martes 22.10.2019

Ni entendemos ni compartimos

Lema15mHace años en las movilizaciones del “15-M” se veían de forma reiterada dos pancartas que decían “que no nos representan” y “que se vayan todos”. Nunca compartí esas dos expresiones, de reminiscencias anarquistas porque las consideraba injustas y despreciativas de las instituciones democráticas, que tanto nos habían costado conseguir.

Tras el debate de investidura, me han dado muchas ganas de gritar aquellas frases, aunque no todos los que han intervenido se merecen ese rechazo y de forma muy singular Joan Baldoví de “Compromís” (como siempre), Aitor Esteban del PNV (también como siempre) y Gabriel Rufián de ERC. Y tiene narices que hayan sido precisamente 3 portavoces de fuerzas nacionalistas quienes hayan exhibido cordura. Igual que hay que lamentar que la posición mucho más política y razonable de Alberto Garzón de IU llegara tarde y ya con muy débil repercusión.

Lo escribí en el anterior articulo (“La casa por el tejado”). Estaba cantado que la estrategia negociadora de Pedro Sánchez y Pablo Iglesias de hablar de composición del gobierno antes que de programa de gobierno era equivocada, como ha quedado demostrado. Además, era totalmente incompatible con las prácticas y objetivos de progreso político, económico y social de la izquierda.

La actitud de ambos dirigentes, incluidas sus rectificaciones, maniobras, piruetas y descalificaciones, tenían todos los números para terminar en fracaso.

La izquierda y todas las personas progresistas de nuestro país hemos asistido entre incrédulos, doloridos y horrorizados a lo sucedido en las últimas semanas. Hasta el PNV y ERC pidieron cordura y acuerdo, más aún tras escuchar la intervención del dirigente de Vox, Santiago Abascal.

Pedro Sánchez ha confiado, no sabemos si aconsejado por su asesor áulico, en los órdagos que en el pasado realizó en su carrera política en el PSOE, sin comprender lo que debe ser el abc de una negociación entre fuerzas distintas. Pablo Iglesias, olvidando las tradiciones de la izquierda alternativa, se ha centrado en los puestos en el Consejo de Ministros antes que en los contenidos del pacto de gobierno y con su retirada (que le honra) rectificó ya demasiado tarde.

La actitud de ambos dirigentes, incluidas sus rectificaciones, maniobras, piruetas y descalificaciones, tenían todos los números para terminar en fracaso

La ultima propuesta de Pedro Sánchez, que debería haberse hecho el mismo día que Pablo Iglesias dio el paso atrás, era sustancial, aunque no decisiva. Una vicepresidencia y tres Ministerios, es cierto que, de segundo nivel, pero sin duda de clara visibilidad y repercusión para las clases trabajadoras, para los jóvenes, para las personas en situación de exclusión, para los inmigrantes, para las mujeres…podía haber dado mucho juego a las y los ministros de Podemos.

Además, era una vía de entrada en el gobierno para la izquierda alternativa, algo inédito en la historia de nuestra democracia. Un paso adelante que seguramente se hubiera ampliado y reforzado a la vuelta de uno o dos años a partir del buen funcionamiento de ese gobierno de coalición. Que Irene Montero hubiera sido vicepresidenta social era un reconocimiento de enorme simbolismo político.

Pero las desafortunadas declaraciones de Pedro Sánchez y de otros dirigentes socialistas y las diversas filtraciones, unidas a los resultados inequívocos del prematuro referéndum entre las bases de Podemos (cuyo resultado estaba más que cantado), hacían muy difícil una serena negociación.

Pedro Sánchez y Pablo Iglesias confiaban en torcer el brazo al otro y les ha salido mal la jugada. Repito de nuevo que estos políticos necesitan un buen reciclaje en los sindicatos de clase y que se pasen una temporada negociando convenios.

Estoy seguro que la mayoría de la izquierda española ni entiende ni comparte lo que han hecho aquellos a quienes habían votado. Y posiblemente bastantes dejaran de ir a votar, si por fin hay elecciones en noviembre. Por supuesto mucha gente estará pensando ahora mismo que vaya izquierda que tenemos, que ni siquiera es capaz de ponerse de acuerdo.

¿Y ahora qué? El país parado, la clase política y las instituciones parlamentarias un poco más deterioradas, los dos líderes de la izquierda desprestigiados y Pablo Casado aprendiendo de sus errores con la vista puesta en las elecciones de noviembre.

Va a ser muy pero que muy difícil, que nos vuelvan a convencer para meter en las urnas las papeletas de esta izquierda incapaz.

Ni entendemos ni compartimos