniones en las que he participado, que en principio son de personas con un nivel intelectual y socioeconómico medio-alto, he escuchado todo tipo de argumentos, desde posiciones socialdemócratas hasta anarquistas, desde ecologistas a anticomunistas, pasando por una gama muy amplia.

Todo ello hace extremadamente difícil caminar unidos en una sola dirección, al menos en el corto plazo. Y así en cuanto PODEMOS ha entrado en la arena política municipal, autonómica y sobre todo estatal, han comenzado a surgir notables diferencias ante las cuestiones políticas que iban surgiendo. Lo que esta ocurriendo en los principales ayuntamientos con presencia de PODEMOS es elocuente: cuesta poner de acuerdo a los propios, para ir después a confrontar o negociar con la oposición, lo que sin duda ralentiza bastante la capacidad de actuación de los equipos gobernantes.

No acaban aquí las dificultades. Buena parte de PODEMOS no es exactamente PODEMOS, sino aliados de las Comunidades Autónomas con fuerte arraigo del nacionalismo; aliados que a su vez tampoco son homogéneos.

Que duda cabe que la diversidad y pluralidad ideológica y política es un gran valor para un partido innovador como es PODEMOS y es buena cuidarla, pero no es fácil y requiere una gran capacidad de respeto y consenso internos. En este sentido hay un aspecto en el partido que me gustaría resaltar, porque creo que no facilita las cosas. Una parte de la base de PODEMOS son activistas poco dados a la transacción, a la negociación. Luchadores del todo o nada, que no han desarrollado una cultura del pacto con el oponente. Y esa actitud, que podríamos calificar como intransigente, se reproduce también en la vida interna del partido. A menudo algunos y algunas me dejan sorprendido por la dureza de sus criticas a los que en el interno no piensan como ello;  me recuerdan a los peores momentos que viví en 1981 en la nefasta crisis del PCE que acabó destrozando este gran partido por la intolerancia que tuvimos unos con otros.

Y hay una última cuestión a tener en cuenta. La comunicación política interna en PODEMOS es intensísima, pero muy condicionada al funcionamiento en redes, twitters, telegram, wasap, etc. con lo que ello supone de condensar mensajes, de no desarrollar las ideas, de saltarse los matices e ir a la brocha gorda. Inevitablemente estos procedimientos, que tienen la virtud de la agilidad, transversalidad, participación, etc., en situaciones de conflicto interno no facilitan el acercamiento sino todo lo contrario.

Por tanto, no podemos pedir ni esperar que un proyecto político tan nuevo, tan complejo y diverso se consolide y funcione como un reloj en 2 o 3 años. Seria irreal. PODEMOS necesita tiempo para ir fraguando esa amalgama y cuando digo tiempo, digo años.

A partir de esta realidad lograremos entender mejor las tensiones internas del partido que son de índole política y también organizativa y que van más de allá de esa simplificación de estar ante sectores mas moderados o menos, mas o menos proclives a pactar con los socialistas o, en lo que se refiere al modelo organizativo, quienes son mas favorables hacia un tipo mas vertical, en la tradición comunista o socialista, y quienes prefieren un partido mas horizontal y descentralizado.

Lo que es indudable es que hay notables diferencias que atraviesan toda la organización y no solo la cúspide dirigente, que han ido surgiendo paulatinamente en la medida en que ha habido que pronunciarse o actuar en las instituciones políticas. Diferencias que aunque en la organización de Madrid son mucho más visibles, también afectan a las demás organizaciones territoriales. Y era previsible que en cuanto PODEMOS se implicase en políticas concretas, iba a perder afiliados o simpatizantes, para entendernos, por su derecha y por su izquierda.

La posición ante la propuesta de investidura de Pedro Sánchez, las negociaciones con los socialistas tras el 26 de junio para intentar formar un gobierno de progreso, los amagos de dejar caer al PSOE en algunas Comunidades Autónomas en que gobiernan con los votos de PODEMOS, las divergencias en algunos Ayuntamientos del cambio, el tipo de relaciones a mantener con IU, determinadas gesticulaciones en el Congreso de los Diputados, los discursos sobre la relación trabajo institucional y acción movilizadora…etc. han puesto de manifiesto distintas posiciones, que se han sintetizando en Iñigo Errejón por un lado y Pablo Iglesias por otro, con el respaldo interesado a este por parte de la minoría “Anticapitalista”.

En el terreno organizativo lo que más llama la atención es la apuesta entre un modelo muy presidencialista, con formulas electorales para elegir la dirección muy sesgadas hacia el sistema mayoritario y un modelo mas horizontal, de mayor distribución de poderes internos y con un sistema electoral estrictamente proporcional, que es lo que defiende Errejón.

¿Estas diferencias son irreversibles? ¿inasumible? ¿insuperables? En mi opinión, no tendrían que serlo, pero pueden llegar a serlo y cada día estamos más en el camino de que lo sean. Desde el insólito cese del Secretario de Organización estatal, Sergio Pascual, por decisión personal de Pablo Iglesias (algo que, como ya escribí hace meses, jamás se le hubiera ocurrido al tan criticado Santiago Carrillo), hasta el sistemático goteo de depuraciones políticas que se esta produciendo del sector identificado como “errejonista” desde la llegada a la Secretaria de Organización de Pablo Echenique, que ha terminado, por el momento, con la depuración política del portavoz parlamentario de Madrid, José Manuel López, persona de prestigio en el campo de la acción social y con un buen trabajo en la Asamblea de Madrid.

Parece vislumbrarse una estrategia por parte de Pablo Iglesias de llegar a la Asamblea Congresual conocida como “Vista Alegre II”, con la mejor correlación de fuerzas posible para él y sus partidarios, máxime teniendo en cuenta lo muy ajustado de su victoria en el referéndum sobre el sistema organizativo para  la citada Asamblea.

Estas diferencias políticas y organizativas, que si hubiera voluntad de negociación y acuerdo podrían acortarse, están contando con la insistente vocación de agitar las aguas por parte del antiguo dirigente Juan Carlos Monedero, que viendo los toros desde la barrera no para de echar leña al fuego, siempre en la misma dirección, contra Errejón.

Como he indicado las tensiones en la base son crecientes, ya hay un cuestionamiento abierto del propio Pablo Iglesias por parte de muchos seguidores de Errejón y viceversa, una animadversión hacia Errejón por los seguidores de Iglesias. Y por experiencia sé que estas heridas son difíciles de cicatrizar. Mientras tanto son miles los que están abandonando la organización, desilusionados o confusos, como bien demuestra la limitada participación en el ultimo referéndum y como se esta constatando día a día en las reuniones de bastantes círculos de base.

Desconozco si será posible una negociación entre las dos grandes corrientes que existen en PODEMOS, que evite la ruptura o la explosión del partido. Sería necesario, mas aun, sería imprescindible.

Nos estamos jugando el futuro de una opción política renovadora, creativa, progresista, atractiva para los jóvenes, aglutinadora de mucha ilusión y esperanza, valladar del crecimiento de la extrema derecha, aliciente para la recuperación del PSOE y la posibilidad de gobiernos de progreso. Si PODEMOS se destruye o se rompe, tendremos gobiernos de la derecha por mucho tiempo.

Estamos a tiempo de evitarlo. 

¿Qué pasa en Podemos?