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miércoles. 10.08.2022

Obama, Hillary, Trump (y nosotros)

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Falta ya muy poco para que el pueblo norteamericano tome una decisión de gran trascendencia para ellos y también para nosotros.

Lo que estamos viviendo en las últimas semanas a mucha gente puede resultarle sorprendente: la posibilidad de que gane la presidencia de la primera potencia económica, política, cultural y militar del mundo un personaje como Trump. Al principio parecía una broma macabra, pero no lo es. Y eso que el Partido Republicano ha conseguido llegar a la presidencia de Estados Unidos con candidatos tan increíbles como Richard Nixon, Gerald Ford, los Bush o Ronald Reagan. Trump los deja muy atrás.

¿Cómo es posible?

La izquierda europea tendemos con demasiada frecuencia a demonizar sin más a todo lo que significa Norteamérica, de ahí a llegar a la conclusión de que es normal que un país así elija a Trump hay un paso.

Lo he escrito otras veces e insisto: la sociedad norteamericana es muy diversa y muy compleja. Norteamérica es Einstein, Pete Seeger, Chaplin, Faulkner, Bogart, Eleanor Roosevelt, Dylan, Dashiell Hammett y Lillian Hellman, Leonard Bernstein, Edward Hopper, Andy Warhol, Susan Sarandon, Billie Holiday, Joe Hill, Angela Davis, los “Diez de Hollywood” o la “Brigada Lincoln” y un larguísimo etc. que ocuparía paginas y paginas. Por cierto muchos de ellos de procedencia judía. 

Como norteamericanos son los millones de personas que han luchado y luchan por los derechos civiles, contra la discriminación de los inmigrantes, la protección del medio ambiente o las sucesivas intervenciones militares de carácter imperialista o se movilizaron contra el nazismo. Un pais que ha tenido y tiene a miles de jóvenes realizando tareas solidarias y humanitarias por numerosos países del Tercer Mundo.

Una sociedad que ha sido capaz de acoger y de integrar (es cierto que con tensiones y evidentes problemas) a decenas y decenas de millones de extranjeros, irlandeses, italianos, irlandeses, polacos, chinos, latinoamericanos, judíos centroeuropeos…etc. Y que ha llevado a la presidencia de la republica a una personalidad como Barak Obama.

Y esta el “lado oscuro”, igualmente con un gran protagonismo y con fortísimas raíces, muchas de ellas ligadas a la dura y violenta historia de la configuración del estado norteamericano. Una sociedad en la que no olvidemos el canto al individualismo ha estado y esta siempre muy presente, ligado con frecuencia a una desconfianza hacia el papel de lo público y a la “autodefensa”. Y una sociedad en la que las religiones, varias de ellas de carácter muy sectario y ultraconservador, están profundamente arraigadas y ejercen una intensa influencia, no tanto en los poderes públicos (como puede suceder en otras latitudes) sino en la vida cotidiana de la gente y en su configuración ideológica y por tanto en su decisión de voto. 

En esa sociedad tan dual, tan fracturada, tanta cabida tiene Obama como Trump. 

La desgracia del Partido Demócrata es que no han logrado otra candidatura de la talla de Obama para frenar a Trump. 

Hillary Clinton sin duda es un personaje de respetable fuerza y experiencia política, seguramente  mucho mas que su marido. Pero para la ciudadanía del “profundo sur”, representa a los sectores del Este,  urbanos, universitarios, cultos, feministas, algo elitistas, que pueden resultar y resultan altaneros para el común de muchas gentes trabajadoras, agricultores, pequeños comerciantes, etc. de escasa formación, con miedo a los cambios tecnológicos, con inseguridad ante la inmigración, con prejuicios religiosos ante las transformaciones sociales. 

Si Hillary triunfa será un nuevo avance del “alma progresista” de Norteamérica; tras la minoría negra, la mayoría de mujeres.Tiene capacidad para ser una buena presidenta, en los márgenes y condiciones en los que naturalmente se mueve la política, interna y externa de Norteamérica. Es moderadamente progresista en materia de derechos civiles y sociales, no es militarista y por supuesto no desandará los cambios de Obama. Aunque desde luego no es de izquierdas. 

Hay quien dice que la victoria de Trump no es tan alarmante, porque una vez en la Casa Blanca moderará sus ideas de extremismo fanático y el establishment le obligará a ser razonable. Mejor no arriesgarse a comprobar esa ingenua hipótesis.

Por ultimo una consideración sobre Obama. Hay quien creía que Obama era una especie de Che Guevara afroamericano y ahora se siente decepcionado. Obama ha sido el mejor presidente de Estados Unidos después de Franklin D. Roosevelt. La sociedad norteamericana  y nosotros, le recordaremos por las reformas que hizo, por las medidas de política internacional que impulsó y también por lo que impidió o por lo que no hizo (p.e. mas invasiones militares). Es cierto que no logró algunos de sus objetivos, entre los mas simbólicos el cierre de la cárcel de Guantánamo, pero tampoco podemos olvidar que tuvo en contra de manera activa al Congreso y al Senado y en la sociedad norteamericana, aunque nos resulte sorprendente, funciona relativamente bien la separación de poderes, que en este caso ha perjudicado notablemente a Obama.

Esperemos que triunfe el “lado bueno” de Norteamérica y el miércoles sea presidenta Hillary Clinton.  

Obama, Hillary, Trump (y nosotros)